El evangelista Marcos ve cumplidas las palabras del Profeta Isaías en la persona de Juan "el Bautista", quien anuncia la llegada de la Nueva Alianza: una invitación a transitar esta vida allanando los obstáculos que nos impiden elevarnos y vivir en gracia.
La lectura del evangelio en la misa para este segundo domingo de Adviento, período que nos prepara para la Navidad, corresponde a San Marcos, Capítulo 1, versículos del 1 al 8: "Comienzo de la Buena Noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios. Como está escrito en el libro del profeta Isaías: ´Mira, yo envío a mi mensajero delante de ti para prepararte el camino. Una voz grita en el desierto: ´Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos´, así se presentó Juan el Bautista en el desierto, proclamando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. Toda la gente de Judea y todos los habitantes de Jerusalén acudían a él, y se hacían bautizar en las aguas del Jordán, confesando sus pecados. Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo: ´Detrás de mí vendrá el que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo".
"Nuestro tránsito en la Fe -dice el Padre Rufino Giménez- siempre será activo, nos involucra, porque somos responsables de nuestras acciones. Siempre será tiempo de convertirnos a la novedad que predicaba el Bautista en el desierto, y a la vez, tiempo para ser la voz que clama la conversión del corazón. ¿Cuál es el sentido de confesar nuestros pecados? Básicamente, identificar lo que hicimos mal y crecer espiritualmente. Arrepentirnos, despertar de nuestros adormecimientos e insensibilidades. Tomar el pico y la pala, allanar el camino. Siempre estamos a tiempo para servir y ser las manos de Jesús que sanan, consuelan y reparten el pan".
Juan "el Bautista" es hijo de Isabel, quien es descendiente de Moisés y prima de la virgen María. Isabel ya era una mujer mayor y sin esperanzas de tener descendencia (lo cual era una humillación en ese entonces) cuando quedó embarazada. Es ella quien, llena del Espíritu Santo, pronuncia las palabras "Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre", cuando María la visita en su casa, también encinta. Es decir, Juan y Jesús son contemporáneos.
"Juan es el precursor de Jesús. Su llamado es a convertirse para poder recibirlo plenamente. Esto no presume que somos pecadores acérrimos y siempre estamos en deuda Dios, con nosotros mismos, o contra el prójimo. Convertirse supone mantener la ropa limpia, tener la mente y el corazón lo más abiertos posible, para ser permeables al mensaje de La Palabra, entender y discernir si estamos en sintonía con el mensaje de Jesús quien nos dice: ´Yo soy el camino´. Si bien primordialmente se trata de un camino a recorrer de forma individual en nuestro interior, es mucho más fácil realizarlo en comunión con los demás: si ese otro, mi hermano, mi hermana, también está en el plan de seguir al Señor, nuestro recorrido será más aliviado. Más allá de las piedras y desvíos que encontremos en el camino, esos obstáculos serán más fáciles de sortear y corregir si quienes nos acompañan están en la misma sintonía", dice el Párroco de Nuestra Señora del Carmen y hace una analogía con la pandemia que nos toca transitar: "Ya lo decía Aristóteles: el hombre es un animal social. Hoy como pocas veces, por la pandemia, valoramos y añoramos el contacto con el otro. Lo singular de esta experiencia es que tomamos conciencia de una verdad que atraviesa el evangelio: cuidándome a mí, también cuidaré al otro, y viceversa. Es la solidaridad en su estado más básico. Si respetamos los protocolos, es decir si allanamos el camino, a todos nos irá mejor en términos individuales, y colectivos. Esta pandemia también nos interpela en nuestros estados de ánimo. La conversión pide alegría, la alegría que nos viene por la Fe en el Señor quien va a nacer y viene a salvarnos.
El Padre Rufino apela también a la primera lectura del día, que corresponde al Antiguo Testamento, sobre el libro del profeta Isaías: "En el desierto prepárenle un camino al Señor; allanen en la estepa una calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale. Se revelará la gloria del Señor, y la verán todos los hombres juntos -ha hablado la boca del Señor-"cita, y concluye con una sonrisa: ¡Ahí está el caracú del tema!
"Más allá de las piedras y desvíos que encontremos en el camino, esos obstáculos serán más fáciles de sortear y corregir si quienes nos acompañan están en la misma sintonía", dice el Párroco de Nuestra Señora del Carmen.



