La cuestión de las centralidades urbanas es un tema que preocupa en general a todos los analistas urbanos.
El análisis de las centralidades territoriales de Capitales del mundo como el caso de Londres, París o Madrid, se basa en la cuestión de esa fuerza de atracción que las ciudades generan por el nivel de especialización de servicios. Esto dio lugar a un concepto que se define como el efecto aspirador de la renta ya que muchos de los generados en la periferia se invierten en la capital central.
El fuerte magnetismo de las ciudades centrales es un denominador común en el mundo moderno. Por la cantidad de servicios, por la provisión de comercios especializados, o por las oportunidades de Educación superior que se fundan en la escala de la población a servir. Sea cual fuere el ángulo del análisis la realidad es que la atracción de los centros se da en todos los casos y en distintas circunstancias.
Hace unos cuantos años Cristopher Alexander, un urbanista americano que hizo algunos estudios en Latinoamérica, formuló una teoría de puntos nodales estableciendo patrones de centralidades en el territorio. Esas centralidades tenían distintas relaciones de magnitud. No es mi intención ahondar en este estudio, pero si quiero tomar un concepto que siempre me quedó rondando y que se puede visualizar fácilmente en nuestra realidad.
Los barrios periféricos construyen sus centralidades cotidianas en torno a las colectoras porque ese es el punto focal de paso de la mayor escala de consumidores potenciales. Pero en todos los casos dependen de cierto nivel de especialización que se da en el centro de la ciudad. Quiero tomar este concepto desde el punto de vista del efecto aspiradora de la renta. En todo caso la relación centro/barrio es una relación de equilibrio interno, ya que la renta se distribuye dentro de la misma comunidad. Sin embargo y tomando como base el concepto de Alexander y los puntos nodales que desequilibran esa ecuación, me interesa revisar nuestro desarrollo territorial en la zona de la Ruta 4.
Desde hace años el fenómeno de la extraurbanidad ha ganado adeptos, y las migraciones urbanas han permitido el crecimiento de polos de atracción organizados como satélites de las ciudades centrales. En ese caso debiéramos ver que la suma de urbanizaciones que se genera en torno a la citada ruta, tiene que ver con una atracción extra urbana coherente con este criterio, ligado a la relación de la vivienda con un entorno natural o la distancia como barrera entre los sectores productivos y los sectores habitacionales.
Las urbanizaciones por sí son los principales núcleos generadores de demanda de servicios. El corredor Ruta 4 tiene un inicio y un fin claramente definidos en dos partidos diferentes. Desde el cruce de Río Luján hasta Cardales. Y aquí aparece evidenciado el efecto aspirador de la renta del cual hacen mención los estudios urbanísticos que cité anteriormente. El desarrollo extraurbano tiene la mayor concentración habitacional en la zona de Campana donde de hecho discurre el mayor trayecto de la ruta. Y la mayor concentración de servicios se desarrolla en la localidad de Cardales que resulta en este caso la aspiradora de la renta. Dicho en criollo lo que se genera en el sector Campana se gasta en el sector Exaltación de la Cruz.
En Europa esta situación se mide con lo que se conoce como el Índice Regional de Competitividad. (IRC) que evalúa con más de setenta indicadores la capacidad de una región para ofrecer un entorno atractivo y sostenible para que los residentes vivan y trabajen o se movilicen y consuman. Por supuesto que ese índice siempre registra su mayor nivel en las capitales o en los centros distritales. Muchas políticas públicas convergen a favorecer esta cuestión y la mayor de las veces tiene que ver con las inversiones centrales que movilizadas por un círculo virtuoso se concentran en los centros nodales porque son el lugar de mayor atracción de las periferias. Y otras veces esas situaciones están amparadas en la legislación que en algunos casos resulta un freno para la distribución homogénea en el territorio limitando las oportunidades competitivas y favoreciendo accesoriamente esa fuga de renta objetiva.
Hay un estudio muy interesante del Índice de Competitividad Regional realizado en Perú, y digo interesante precisamente porque se trata de un estudio latinoamericano, que si bien tiene realidades territoriales diferentes a las nuestras es un caso de carácter más cercano que el de los estudios de las grandes capitales europeas. Ese estudio se centra en los indicadores de Institucionalidad, Legislación, Comercio, Economía, Trabajo, Educación, Accesibilidad, Salud y Calidad de la vivienda. Sobre la base de estos indicadores se construye una matriz de valorización de los distintos ítems y se genera una escala de resultados que permite ver los desequilibrios más significativos. Creo que por ese lado tenemos en principio una base de análisis para cuantificar nuestros desequilibrios y repensar nuestra planificación extraurbana.
Arq. Jorge Bader - Matrícula CAPBA 4015



