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» Este artículo corresponde a la Edición del sábado, 21/nov/2020 de La Auténtica Defensa.

La palabra mágica
Por Lic. Ana Julia Cesari







Ana Julia Cesari. Foto: Linkedin

Ser grupo de riesgo supone, en este contexto de pandemia, el horror a la ineludible muerte acechando; pertenecer a él muchas veces hace vivir el presente como el único futuro posible.

Los mayores de 60 son en su mayoría abuelos y según nos cuentan, el blanco del virus que nos afecta. Transcurren este devenir con innumerables pérdidas reales o fantaseadas, sus amigos, su familia, lo que no podrán ser, lo que no podrán transmitir, sus simbólicas deudas y la historia de sus vidas.

Los abuelos, duelan y añoran un tiempo invencible.

Aparece aquí para ellos una amenaza ante la posibilidad de contar la historia, ya que su tesoro radica en aquello que nos antecede.

Existe, sin embargo también un público espectante, los niños perdidos, los carentes de vínculo social que requieren presurosa y ansiosamente ser reconocidos por alguien. Son estos niños, paradójicamente, vectores primordiales del supuesto contagio. Aislados y recluídos en su mundo de fantasía con preguntas interminables acerca de la vida, la muerte, la sexualidad, el presente y el futuro.

Los nietos esperan por ellos como entendiéndolo todo, como sabiéndo que ese presente de sus abuelos conforma tal vez, un tiempo perecedero.

Los niños acaparan, invaden y conquistan ese espacio.

Comienza de este modo el acto mágico, la potencia de ese vínculo en un plano que trasciende las fronteras del contacto y del distanciamiento social. Los abuelos poseen relatos preciosos y los niños buscan siempre respuestas maravillosas.

No importa la herramienta que elijan, y la posibilidad real que tengan de encontrarse, siempre habrá maneras de hacer llegar sus tesoros, ya que los abuelos cuentan siempre los mejores cuentos, poseen cajitas con objetos curiosos, recovecos en sus casas, sortilegios contra monstruos y fantasmas, la paciencia y el tiempo que a veces a los padres nos falta.

Pero sobretodo portan una palabra mágica, la única posibilidad de convertirnos en otra cosa, ya que son testigos de la niñez de todos nosotros, aquel tiempo en donde todos soñábamos algo y fundamentalmente dónde dominábamos el mundo a la manera de cada uno, esa palabra muchas veces aun nos arma y nos desarma, nos hace formar parte de un ciclo del que somos parte; la magia radica en la ilusión de proponer una verdad como deseo, de nombrarnos y permitirnos nombrar a otros, de darnos un lugar en la familia, que tiene un destino más allá de lo que nos pasa aquí y ahora.

La magia se burla del tiempo y el espacio, nos da respuestas parciales a lo que ha de ser, a lo sucedido, nos convierte en protagonistas y genera un eco interminable de reproducciones que darán lugar a otras verdades.

Los abuelos poseen respuestas posibles a la propia historia, a la de los padres, a la de los niños, una certeza respecto de quiénes somos y de dónde venimos. Sólo ellos serán los encargados de inaugurar ese misterio.


Ana Julia Cesari - Lic. en Psicóloga - M.P: 20334 - cesarianajulia08@gmail.com


 
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