La parábola las cinco necias y las cinco prudentes. Tiempos de pandemia y de impensados banquetes a los que todos están invitados.
Hoy, domingo 8 de noviembre, la lectura del evangelio en misa corresponde al capítulo 25 de San Mateo, versículos del 1 al 13. "En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: Se parecerá el reino de los cielos a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran prudentes. Las necias, al tomar las lámparas, no se proveyeron de aceite; en cambio, las prudentes se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: ´¡Qué llega el esposo, salid a su encuentro!´. Entonces se despertaron todas aquellas vírgenes y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las prudentes: ´Dadnos de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas´. Pero las prudentes contestaron: ´Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis´. Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras vírgenes, diciendo: ´Señor, señor, ábrenos´. Pero él respondió: ´En verdad os digo que no os conozco´. Vigilad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora".
"Son varias - reflexiona el Padre Rufino Giménez - las dimensiones en las que se puede interpretar esta parábola que el señor Jesús relató a sus discípulos en el Monte de los Olivos, e incluso cobra un singular sentido en estos tiempos de pandemia en los que se nos pide ser prudentes, por nuestra salud y por la de quienes nos rodean. Mientras dure el estado de pandemia, y más allá de la progresiva llegada de las vacunas, no debemos distraernos y hacer todo lo posible para respetar los mínimos protocolos sanitarios usando barbijo, tomando distancia, higienizándonos las manos de manera tal de evitar lo más posible la propagación del virus. Un virus que, además, nos ha confrontado tal vez como nunca y de manera generalizada con la trascendencia de estar vivos".
"La imagen de ese señor que cierra la puerta y deja a las cinco imprudentes fuera del banquete, nos recuerda que somos responsables de nuestras acciones no sólo en el mundo terrenal, donde nos regimos por códigos, leyes, ordenanzas, normas... sino también, y primordialmente, en el espiritual. Hay gente que tiende a mal interpretar ciertas advertencias de Dios como amenazas y las repele. Seamos permeables a su Palabra, y no actuemos como necios", dice Rufino y explica que así como en tantas actividades humanas, la vida espiritual también necesita de un régimen, de un compromiso, de una conducta e incluso, por momentos, de esfuerzo, porque no creemos lo suficiente y toda acción o ejercicio espiritual nos parece una carga.
Sin embargo, el Párroco de Nuestra Señora del Carmen asegura que en ese tránsito la iluminación llega, y comenzamos a experimentar una vida plena y libre de temores: "Tengamos la lámpara con combustible, carguemos con aceite nuestras reservas todo lo que podamos. El combustible espiritual viene de la mano de la Eucaristía, la oración, la reconciliación, las buenas obras, la lectura de la palabra de Dios… Iluminemos nuestra vida y la de quienes nos rodean. En un momento, caeremos en la cuenta de que ya estábamos sentados al banquete", concluye.
"Iluminemos nuestra vida y la de quienes nos rodean", invita Rufino a partir del Evangelio de hoy.



