Con la participación del periodista, escritor y analista táctico, Vicente Muglia, los chicos del club desarrollaron un concurso literario cuyo ganador fue Bruno Carmarán, de la Novena División. En la nota, el cuento premiado.
La pandemia de coronavirus ha interrumpido por completo los entrenamientos de las categorías juveniles. Y para suplir esa falta de contacto directo, los clubes han recurrido a diferentes actividades para mantener activos y conectados a los chicos. En ese marco, en Villa Dálmine, más allá de los entrenamientos que se brindan vía Zoom, también se han realizado distintas charlas con jugadores, entrenadores y referentes de la actividad.
Y entre ellas surgió una destacable iniciativa a partir de un encuentro con Vicente Muglia, quien es periodista deportivo, escritor y, además, analista táctico. La propuesta constaba de escribir cuentos cortos que tengan algún vínculo con el fútbol para que, luego, el propio Muglia eligiera los mejores cinco y, también, un ganador.
Finalmente, quien se quedó con el primer premio fue Bruno Carmarán, jugador de la Novena División de Villa Dálmine e hijo de Rodolfo, defensor que disputó 259 partidos y convirtió 13 goles con la camiseta Violeta entre los años 2000 y 2009.
Como premio, Bruno se hizo acreedor de tres libros (entre ellos, "Che Pep", del propio Vicente Muglia) y, además, su cuento, titulado "De Ghana al mundo", se difundió a través de las redes sociales del club. Y también se puede leer a continuación en La Auténtica Defensa.
DE GHANA AL MUNDO
Hoy les voy a contar una historia, mi historia, que con tan solo 14 años cumplí mi gran sueño: jugar en un club y debutar en Primera División.
Eran las 5 de la mañana en Ghana, un 2 de diciembre, cuando mi mamá me despertó: "Vamos Ashanti, llegó el momento". Di un salto de la cama, desperté a mi hermana Nala de siete años y empacamos. Me vestí, guardé una muda de ropa, mi gorra y una pelota de fútbol. Mi hermana hizo su bolso y salimos juntos con mi mamá para la calle.
Había tres camiones estacionados enfrente de casa. Todo el barrio estaba arriba de ellos y manejaba gente blanca. Nos subimos y salimos directo al puerto. Mi hermana estaba jugando con su muñeca y mi mamá estaba con la mirada perdida, se notaban sus nervios. Me vio y dijo que todo iba a estar bien.
Ya en el puerto, nos subimos a unas balsas y salimos por el mar, eso es lo único que recuerdo de aquella noche. Me desperté en la mitad de la noche en un barco, con mi familia. Me volví a dormir y desperté al otro día.
Íbamos rumbo a España con todo el barrio. La primera parte del trayecto ya estaba completa, restaban tres días y yo estaba muy emocionado, pero a la vez nervioso. En el barco me la pasé jugando al fútbol, pateaba en el camarote y a veces me retaban los marineros.
Por fin llegamos a España, más específicamente a Sanlúcar de Barrameda. De ahí nos fuimos a Sevilla. Nos instalamos en un hotel de refugiados, donde había una hermosa cancha y unas cuadras más atrás un gran estadio. La verdad es que soñaba con jugar ahí, me despertaba todos los días pensando que era jugador del Sevilla.
Un día, en la cancha frente al hotel, se armó un torneo de refugiados donde había cuatro equipos de once jugadores. Yo, emocionado, pregunté para jugar. Me pusieron de delantero, posición en la cual no jugué nunca. Terminé el torneo con 13 goles y fuimos campeones.
Al terminar el partido vino un hombre blanco, se llama Antonio. Me dijo que era muy bueno y que quería hablar con mi mamá. Preocupado, fui y le dije, y después de una larga charla, el hombre convenció a mi mamá (hablando en inglés) de llevarme a algo llamado prueba. Al día siguiente, al maravilloso estadio de Sevilla. Recuerdo que esa noche no dormí de la ansiedad.
Al otro día, Antonio pasó por el hotel a buscarnos y nos fuimos al estadio. Ya adentro tomaron mis datos y todo lo que traje de Ghana y me inscribí en la prueba. Estaba muy nervioso, estaba en el lugar más hermoso que vi e iba a jugar en el estadio de mis sueños.
Se repartieron las pecheras, once contra once, un árbitro y varias personas observando atentamente. Empieza el partido, me la pasan y "pum", siento una patada de atrás. No dije nada y seguí jugando. A la siguiente jugada tiraron un centro y "pum", me pegan un codazo. Me doy vuelta y viene un defensor, rubio y alto, y me dice: "Negro de mierda, te hubieras quedado en África". Me lo dice y se ríe.
Me puse nervioso, me dolió lo que dijo, pero me puse a pensar en todo el esfuerzo que hice para llegar hasta acá y me puse de pie. A la siguiente jugada, el rubio me sale a marcar, le tiré un caño y definí cruzado.
Fue el mejor partido de mi vida, hice tres goles y dos asistencias: jugué espectacular ese día.
Al finalizar la prueba, el entrenador me felicitó y me dijo que quería hablar con mis padres, a lo que le señalé a Antonio. Él se dirigió hacia allí y Antonio le explicó la situación, mi origen y dónde estaba. El entrenador no tuvo problema y le dijo que al otro día empezaría a entrenar.
Ese fue el comienzo de un largo camino que, con trabajo duro, pasión y constancia, lograría concretar tres años más tarde. El 2 de enero, tres años después de esa prueba, me llamó el entrenador del primer equipo. Me paralicé. Quería que al otro día me presente a hacer pretemporada con el primer equipo. Muy emocionado le conté a mi mamá, a mi hermana y a Antonio, que se casó con mi mamá. Los cuatro nos abrazamos y lloramos de la emoción.
Esa fue mi historia: yo pude cumplir mi sueño a pesar de todo. Ahora queda un largo trabajo por hacer y no voy a parar hasta jugar un mundial con mi selección. Persiste y triunfarás.
(Bruno Carmarán, jugador de la Novena División de Villa Dálmine)
LOS CHICOS VIOLETAS SE PRENDIERON EN EL CONCURSO LITERARIO.



