Es gripe caucasiana-sentenció el Dr. López, médico de la familia, que nunca se equivoca. Y Julita se dispuso a guardar cama, protegida por un arsenal de fármacos que alivian pero no curan. Como siempre que se enfermaba, llenó su lecho con libros, papeles y la radio para pasarla lo mejor posible. Pero esa noche debió dejar de leer y apagar la radio. Los párpados le pesaban y la fiebre la sumía en total sopor. Julita estaba en la gran sala de un palacio parecido al de Versalles, toda vestida de rosa. Un bellísimo joven de ojos azules y rubios rizos, ataviado de húsar, la ceñía por la cintura, al compás de un vals que surgía de una orquesta invisible. El abrazo del húsar se hacía cada vez más amenazante, al punto que Julia podía adivinar sobre el llano de su vientre erizadas presencias. La invisible orquesta calló de pronto y el joven rubio de un solo movimiento levantó a Julita como a una pluma. Ahora ambos se hallaban en un lecho con dosel dorado y sábanas de níveo satén. El habitante de la gripe caucasiana con diestros ademanes despojaba a Julita de su bello vestido rosado. Esto es demasiado -pensó Julita en un instante de lucidez- pero también el húsar era demasiado era demasiado hermoso por lo que nuevamente se hundió en el maravilloso sopor. La boca del rubio muchacho recorría lenta y sabiamente todos los rincones de su cuerpo afiebrado. La crisis de la gripe caucasiana avanzaba sobre sus defensas, hasta poseerla en un solo y último espasmo. La mañana estaba casi madura de mediodía cuando la madre de Julita logró despertarla. La fiebre había cedido y la joven pronto se repuso y se reincorporó a sus actividades habituales.
Estás embarazada -dijo el Dr. López- médico de la familia que nunca se equivoca, ante la azorada mirada de Julita.
En los meses siguientes todo fue inútil. Ni en el sueño común ni siquiera en la hipnosis prescrita por el psiquiatra. El apolíneo rubio de la gripe caucasiana no volvió a aparecer.
Es que la gripe caucasiana deja inmunidad permanente, no repite jamás -sentenció el Dr. López, médico de la familia, que nunca se equivoca.
ZAHIRA KETZELMAN
del Libro "El Gato de Mozart"
Adaptación: Héctor Malvicino.



