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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 11/oct/2020 de La Auténtica Defensa.

Opinión:
Una coyuntura particular
Por Arq. Jorge Bader




Jorge Bader

Los precios de la construcción están en el límite más bajo de los últimos años.

El valor del metro cuadrado de obra está por debajo de los valores históricos en relación al dólar. Esto ha movilizado a tomar la decisión de invertir en ampliaciones, construcciones nuevas o simplemente la ejecución de nuevas infraestructuras para pasar un verano local en casa ya que el futuro de la pandemia es aún incierto.

La reactivación de la inversión en obra viene de la mano de la puesta en marcha de una industria caída, y en crisis operativa. La falta de personal, limitada por la movilidad restringida por el Covid, entre otros factores, hacen que la industria este colapsada en su capacidad de dar respuesta a una nueva puesta en marcha del circuito impuesto por la demanda.

Los corralones venden lo que hay, y la realidad es que a esta circunstancia se suma también la incertidumbre cambiaria ya que las dudas que genera el valor de reposición en un contexto inflacionario con muchos insumos atados al valor del dólar fluctuante hacen que tengamos algunos cuellos de botella al parecer insalvables. La afectación más importante hoy está precisamente en la escasez de muchos insumos.

El informe distribuido por la Cámara Argentina de la Construcción da cuenta del faltante de ladrillos huecos, chapas, acero y cemento, insumos básicos y centrales para cualquier obra. También se reflejan faltantes en insumos menores, en obras de terminación pero que resultan centrales para las pequeñas refacciones domésticas. Tres factores convergen a este panorama crítico: la inflación real y esperada, la complicación de la industria para reactivar su nivel de producción por los factores derivados de la falta de personal, en licencia por la pandemia, y la crisis de la logística y el transporte también limitado por ese mismo escenario.

El origen de la crisis del sector estuvo dado por el aislamiento social y según el Instituto de Estadística y Registro de la Construcción, (IERIC) la inactividad afecta a más de cuatro millones de personas. Pensemos cuántas familias dependen de alguna forma de una industria tan fuerte como la construcción. El mismo registro indica que casi unas 6000 empresas de distinta escala quedaron directamente inactivas. Los primeros en reactivarse según el IERIC han sido los emprendimientos personales, esto es los constructores de pequeña escala que son los más sensibles a la crisis y los que más rápido pueden movilizarse frente a una apertura de los controles sanitarios. Estamos hablando de sociedades unipersonales o de responsabilidad limitada donde los componentes son de carácter muy local y movilizan a un número acotado de operarios, pero que en conjunto son una escala importante en el total del sector.

El gobierno nacional, y el provincial, lamentablemente parecen no conocer la realidad de la industria de la construcción, nutrida a partir del cuentapropismo y la pequeña escala que es la más afectada por las medidas de la extensión ilimitada y recurrente de la cuarentena, y el aislamiento. Esta situación sumada a la pérdida del control de precios y salarios y las inútiles y recurrentes medidas de supuesto control de precios del sector, son un agravante de la situación de crisis estructural que afecta a la construcción. Este sería un buen momento, si la apuesta es a la reactivación del consumo interno, para definir nuevas áreas de liberación de actividades, porque con un panorama de una de cuatro empresas inactivas, cualquier repunte es mucho y se habría de sentir rápidamente en el mercado.

El modesto repunte evidenciado en el último mes es un indicador que de liberarse los controles centrales la industria de la construcción está aletargada pero no muerta, y que la reactivación es inmediata por la movilización de ahorros o excedentes financieros, un tema que habitualmente les preocupa a todos los economistas.

La evolución del empleo del sector construcción es muy sensible a la inestabilidad propia del escenario pandémico y las indefiniciones políticas centrales. Los institutos especializados, reclaman por una liberación de la actividad porque son conscientes de la potencialidad de lo que representa la reactivación de la construcción en el consumo interno y en la reactivación industrial. Detrás de un ladrillo hay un alto valor agregado y una cadena de valor local, aunque parezca mentira y algunos teóricos aún no lo comprendan.


Arq. Jorge Bader - Matrícula CAPBA 4015


 
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