"La costumbre, a menudo nos hace vivir en una jaula, aun sabiendo que la puerta está abierta" --Mario Benedetti
La prolija vista de la Colonia menonita "La Nueva Esperanza", ubicada en la provincia de La Pampa, revela al observarlas, parcelas ordenadas, alambrados tensos. Esta colonia fue edificada sobre las diez mil hectáreas de una vieja estancia por familias que comenzaron a llegar en 1986, procedentes de México, Bolivia y Paraguay.
Los menonitas surgieron como una expresión particular de la Reforma Protestante de Martín Lutero. Años más tarde se separaron de la misma y se proclamaron como un movimiento anabautista que significa "rebautizados". Desde sus inicios fueron peregrinos por su fe; lo que dio lugar a que comenzara su éxodo hacia otros países
Si bien los registros dicen que la actividad principal de la colonia es el cultivo del trigo, los largos años de sequía los llevaron a buscar alternativas y ahora lo que crece en los campos menonitas es más que nada el acero. Galpones gigantes de chapas, florecen uno tras otro y la tierra rebosa de silos, comederos, palas cargadoras, mangas, acoplados.
Caballos de andar cansino, uncidos a carros pintados de blanco, llegan en fila a los palenques, deteniéndose en un predio en el medio de la llanura. De ellos bajan hombres con traje y sombrero y mujeres con vestidos largos y un pañuelo en la cabeza. Todos visten de negro, el tono resalta la palidez de sus rostros germanos. Parecen hormigas diligentes en su camino de ingreso a la construcción que se levanta entre los pastos: la Iglesia.
En el ingreso a esta colonia, la neblina flota escondiendo por momentos los arbustos espinosos o el rastrojo de alguna cosecha, que más que ver se adivinan a la vera de la ruta de tierra que la lluvia ha convertido en una pasta barrosa. De pronto, surgen como desdibujadas las casas pintadas con colores muy claros, con sus ventanas tipo guillotina adornadas con cortinas dobladas en diagonal. Cercanos a ellas se encuentran los tarros de leche cubiertos por el rocío matinal, que aguardan a que los retiren de cada una de las propiedades y los coloquen para su transporte en carros tirados por caballos.
En el medio del camino, empieza a vislumbrarse entre los finos rayos del sol que atraviesan la niebla, la silueta de una mujer. Lleva su cabeza cubierta con un pañuelo blanco (es soltera), y cubriendo el mismo, un sombrero circular de paja con un listón violeta alrededor. A medida que se acerca se ve que ésta, no es más que una niña de 12 años; lleva un vestido estampado con flores oscuras, medias blancas y sandalias. Se dirige al almacén donde la recibe un joven dependiente de unos 13 años, vestido con un saco verde inglés con piel en las solapas, gorra de visera marrón, tez muy blanca cubierta de pecas y unos ojos muy celestes.
Al dirigirse a la niña, se escucha su voz en español con acento extranjero, pues conservan el idioma fundacional originado en la Europa del Norte, que es un dialecto que traducen como "alemán bajo" (plattdeutsch), tan arcaico que en Alemania ya no se encuentra ni entre los campesinos.
La mujer a diferencia del hombre no habla ni entiende español, por lo cual cuando concurre al servicio de salud debe acompañarla un hombre que oficia de traductor.
La colonia está dividida en parcelas separadas por alambres tiesos. Tiene dos Iglesias y está dividida en "nueve campos". En cada uno de ellos hay una escuela y un grupo de casas, cada una con sus respectivas parcelas de tierra.
La propiedad de cada casa y sus hectáreas adosadas es individual y no está repartida equitativamente, sino que cada uno tiene lo que puede comprar, por lo que hay menonitas pobres, otros con mucho dinero, empleados y empresarios.
La religión no les permite utilizar la electricidad en los hogares, se valen de candiles para alumbrar, por eso no tienen electrodomésticos, pero tienen vía libre para emplearla en el trabajo de las metalúrgicas dónde se ven plegadoras de chapa, grúas industriales, guillotinas y sampis (autoelevadores).
No se sabe quién los exime de los controles ni tampoco por qué para el Estado no es un problema que no sea obligatorio el asistir a la escuela formal, ni voten. Lo único que los menonitas aceptan del Estado argentino al que no reconocen como propio, son los servicios de salud.
Escuchan la música de polkas, rancheras y algún hit de la bailanta argentina, pero no se les permite bailar pues consideran que el baile despierta los apetitos sensuales que deben estar bajo estricto control.
Los menonitas pueden ser conservadores, son los que mantienen su propio sistema educativo hasta hoy, este se basa en cuatro etapas: 1) aprender a leer; 2) catecismo; 3) nuevo testamento; 4) biblia entera. También se incluyen gramática y matemática básica; no se enseñan ciencias. La enseñanza del idioma español se incluyó hace poco. Al finalizar las etapas los niños continúan con la labor del padre. Los menonitas liberales, tienen escuelas incorporadas a la SEP hasta nivel bachillerato. Los que continúan estudiando lo hacen en carreras relacionadas con el comercio.



