No es un error dar rienda suelta a las pulsiones cuando se está en una sesión del Congreso. El señor Diputado, cobra demasiado bien y su función lo habilita para que pueda tener un discrecional manejo del tiempo, cosa que cualquier simple mortal encuentra harto difícil.
El diputado, que tiene denuncias por cosas peores, todas relacionadas con el sexo y su clara actitud machista, puede tener todas las calenturas que se le ocurran, pero justo en medio de una sesión a la cual debe asistir y por la cual percibe suculentas sumas de dinero es indefendible. Es mas; es aborrecible, abominable, execrable. Tanto como el presidente de la cámara que, pacato él, jamás cometería semejante desliz, pero que le prestó a Macri los diputados necesarios para que la cámara vote la ley que arruinaba a los jubilados en 2017. Paradójicamente, uno de los principales opositores a esa infamia, ( el militante trotskista Sebastián Romero), hoy está preso, mientras los diputados, honorables diputados de la nación se ausentan con ridículas excusas y hasta se atreven a tener sexo en medio de una sesión.
Bueno, la virtualidad del hecho es muestra patente de una virtualidad mucho mas cruel; cada vez que el circo de la democracia formal se habilita, es para que cientos de personajes como el porno diputado nos sigan haciendo el amor sin preguntar si tenemos ganas.



