Dice la psicología que las ideas llevan a los actos. De ahí que debemos estar luchando constantemente para rechazar los malos pensamientos. Por ello, la primera batalla que enfrentamos en nuestra guerra contra el mal actuar se libra en el terreno de la mente. Si no logramos vencer los malos pensamientos éstos toman la fuerza para transformarse en actos donde prevalece la pasión y el mal.
Es claro que para que haya malas acciones es necesario que exista una voluntad de mal actuar. Una cosa es tener tentaciones y otra caer en ellas. Así, por ejemplo, cuando superamos un mal pensamiento que cruza por nuestra mente, hemos realizado una acción meritoria que fortalece nuestra voluntad. En cambio, cuando se empieza a consentir y recrearnos con ese mal pensamiento, se debilita nuestra voluntad, exponiéndonos a caer en acciones torpes y malas. Por ello, a lo que teológicamente conocemos como pecado, empieza cuando consentimos los malos pensamientos o los malos deseos en nuestra mente. Cuando éstos se presenten, pidamos ayuda para combatirlos y no caer en ellos.
Cuando los malos pensamientos y grandes temores afligen a nuestra alma, procuremos no distanciarnos y buscar ayuda para salir de ellos sin hacer daño y desecharlos.
Abramos las puertas de la cárcel de nuestros pensamientos y liberemos los secretos de las cosas escondidas. Que huyan de nuestra mente todos los malos pensamientos.
Esta es nuestra esperanza y consolación; alejemos toda tribulación y confiemos en nosotros desechando y humillando todo acto de soberbia.
Claudio Valerio / © Valerius / valerius@fibertel.com.ar



