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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 06/sep/2020 de La Auténtica Defensa.

Rincón Tuerca:
Luis Belloso; "Oreste Berta es mi segundo papá"






E-MAIL: rincontuerca@ubbi.com

El Pejerrey repasó su trayectoria desde aquellos inicios en el karting hasta llegar al equipo Renault del TC 2000, pasando también por su experiencia con Ayrton Senna y la Fórmula Sudamericana y recordando el tiempo que vivió junto a su señora en una casa rodante para poder alcanzar sus objetivos.

No resulta demasiado fácil poder encontrase con Luis Belloso en su ciudad natal por estos tiempos. Es que el zarateño se radicó en la provincia de Córdoba y desde allí decidió darle curso a su vida en el automovilismo. Pero cuando la actividad se lo permite, el Pejerrey llega hasta su casa para visitar a sus padres. Y ése fue el momento que aprovechamos para desarrollar una extensa y profunda nota, que mates de por medio, sirvió para repasar un poco su trayectoria en este deporte que tanto lo sigue movilizando.

-Empecemos por tus comienzos, que fueron en el karting.

-Fue una época muy linda. Realizamos temporadas de muy buen nivel y mi viejo Carlos me acompañó casi siempre. El "Pelado" no se perdía una carrera y fue muy lindo, porque eso sirvió como para empezar a entender que esto había que tomárselo con responsabilidad. Me acuerdo que corrimos en la plaza Italia de la ciudad de Campana y era impresionante la gente que vino a ver la carrera.

-¿Vos alcanzaste a correr en karting con Ayrton Senna?

-Claro. Allí también tengo los mejores recuerdos y ya se veía que había un chico con mucho futuro. Peleamos un campeonato y ahí es donde también uno va aprendiendo y se va perfeccionando para lo que vendrá en el futuro.

-El paso del tiempo te puso de cara a los autos con techo.

-Ya ahí armamos un chasis para el Regional en el taller con nuestro propio equipo, con mi hermano Cachi, mi vejo, Machi… Estábamos todos más que contentos de poder seguir en esto que es apasionante, donde por lógica y por fanatismo, la planta impulsora era Chevrolet. Y llegamos en un momento donde la categoría estaba muy fuerte, con muchos autos y hasta tenía dos clases: la Clase A y también la clase B. Es parte de un pasado muy lindo, en el que recorrimos los circuitos de tierra de toda esta zona.

-De allí pasaron a otro desafío, a otro nivel importante del orden nacional.

-Lo charlábamos en el taller todas las noches, porque sabíamos que algo podíamos llegar a armar y arrancamos para el lado de tener un fórmula. Así comenzó otra etapa distinta con otros condimentos que nos exigían mucho más. Recuerdo que con Machi armamos ese chasis, pero éramos conscientes que estábamos lejos de ser competitivos. Entonces fui a ver al "Flaco" Barcelo que ya estaba corriendo en la Formula Renault y la verdad es que Sergio se portó muy bien, nos dio la precisa y fuimos creciendo desde los errores, pero también con los aciertos. Fue muy auspicioso para todos ese cambio.

-Ya se sumaba otro condimento, que no era menor: el de los presupuestos.

-Eso fue tremendo, porque no teníamos ni la cuarta parte del presupuesto para llegar a correr y acá me quiero detener y decir que Graciela, mi señora, fue determinante en esa necesidad de juntar dinero. En ese momento acudimos a mucha gente de mi ciudad que no nos defraudó y con Walter Luna primero, con Miguel Perna y Tití Rodríguez después, hicieron una revista con mi señora que vendía la publicidad para el auto de carrera y juntaba también algo. En ese momento todo servía. Fue duro, sin dudas, pero era tanto el entusiasmo que nunca bajamos los brazos,

-También se realizaban cenas y mucha gente acompañaba.

-Sí, fue inolvidable. Y yo quería ganar, estar adelante, por toda esa gente que también desde su lugar hizo su esfuerzo. Fijate que nosotros hacíamos el asado, servíamos las mesas y algunos pilotos amigos también trabajaban de mozos. Se había armado algo muy lindo y la ciudad acompañaba. Cuando corría en la Fórmula Renault había que juntar plata para comprar todo, la gente nos seguía a todos los autódromos, salían de Zárate dos o tres micros que nos acompañaban a cualquier punto del país. Un día, mi mamá, mi tía y Graciela hicieron ravioles caseros para 120 personas. Hicimos la cena en el taller y con ese dinero compramos el juego de gomas. Y de esas tenemos un montón. Ahora, en el tiempo, quizás uno te diría hasta lo valora más por todo lo que se hizo en ese momento. A la gente de Zárate la llevo en mi corazón. El respaldo que me dieron fue increíble. Soy un agradecido por todo lo que me brindaron.

-Y en el año 1988 llegó el campeonato.

-Sí, fue un gran año, con varias victorias y un rendimiento del auto brillante. Después, en el final de ese campeonato pasaron algunas cosas que molestaron mucho, pero finalmente se hizo justicia y me le otorgaron a mí como correspondía. –Ya en esos tiempos empezaste a atender autos. Digo esto por lo de Balzano.

-Lo de Javier se dio porque un día vino Tití Rodríguez, habló conmigo y me contó que Javier estaba con las ganas de correr en la categoría. Así que me acuerdo que se armó una comida en lo de Javier y allí nos pusimos rápidamente de acuerdo y se vino a formar parte nuestro equipo. Javier iba rápido, un buen piloto que ya se mostraba en aquel momento.

-Después fuiste por otro desafío: llegar al TC 2000.

-Claro. Con el campeonato ganado nos propusimos sumarnos al TC 2000 con una Renault Fuego que compramos con un grupo de amigos y allegados que decían tener ese dinero que nos faltaba para pagar la misma, pero al final no fueron todos los que se habían anotado a la hora de poner ese dinero. Pero está bien igual, ya habíamos dado la palabra y le dimos para adelante afrontando la situación.

-En Mar del Plata llegás con la Fuego y decidís correr con los autos para también mostrar ese 1 obtenido en la Fórmula Renault.

-No era lo ideal por los números que manejábamos desde lo económico, pero como mi viejo quería que, después de tanto sacrificio para lograr el título y ya que pintamos el 1 en el auto, lo mostrara. Le hice caso y corrí tres o cuatro carreras en las dos categorías. Cómo le iba a negar al Pelado tal pedido con todo lo que significó en mi carrera deportiva.

-Ese comienzo en el TC 2000 no fue fácil, se sufrió mucho.

-Sí, la verdad que penaba mucho con el tema de los motores, no había caso. Además, estábamos lejos del resto. Me acuerdo una carrera en el autódromo capitalino: rompí los dos motores y me quedaba sin correr. Teníamos una amargura, porque no largaba la final. Y el recordado Teto Fonseca, que era muy amigo del "Flaco" Traverso me llevó a su box. Ellos largaban adelante con las Fuego de Guerra y Juan y el Teto le dijo que nos prestaran un motor para correr. Ahí el Flaco le dice a Cachi Scarazzini que nos diera uno, pero Cachi se negaba; y el Flaco le dijo: "dáselo bajo mi responsabilidad". Recuerdo que me dio uno de prueba y cuando largamos la final estaba último y en la primera aceleración quedé séptimo. No podía creer cómo iban esos impulsores, jajaja. Lo recuerdo con mucho cariño ese momento, que también por lógica nos dio la pauta donde estábamos parado con nuestro auto.

-¿Y cómo llegas a Berta?

-Como te decía recién: en mis inicios del TC 2000 renegábamos mucho con los motores. Se nos rompían mucho y me cansé. Encima no tenía un peso. Fue por eso que tomamos la decisión de llevarlo de Oreste Berta. Ahí tuve mi primer contacto directo. Antes lo había visto en un box en una carrera de F3 Sudamericana. Recuerdo que el día que le llevé el motor lo hice en una camioneta prestada y me volví a Zarate. A los pocos días me llaman para decirme que lo único que servía de lo que le había dejado era la tapa de cilindros, yo no lo quería creer.

-Venía complicado el piloto.

-Yo me quería morir, porque estaba muy complicado de plata, aunque no me quedaba otra que encarar. Llega el momento de ir a San Jorge a correr, pero no me termina el motor y me presta uno del equipo oficial. A la siguiente me entregó el mío, hecho a nuevo. Volaba.

-¿Fue entonces que comenzó una relación más fluida con Berta?

-Y sí. A partir de ahí mi relación empieza a crecer, porque iba y venía a su taller a llevarle el motor. En ese entonces tenían el equipo de F3, se baja uno de sus pilotos y me invitan a mí. Al enterarme el costo que tenía correrlo les dije que no contaba con ese dinero y que era imposible. Cuando me estoy por ir me llama Berta y me pregunta cuánto podía juntar. Le dije que muy poco, pero él me pidió que le diera para adelante. Junté unos pesos y le dije a Cachi Scarazzini, que estaba con Oreste, que solo juntaba, en ese tiempo, $2.500 de los $10.000 que salía. Más tarde Cachi me llama y me dice que Oreste quiere hablar conmigo.

-Ahí no dudaste, había que ir o ir, no quedaba otra.

-Te cuento ese momento: como yo no tenía un vehículo acorde para salir a la ruta, me llevaron hasta Campana y ahí me tome un colectivo a Alta Gracia. Cuando llegué, me bajé en la rotonda de la entrada y me fui a dedo hasta el taller del Mago. Ahí me dicen que íbamos a probar al Cabalén el F3. Era un sueño. En mi vida había tenido un ingeniero y pasé a que me atendiera el mejor. Llegó el momento de correr y fuimos a San Juan. El Mago me bancó todo. Clasifiqué quinto y cuando venía tercero me enganchó con Augusto Cesario. Después fuimos a Porto Alegre y terminé segundo.

-Luis, ¿cómo fue lo de aquella llamada telefónica que vos no esperabas?

-Me acuerdo que un día recibo una llamada de Alta Gracia y me dicen que me tengo que presentar para hacer una prueba. Me vuelvo a tomar el colectivo y llego al taller. Cuando entro veo que los autos de F3 están desarmados. Me sorprendo. Pregunto qué pasa y me dicen ahora te llevan al autódromo, allá te están esperando. Fuimos y cuando entro a la zona de boxes veo todo lo que soñé en mi vida. Estaba todo el equipo Renault de TC 2000 con las dos Fuego: la de Juan María Traverso y la de Miguel Ángel Guerra. Al rato llega Oreste y me dice que quiere que gire en los autos. Termina la actividad, no me dicen nada y me vuelvo en colectivo para mi casa. A los dos días me llama Berta y me confirma que me voy a convertir en el piloto de pruebas de todo el equipo. Recuerdo que le dije que no tenía plata, pero que iba a hacer todo lo que estaba a mi alcance.

-¿Acá es donde nace la necesidad de mudarte?

-Ya en su estructura, el Mago me regala el casco de la Fuego negra que había utilizado el Flaco. Estaba desarmada y empecé a trabajar para dejarla lista. Me llevaba 30 días. Fue ahí donde tomamos la decisión con Graciela de irnos a Alta Gracia: fue toda una apuesta y ya hace más de 30 años que estoy allá. Al principio vivía en la casilla rodante, que la tenía ubicada en el patio de la Fortaleza, con Graciela, y comíamos en el comedor del taller. Vivimos un par de meses así hasta que conseguimos una casa. Por eso siempre digo que Oreste Berta es mi segundo papá.

-Después llega esa primera victoria en el TC 2000, la que nunca se puede olvidar.

-La primera carrera que gano fue en Rafaela. Ese domingo tenía vía libre por parte del Mago y no levanté. Se la gano al Flaco, que se calentó con el equipo y no fue al podio. Se bajó del auto y se fue. Al margen de eso yo siempre entendí cuál era mi rol e hice lo que tenía que hacer.

-Tuviste un paso por el Turismo Carretera. ¿Qué te dejó esa experiencia?

-Correr en el TC es interesante para cualquier piloto y eso es importante. Empecé de a poco hasta que se armó un proyecto en el que intenté tener todo el equipo en mi ciudad. Trajimos el auto a lo de Juanjo Tártara y tratamos de ser protagonista. Ahí debo reconocer que la gente colaboró una vez más, pero las grandes empresas que iban a dar una mano nunca estuvieron y los encargados de concretarlo que habían asumido ese compromiso nunca me dieron una respuesta clara al respecto.

-Llegaste a ganar y lo hiciste con un Ford.

-Como te conozco, sé que lo estás disfrutando al saber de mi amor por el Chivo. Ese triunfo se dio en un momento que lo necesitaba, en el autódromo de Olavarría. Después el proyecto se termina cayendo por una cuestión de presupuesto.

-¿Quién te puso Pejerrey?

-Eso viene de un tío mío que era camionero y lo llamaban así. Por herencia me lo pusieron a mí, Creo que ya estaba bautizado desde chiquito, jajaja.

-¿Cuánto tuvo que ver tu familia para este presente?

-Todo, no lo dudes. Mis viejos, mi hermano, mi entorno… Nunca me abandonaron. Me seguían con la casa rodante por todo el país cuando corría. Es increíble el esfuerzo que han hecho. Ni hablar de Graciela, mi señora, que se bancó vivir en una casa rodante durante un año para que pudiera concretar mis objetivos.

-¿Qué te quitó y que te dio este deporte?

-A mí me dio todo, soy un agradecido de hacer lo que me gusta y poder vivir de esto. Solo tengo agradecimiento para toda esa gente que siempre me recuerda gratamente, que cuando vengo acá a mi ciudad me lo hace saber con sus saludos y sus recuerdos por todo lo que llegué a lograr como piloto.




Luis Belloso


 
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