Estará conformada por mujeres que ofrecen cuidados domiciliarios y acompañamiento terapéutico a adultos mayores y personas con discapacidad. El INAES las asesoró en el armado de la organización y acompaña en la gestión de trámites para tener reconocimiento legal.
Comenzó la cuenta regresiva para el surgimiento de una nueva cooperativa en la ciudad: se trata de "Acompañarte con calidad de vida", un grupo de mujeres especializadas en el cuidado de adultos mayores y personas con discapacidad, que desean elevar la prestación de este servicio en la ciudad y contar con avales que certifiquen su labor.
El proyecto está siendo acompañado por coordinadores territoriales del Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAES), quienes asesoran a las futuras cooperativistas y les facilitan los trámites antes diversos ministerios de Nación. Una vez concluidos, podrán unir esfuerzos para acceder a más y mejores trabajos, pudiendo presentarse ante obras sociales, hospitales y residencias privadas.
"Falta poco. La última etapa. Así que contenta. Ayer cuando Jorge (Ortiz, uno de los coordinadores del INAES) me llamó y me dijo que el trámite estaba prácticamente ahí para que nos den la matrícula, sentí muchas emociones diferentes", reconoció Lidia Flores, cuidadora con muchos años de experiencia y la mujer que le dio el puntapié inicial al grupo, buscando colegas con su misma vocación. "Jorge me dijo que busque gente de confianza que trabaje a la par mía y que entienda lo que quería hacer. Hoy en día es medio raro encontrar personas así, pero las hay".
Desde los primeros cincelazos a esta realidad con cinco integrantes y el status de cooperativa a punto de salir del horno, Lidia realizó el recorrido con una firma convicción: cualquier persona no puede trabajar con un abuelo o persona con discapacidad. "Si bien el dinero hace falta, acá lo primordial es el amor a la persona. No podés trabajar con un abuelo solamente por el interés económico, porque ahí es donde se vienen todos los problemas después, como el maltrato físico y versal. Yo soy una convencida de eso, y necesito la plata como todo el mundo. Pero primero está el afecto", remarca.
Igual de convencida está su compañera Daiana Choca Nader, con seis años de experiencia. "Me gustó la idea de la cooperativa porque veo que hoy en día cualquier persona se ofrece y no se sabe realmente a quién se está contratando. Nosotras nos conocemos y sabemos quiénes somos"
Las reuniones de conformación del grupo ayudaron a esa confianza necesaria para entablar un lazo laboral y también afectivo, de apoyo mutuo. "En estas charlas nos vamos conociendo y descubriendo cómo reaccionamos, actuamos y comprometemos. Esa responsabilidad es fundamental porque, pase lo que pase, tenés que estar con la persona a la que cuidás", comentó Inés Guadalupe Chena, la otra coordinadora del INAES. "Hay que ser muy responsables y brindarse en el cuidado del otro. De eso se trata este grupo: de un servicio de calidad distinta".
Y amplia: "La idea nuestra es generar algo distinto. Somos laburantes y la idea es trabajar en esto. Pero creemos que se puede dar una calidad distinta. La cooperativa se hace a pulmón, no hay recursos de ningún lado. El beneficio es estar en grupo. Tenemos las reuniones, llevamos actas, vamos siguiendo un hilo y nos organizamos para tratar los temas. Y el día de mañana, cuando llegue algún caso, se consultará entre todas y de acuerdo al perfil y disponibilidad de cada una, se asignará. Se trata de trabajar en grupo".
"Es una idea bárbara formar una cooperativa porque vamos a estar avalados para dar nuestros servicios", dice por su parte Daiana, para quien el trabajo de cuidador domiciliario no está lo suficientemente reconocido: "Lo ven como un trabajo bajo y no lo es. Hay que estar con una persona gran parte del día. Y es una de las actividades que más tiene demanda".
El INAES viene acompañando la conformación, armado y sostenimiento de grupos en situación de vulnerabilidad con un abordaje psicosocial. El objetivo es lograr unidades productivas abocadas a ofrecer un determinado bien o servicio que, al tiempo que agrega valor a la sociedad, pueda transformarse en un medio para satisfacer las necesidades económicas de sus integrantes.
Una vez constituidas como una cooperativa, este grupo de mujeres, inscriptas como monotributistas, podrán ofrecer su trabajo a clínicas, hospitales, obras sociales, residencias, geriátricos y hasta casas particulares, ganando derechos laborales en el camino. Siempre en una estructura que garantice una toma horizontal de las decisiones. Todas para una, y una para quienes más la necesiten.
Lidia Flores, Daiana Choca Nader e Ines Guadalupe Chena, del INAES conversaron con LAD



