Las recientes movilizaciones opositoras del lunes 17 en medio del peor momento de la pandemia muestran la desesperación de quienes quieren dinamitar al gobierno porque todos los días salen a la luz hechos que indican a la sociedad la calamidad que significó el neoliberalismo que nos gobernó durante cuatro años.
Cómo ha quedado demostrado aquí y en todo el mundo, estas movilizaciones aumentan significativamente las posibilidades de contagio del covid-19 pero como nos tienen acostumbrados poco les importa que los hechos no se correspondan con su empecinamiento ideológico. Son los que creen que las ideas son preexistentes a la realidad y no que las ideas deben elaborarse a partir de la realidad.
Ya nadie pone en duda que el relajamiento en los cuidados, que estos sectores promueven, provoca contagios y muertes pero como repiten sin ningún pudor que se infecten los que se tienen que infectar con la falaz excusa de la libertad.
La vida en sociedad supone necesariamente alguna limitación a la libertad individual absoluta precisamente para proteger la libertad de los otros, como sucede ahora para evitar que contagien a los demás y que posiblemente se mueran. Si ejerciendo su libertad deciden suicidarse no se puede permitir que como consecuencia de esa determinación mueran otros que han elegido vivir. Incluso los cristianos deben recordar que cualquier forma de suicidio los condena irremediablemente.
Podemos ver que estas manifestaciones anticuarentena no son una exclusividad argentina. En Corea del Sur cómo en muchos países del mundo hay un rebrote de casos de coronavirus y según lo informaron las autoridades sanitarias de esa nación la mayoría de los contagios se detectaron entre los participantes de una reciente manifestación en Seúl contra el Gobierno. ¿Alguien puede pensar que los argentinos somos tan especiales que aquí no va a suceder lo mismo?
Debemos tener en cuenta que la tan mentada cuarentena es tan permisiva que resulta difícil seguir calificándola como tal. Esta actualidad no solamente se refleja en los diferentes estudios realizados, basta salir y ver la gran cantidad de personas que circulan por las calles de todas las ciudades. Tanto es así, que en muchos lugares se vieron en la necesidad de retroceder con los permisos otorgados ante los rebrotes que han puestos a los servicios de salud demasiado cercanos a sus niveles de saturación lo que aumenta enormemente la posibilidad de no poder atender adecuadamente a los infectados y en muchos casos tener que elegir quién se muere y quién no.
Ante lo irracional de las convocarías de estas movilizaciones cuesta encontrar la razón para hacerlo. En este sentido cabe suponer que se trata de una estrategia que intentan los sectores opositores y la prensa canalla al fracasar tanto la instalación de una inexistente grieta entre les Fernández como la prédica de los permanentes opinólogos sobre la imposibilidad del gobierno de llegar a un acuerdo decoroso con los fondos extranjeros poseedores de bonos de la deuda externa.
Esta reiteración de estrategias maquiavélicas en que nada importan los daños que pueden causar en pro de conseguir un objetivo también ha profundizado la preexistente grieta en la propia oposición y particularmente en el PRO entre ultras y moderados, los primeros encolumnados tras el tándem Mauricio-Patricia y los últimos tras Horacio y que estando en desacuerdo con la convocatoria coinciden en todo lo demás. Evidentemente y aunque se esmeren en maquillarlo la Argentina es un país agrietado desde siempre.
Nota aparte merece la tilinga Viviana Canosa quién tomó CDS (dióxido de cloro) en cámara y a los pocos días nos enteramos que un pibe murió porque ante síntomas de Covid-19 le dieron de beber la misma bebida. Evidentemente hay comunicadores que no tienen idea de las consecuencias de sus actos.



