Ex Diputado provincial, ex Presidente de la convención provincial y ex funcionario del Ejecutivo Nacional. Hoy no ejerce ningún cargo dentro de la estructura de la UCR, pero es motivo de consulta permanente. "Yo no tengo problemas con nadie y si es de política, hablo con todos…" dice el político y considera que el radicalismo no irá a internas este año.
"Veo a un radicalismo que está con una profunda crisis de identidad, que se aleja cada día más de sus banderas históricas, sus postulados referidos a la defensa de los sectores populares, a una economía nacional de producción, de generación de trabajo… un radicalismo que cada día está más imbuido de este espíritu neoliberal de la época, que acompañó al gobierno de Macri, y que ahora desde la oposición sigue profundizando su perfil reaccionario", dice Alberto Giordanelli con cara de preocupación.
¿Y qué pasa con el radicalismo en Campana?
No veo mayores diferencias… el partido está como apagado, no ve con claridad cuál es su rol en el armado político local. Como que la alianza con Cambiemos se lo fagocitó. Ha perdido perfil propio, y ha dejado de plantear propuestas a la sociedad. Somos parte de un acuerdo que acompaña al Intendente Abella, quien protagonizó una gestión exitosa y que evidentemente ha traído beneficios a la ciudad de Campana, lo cual fue ratificado en la última elección por amplio margen. Pero el aporte del radicalismo, más allá del caso de algunos funcionarios que hacen un importante aporte en lo personal, ha perdido perfil propio. No veo que tengamos aportes en términos públicos a la política local.
¿Cuál sería ese aporte que falta?
Es un aporte que tiene que ser por la positiva: con propuestas, alternativas que ayuden al gobierno local a ofrecer mejores instrumentos para con las necesidades de la ciudadanía. Y me parece que, lamentablemente, va a seguir pasando. Soy crítico de esta posición, lo he expresado desde hace tiempo.
En cuanto al nivel nacional, creo que el radicalismo tiene que tener una construcción propia y después evaluar más cerca de las elecciones cuál es su estrategia. Tenemos que construir otras alianzas electorales que tengan más que ver con nuestro perfil ideológico. Repito: somos un partido que históricamente ha planteado un Estado presente, que regule y limite las ambiciones de un capitalismo salvaje que genera cada vez más pobres y que pone cada vez más riqueza en menos manos. Desde esa perspectiva, el Radicalismo tiene que rever su estrategia electoral a nivel nacional.
Algunos estarán esperando las próximas internas de este año…
Puede ser, y sería una de las formas de corregir ese rumbo. Pero también me parece una locura plantear hoy una interna, sea del partido que fuere, en medio de esta crisis sanitaria. En todo caso, hay que poner por delante los objetivos de aportar soluciones, propuestas para resolver los problemas de la gente y no caer en un internismo que no tiene ningún sentido en esta coyuntura… Además, me parece que las propuestas que el radicalismo ofrece hoy para que conduzcan al partido son más de lo mismo: las dos líneas más definidas hasta el momento plantean seguir dentro de Cambiemos, con mayor o menor nivel crítico, pero ninguna plantea la posibilidad de recuperar nuestras banderas históricas. De todos modos debo decir que la opción que plantean Storani, Posse y Losteau, intenta, aunque tímidamente, una mayor independencia del radicalismo con relación al Pro.
Pero la crítica es parte de la cosa, siempre que sea constructiva, claro…
Creo y así me formaron en mi partido, que la política es diálogo y búsqueda de consensos. Un mecanismo para intermediar las relaciones de la sociedad y encontrar con el aporte de todos los sectores, las mejores herramientas para resolver los problemas de la gente. Obviamente, el gobierno gobierna y la oposición trata de ponerle límites y controles… en ese escenario seguro no vas a encontrar consenso en todos los temas, pero sí debería haberlo en las cuestiones básicas y centrales que hacen a las necesidades de la sociedad. Sin embargo, estamos siendo testigos en la Argentina de un nivel de confrontación en debate público realmente preocupante. Esta visión blanco o negro, esta lógica amigo o enemigo que se ha instalado en la política, donde todo lo que plantee el oponente está mal sólo por el hecho de que él lo plantee y viceversa, paraliza a la sociedad e impide su desarrollo. Desde el odio y la confrontación por la confrontación misma no hay construcción posible.
Sus recientes columnas de opinión en La Auténtica Defensa hablan de diálogo, en incluso por momentos parece un vocero del Frente de Todos…
Yo no tengo problemas con nadie y si es de política, hablo con todos… Acompaño muchas de las iniciativas que ha tenido este gobierno que recién comienza, no sólo en lo personal sino también desde lo colectivo: somos muchos los radicales quienes creemos que nuestra misión es crear puentes entre los partidos populares. Las coincidencias ideológicas entre el radicalismo y el peronismo en términos históricos, en cuanto a la visión de los intereses populares es mucho más fuerte que la coincidencia que podamos tener con los partidos de derecha o aquellos que privilegian a los grupos económicos y a los sectores financieros. Por lo tanto creo que este gobierno merece ese crédito de parte nuestra. Lo cierto es que el gobierno anterior ha dejado al país en una situación de crisis muy profunda, complejizada aún más por la pandemia de una forma inédita. Entonces el rol del Radicalismo debería ser acompañar las decisiones que tengan que ver con los intereses de la gente de a pie, que tengan que ver con un Estado más presente en la suerte de la economía, que pueda ser capaz de ponerle límite a la voracidad del fundamentalismo del mercado, y así darle sustentabilidad al sistema político.
Hablando de sustentabilidad del sistema político, ¿Tiene posición tomada sobre el proyecto de reforma judicial?
Que hace falta una reforma es una certeza que tiene toda lo sociedad, porque hay un sistema cuasi mafioso en la Justicia Federal que ha sido protagonista de un mecanismo de juzgamiento político que generalmente es funcional al poder de turno y en vez de ejercer su verdadera misión de impartir justicia. El presidente Fernández, durante su campaña, planteó que iba a presentar una reforma durante los primeros meses de su gestión. Y si miramos su propuesta, a grandes rasgos cumple con el mandato constitucional de 1994: trasladar a la Justica de la ciudad de Buenos Aires todas aquellas cuestiones que no son de competencia Federal y hoy retiene Comodoro Py. Luego, plantea una reforma que incluye un Proyecto de Ley planteado desde Cambiemos durante su gestión en el Ejecutivo, así que no debería haber problemas con eso tampoco. Después, la transformación del sistema acusatorio es otra demanda pendiente, e incluso casi todas las jurisdicciones del país se han modernizado utilizando la figura de un Fiscal que acusa y un Juez de Garantías que supervisa el proceso para evitar que los jueces sean dueños de la causa y la manipulen en función de los tiempos políticos. Dicho esto, creo que la oposición se equivoca al tachar a esta reforma como funcional a una situación personal o a una necesidad puntual del gobierno de turno. En realidad deberían debatir, antes que rechazarla de plano antes de cualquier debate. De mínima, es una actitud mezquina. Después, en cuanto a la reformulación de la composición de la Suprema Corte, por lo pronto hay una comisión que va a hacer una propuesta. Adelantarse a la propuesta que no conocemos y oponerse a priori, no tiene mucho sentido. Pero no sólo en éste, sino en varios temas como oponerse al impuesto a las grandes riquezas, pero lanzar una quita de un 20% al sueldo de trabajadores y jubilados estatales; rasgarse las vestiduras por una posible y más que razonable hipotética estatización de Vicentín, al tiempo de pretender que son carmelitas descalzas; tratar de maniatar a Kicillof para que no pueda tomar deuda y financiar la provincia, cuando las solicitudes de endeudamiento de la gobernadora Vidal siempre fueron acompañados por la mayoría de los legisladores. La postura es la misma: oponerse a libro cerrado a cualquier propuesta del gobierno y eso paraliza la democracia. El radicalismo dentro de cambiemos, en forma vergonzosa, es parte de esta actitud. Hay como una competencia para ver quién es más opositor y más duro ante las propuestas del gobierno. Esto no es constructivo ni para el partido, ni para la sociedad.
Sin embargo, cualquiera le puede decir que usted acompañó a Cambiemos en 2015…
En la Convención de Gualeguaychú trabajé en contra de la postura de hacer una alianza con el Macrismo, junto con otros dirigentes nacionales y de nuestra provincia, como Ricardo Alfonsín. Nuestra propuesta era mantener el acuerdo con el Socialismo y el Gen, y estudiar la posibilidad de sumar al Pro siempre y cuando también se sumara al Frente Renovador, o sea a toda la oposición, y no quedar en inferioridad de condiciones en un acuerdo sólo funcional a Macri. Luego, acatamos el mandato de nuestra convención, pero en cuanto advertimos que el rumbo del gobierno y las medidas adoptadas iban en colisión con la defensa del trabajo, la producción y las necesidades de los sectores más postergados, pero si favoreciendo a los grandes grupos económicos con una fenomenal transferencia de recursos vía dolarización de las tarifas y un insostenible endeudamiento externo, comenzamos a hacer oír nuestra voz. Eso fue hacia el segundo año de gobierno de Macri, en 2017, cuando aún tenía un fuerte apoyo en la sociedad, ganando incluso las elecciones de medio término… Elegí la soledad de mantener el debate desde los principios partidarios, siguiendo a dirigentes que como Ricardo Alfonsín fueron coherentes siempre con esos planteos. No es fácil, pues la mayoría del partido ha privilegiado mantener una alianza que le garantiza resultados electorales antes que defender esos principios históricos. No creo en los alineamientos automáticos, ni en la lógica militar en la política. Creo que hay que elegir diagonales que ayuden a mejorar las gestiones y fortalecer a quienes piensan en las necesidades de la gente, sean del partido que sean.
"No creo en los alineamientos automáticos, ni en la lógica militar en la política. Creo que hay que elegir diagonales", dice Giordanelli.



