Una empresa de entrega a domicilio de plataforma digital hoy cuenta con 70 "riders" y 41 locales adheridos en Campana. Precarización laboral, inseguridad latente y situaciones distópicas que entremezclan métodos de control del siglo XXI, con prácticas laborales del siglo XIX.
El invierno nos regaló un domingo primaveral. Aunque ya no hay sol, el clima es templado. En uno de los bancos dela Eduardo Costa veo a dos jóvenes de uniforme rojo vigilando el celular, haciéndose compañía.
La característica caja anclada en la parte trasera de las bicicletas me confirma que son parte de la empresa de plataformas que comenzó a prestar servicios de reparto en nuestra ciudad hace un año y medio pero que terminó de asentarse durante la extensa cuarentena del COVID 19, cuando el número de pedidos se disparó por razones obvias. La plaza está desolada, sólo somos ellos y yo.
"Arranque ayer", dice Mariano (19). "No tenía trabajo, hace tiempo que buscaba pero no aparecía nada. Hablé con un amigo y me ayudó a entrar. Como la ciudad es chica, ya no toman más "riders" (ciclista en inglés, denominación habitual para los trabajadores de las plataformas) en esta zona así que creo que fui uno de los últimos por ahora".
Se estima que existen unos 160 mil trabajadores de plataformas digitales en toda la Argentina: cerca de 60 mil son de reparto. Ahora Mariano forma parte de ese ejército de "riders", jóvenes de entre 18 y 30 años, en su mayoría varones y sin trabajo, que encontraron en plataformas como la que opera en Campana una salida.
Cruzo la plaza y me dirijo a una cervecería artesanal adherida, donde un grupo de "riders" espera los próximos pedidos. Sobre la mesa hay pintas y maní salado: "El trabajo es bueno pero no tenemos mucho apoyo de la Municipalidad. En los días de lluvia paramos donde hay un techo, donde podemos. Ir al baño es todo un tema: muchos locales no nos dejan entrar. Nos gustaría tener un lugar con un techo y puestos para cargar el celular", reflexiona Juan (26).
"Nos estamos arriesgando y nadie nos protege de nada…La empresa no mandó ni un barbijo o un alcohol en gel desde que empezó la cuarentena", dice Sebastián (20).
Como para la empresa los repartidores son "trabajadores independientes" y ella es sólo una intermediaria que cobra comisión, son los "riders" quienes deben pagarse el uniforme. Sin embargo, muchos se quejan de que ni siquiera eso funciona como es debido: "Trabajo desde Enero y todavía estoy esperando la ropa que pagué para poder trabajar. El uniforme que uso ahora lo compré por Mercado Libre", cuenta Mariano.
Salvo Sebastián, ninguno de la mesa recibió el uniforme por el que ya pagó y los reclamos se perdieron en el enjambre de correos electrónicos, el único contacto que tienen con la empresa. Ninguno de ellos tuvo alguna vez contacto físico con un empleador o personal de Recursos Humanos.
EL NEGOCIO
La estructura de la empresa de entrega a domicilio, básicamente, se arma así: El cliente pide una comida por la aplicación y paga con tarjeta de crédito o en efectivo. El pago siempre es para la plataforma, que a su vez le pagará al restaurante a los 15 días, quedándose con el 20% del valor de la transacción. El beneficio para el comercio adherido es llegar a más clientes dado que el reparto ya no es un cuello de botella; y los repartidores ya no tienen ningún vínculo laboral con ellos sino con la plataforma. Un vínculo que tampoco es tal, ya que los contrata como "trabajadores independientes".
"Te contratan por computadora y el contacto es todo por correo electrónico. Sólo te llaman los coordinadores cuando tenés un problema o tardás en entregar el pedido. Hemos reclamado que nos atienda alguien para poder mejorar nuestra situación, pero nos contesta una computadora", resume Mariano y describe una situación que podría ser parte del argumento de una película distópica como "Blade Runner". Pero no hablamos de ficción, y lo indeseable parece haber llegado para quedarse.
La música suena fuerte, el trap revienta los bajos e invade cada rincón del lugar. El bar está semi poblado, algunas mesas están ocupadas por los primeros clientes que se le animan a la apertura fomentada desde que se declaró la Fase 4 en nuestro municipio. Pero lo que para algunos es una buena noticia, para los "riders" significa menos trabajo: los bares y restaurantes le prestan más atención a los clientes que tienen en el local y dejan en un segundo plano los encargos que si antes tardaban 15 minutos en despacharse, ahora tardan 40. "La mayoría tenemos turnos de 4 horas. Significa que ahora podemos hacer 4 ó 5 pedidos máximo, por noche", concluyen con lógica matemática.
En promedio la paga por cada viaje es de $70, aunque muchas variables entran en juego. La aplicación tiene un ranking en el que los "riders" con mayor puntaje reciben más pedidos, bonificaciones y libre elección de tanda horaria para trabajar. "Para llegar a estar en el máximo nivel tenés que matarte en la bici, aceptar todos los pedidos y siempre llegar a tiempo", dice Mariano, y agrega: "Hay gente que hace turnos de 12 ó 13 horas".
La extensión de los turnos no se debe sólo al sistema de ranking. Sebastián dice que hace 3 meses, cuando sólo eran 25 "riders", algunos llegaban a juntar hasta $20 mil por semana. Ahora son 70, pero la cantidad de pedidos es la misma o tiende a caer. En julio, lo ganado en el mes fluctuará entre $20 mil y $40 mil.
Aun así, ninguno de los entrevistados deja de ver aspectos positivos al trabajo. Destacan trabajar al aire libre, la paga en tiempo y forma, y no tener un jefe que este marcándoles cómo se hacen las cosas. Sin embargo, si entregan tarde un pedido o no los aceptan cuando están de turno les suspenden temporalmente la cuenta o bajan en el ranking interno ya que son controlados por GPS: "Si llegás a chocar tenés que llamar para explicar la situación y que no te suspendan", dice Mariano.
"A un chico lo chocaron en bici y la empresa le ofreció $50 mil por el accidente a cambio de que no trabaje más con la aplicación. No es nada, ¿Qué haces con eso? El pibe dijo que no y al otro día volvió a salir a pedalear", relata Juan quien durante un año de "rider" también sufrió accidentes. El último lo protagonizó hace tan sólo 2 días: "Desde el primer choque que tuve, la aseguradora jamás puso ni un peso. En el último accidente la moto quedó hecha pelota pero por suerte yo no tuve ni un rasguño. Al otro día salí a trabajar en bicicleta. Voy a tratar de juntarla hasta poder comprar una nueva moto".
LOCAL Y GLOBAL
En el rubro, los accidentes de tráfico son frecuentes. Sólo durante la pandemia se contabilizan 6 muertes de "riders" trabajando en todo el país. Los militantes sindicales las llaman "asesinatos laborales". Todavía ninguna normativa se hizo eco sobre la temática.
El avance de la regulación no implica el fin del negocio. La economía digital permite oportunidades de crear empleo, pero esto exige que la toma de decisiones por parte de quienes son responsables se agilice, ya que la tecnología avanza mucho más rápido que la ley.
El último informe de la Comisión Mundial sobre el Futuro del Trabajo, dependiente de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), es contundente: "Debería establecerse un sistema de gobernanza internacional de las plataformas digitales del trabajo que les exija que respeten determinados derechos y protecciones mínimas. Las tareas que se desarrollan hoy en ese ámbito están regenerando prácticas laborales que se remontan al siglo XIX y prefiguran futuras generaciones de jornaleros digitales".
OJOS SOLIDARIOS
Más que al virus o a los accidentes de tráfico, los "riders" de Campana tienen miedo de ser asaltados, amenaza que según dicen es constante sea en el centro o en los barrios. Días atrás sucedió un hecho particular: a una de las repartidoras le robaron la moto y las pertenencias en el Dalmine Nuevo. Después de notificar por el grupo de WhatsApp que comparten todos los "riders" sobre las características que tenía la pareja de delincuentes, otros dos compañeros vieron a uno de ellos delinquiendo en el "Burger King". Después de seguirlo hasta su casa en el barrio Dallera y llamar a la policía, más de una docena de "riders" se hicieron presentes para solidarizarse y apoyar. La policía atrapó a la pareja y la víctima recuperó su moto con la que al otro día volvió a salir a trabajar. "Nos cuidamos entre todos. Muchos andamos de a dos por la calle. El compañerismo se da mucho. Saber que tenemos una red grande nos hace sentir seguros", dice Mariano.



