Las crisis y la necesidad de los impuestos a las Grandes Fortunas (III)
A medida que el paso de los días aproxima la iniciativa del Gobierno Nacional a presentar ante el Congreso de la Nación el proyecto de imponer un impuesto extraordinario, por única vez a las grandes fortunas con el único objetivo de paliar las graves consecuencias que la crisis del coronavirus está produciendo en todas las estructuras del país, llama poderosamente la atención el súbito nivel de virulencia que tomaron las acciones desplegadas por distintos sectores de la oposición.
Estas acciones incorporaron cuestionamiento no sólo al presidente, sino además a la estrategia que se articula con otras importantes figuras de la oposición. Parecería ser que luego del fallido intento del Poder Judicial de entorpecer el tratamiento del proyecto, hizo que se pusieran en práctica un abanico de acciones en distintos escenarios.
Con las consignas más diversas, contrapuestas y estrafalarias, pero claras en el unívoco destino de sus críticas, la plural maquinaria desplego todo su accionar. Los niveles de agresividad verbal y de hecho, llegaran incluso al delirio de hacer caracterizaciones que hirieran la sensibilidad de la DAIA, entidad ésta de insospechada simpatía por el gobierno, al equiparar algunas medidas, con las padecidas por el pueblo judío durante el nazismo. Dentro del mismo clima de delirio, una solicitada denominó el momento actual como "Infectadura", con la clara intención de equiparar este presente con los momentos más sórdidos de nuestro pasado reciente.
Esta sucesión de hechos no son casuales ni novedosos: son la clara demostración del nivel de irritación que les produce una posible intervención en el órgano más sensible que tienen estos sectores, sus bolsillos. Esta irritabilidad no es nueva, es histórica y tiene muchísimos antecedentes. Y aunque los voceros mediáticos de esos intereses expresen perplejidad y asombro por lo extemporáneo de este tipo medidas, saben muy bien de su existencia e implementación en distintos momentos de la historia. Y aunque de la reciente historia universal podrían extraerse distintos ejemplos, preferí seguir tomando aquellos de la nuestra, como ejemplo de la talla de esos hombres en hacerlas efectiva.
Este es el caso de Martín Miguel Juan de Mata Güemes Montero de Goyechea y Corte, que como su nombre lo indica, provenía de la más rancia aristocracia norteña, ya que su padre fue Tesorero de la Real Hacienda y fuerte terrateniente de Salta. La historia extraordinaria de este hombre fue que más allá de sus orígenes, grados y cargos, fue llamado por su pueblo: "Don Martín Miguel, el Padre de los Pobres".
Comprometido de muy joven con la causa de la Independencia (como cadete había participado en la defensa de Buenos Aires frente a los ingleses) fue hombre capital en la estrategia de Belgrano y San Martin en la Campaña Libertadora de América. Con muy escasos recursos y sobrado coraje, libró una constante guerra de guerrilla, conocida como la Guerra Gaucha. Sus hombres, que bien se habían ganado el mote de "Los Infernales", detuvieron seis invasiones del ejército español conservando así, seguras las espaldas de San Martin y el resto del territorio libre de invasores realistas.
En enero de 1818 Güemes reúne al Cabildo para tratar "Asuntos interesantes al servicio de la Nación" debido al sacrificio que el pueblo de Salta venía realizando para mantener la lucha y el grado de pobreza en el que este se encuentra, forma una comisión con el consentimiento del Cabildo para recaudar fondos para «atender las necesidades de la presente guerra», donde constan los nombres de los vecinos que deben contribuir con determinadas sumas de dinero. Cinco meses después, en junio, informaba a Belgrano que "había solicitado un préstamo por cuya garantía de pago ponía sus bienes y fincas".
El Estado nunca abonó estos ni otros préstamos, ya que Güemes perdió la mayoría de sus bienes. Fue en ese marco de grandes apremios que permitió la circulación en el noroeste argentino de moneda de plata de baja ley, conocidas como "moneda de Güemes", con artículos de plata extraídos de bienes de simpatizantes realistas y de las iglesias.
En abril de 1820 el Cabildo de Salta (a requerimiento de Güemes) establece una nueva contribución forzosa a cargo de hacendados, comerciantes y demás vecinos pudientes. La larga guerra y la necesidad de mantener bien armado y alimentado al ejército de gauchos, Güemes fue ganando enemigos entre la aristocracia de su provincia, en muchos casos proclive a terminar como fuera con dicha situación que les obligaba a contribuciones. Fue así que al año siguiente el Cabildo, que estaba integrado por un importante número de terratenientes y comerciantes, aprovechando su ausencia, lo acusa de tirano y lo depuso. Muchos de sus miembros se habían puesto de acuerdo para entregarle la ciudad al general español Pedro Antonio Olañeta que nuevamente invadía las Provincias Unidas.
Dicho movimiento, llamado "La revolución del comercio" por estar liderada fundamentalmente por comerciantes, fue rápidamente derrocado por lo que se dio en llamar la "Revolución de las mujeres", organizada por su hermana "Macacha" (María Magdalena Dámasa Güemes), quien fue una activa muy cercana colaboradora durante toda su gestión.
Pocos días después retorna a Salta y aclamado por la mayoría del pueblo, toma represalias contra aquellos que lo habían derrocado y se negaban a pagar la "contribución patriótica". A la luz de estos hechos se entienden los juicios que vertiera en una carta a Belgrano, al hablarle de "cierta frialdad que tenía cierta gente para con las cosas de la patria".
El 17 de junio de 1821 una partida de soldados realistas guiados de noche por algunos salteños que se habían refugiado en el cuartel español luego del frustrado golpe, lograron herirlo cuando huía y tras diez días de agonía, el general, de sólo 36 años, muere. En Buenos Aires, la triste noticia fue publicada bajo el título: "Ya tenemos un cacique menos". El artículo mostraba más alivio por la muerte de un enemigo ideológico, que pesar por un ataque a la ciudad de Salta por parte de los Realistas.
Martín Miguel de Güemes fue único general argentino caído en una acción de guerra con fuerzas extranjeras. En su honor por Ley, se declaró el 17 de junio, en conmemoración de su paso a la Inmortalidad "Día Nacional de la Libertad Latinoamericana". Quiero terminar esta nota del mismo modo que la anterior referida a San Martín, por ser ambos incuestionable ejemplo de claridad y valor frente a contingencias extraordinarias de la Patria. Haber exhumado este pedazo de historia tiene la pretensión que extienda su luz sobre el presente. Ella nos dice que cuando la causa es justa y esta contiene al pueblo, estos siempre acompañaran el valor de sus jefes, como fue con "Don Martín Miguel, el Padre de los Pobres".
Martín Miguel de Güemes



