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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 31/may/2020 de La Auténtica Defensa.

Fútbol Infantil:
Cuando imaginar nos hace felices
Por Néstor Bueri







Néstor Bueri

"¡Las plantas, nene, las plantas!". Así, cada mañana bien temprano; así, cada tarde; y así, a cada rato, desde el momento en que se dibujaba con la imaginación un estadio de fútbol en el patio de mi abuela. Una maceta con gladiolos que hacía de poste, la otra con helechos que completaba el arco, una pelota de goma o en el mejor de los casos de cuero y un solo jugador. Era todo lo que necesitaba para ser feliz.

Cuando ya había ganado experiencia, edad, un poco de estatura y el permiso de mi mamá, la vereda comenzaba a mirarse de reojo. Siempre había un árbol que reemplazaba las platas y uno aprendía a tirar paredes como veía en los partidos de la tele. El amiguito de la casa de al lado también había conseguido permiso y ya éramos dos. Se agregaron los hermanitos que vivían a la vuelta y el otro de enfrente. Entonces la vereda ya quedaba chica,

Había que imaginar de nuevo para planear esa cancha que tenía a los cordones de la calle como líneas laterales y a la unión de brea marcando el medio. Solo había que poner un par de remeras o un trapo o cualquier cosa que imaginara un par de arcos.

La calle, esa calle distinta, peligrosa, pero de amistades sanas, de risas permanentes, pasó a ser el estadio "único".

Después de varios clásicos jugados y varias raspaduras en el asfalto, cualquier extensión de tierra en la que cupiéramos todos, pasaría a ser nuestro segundo hogar. El potrero ya era la consagración, ahí no había macetas, no había plantas, ni asfalto duro, ni peligros. El potrero era la libertad del juego, era el salón de clase más grande del mundo, pero la imaginación seguía funcionando. No se concebía el juego sin usar la imaginación.

Mediante la imaginación podemos "ver sin ver", somos capaces de reproducir en imágenes todo cuanto queramos ya sea real o falso. Tal vez lo más importante de esta facultad mental sea el aspecto creativo de la misma.

La imaginación por sí sola no alcanzaba: había que crear, modificar, ir más allá en el juego y para eso se necesita copiar de algo, no se puede imaginar de la nada. Y antes se copiaba solamente fútbol. Los "programas infantiles" de la tele eran un partido de fútbol. No había muchos canales, solamente cuatro y si entonabas bien la antena podías ver Canal 2 con lluvia en blanco y negro y un ruido ensordecedor. Cambiando de canal con una rueda al costado del televisor para embocarla en el canal donde pasaban un partido, hasta daba miedo hacerlo. Si eso se rompía, chau tele.

No sé si mi infancia fue mejor, pero sí fue distinta: no existía "Lazy Town", ni "Ben 10" ni "Dragon Ball Z" ni demás nombres que hasta son difíciles de pronunciar. Solo necesitábamos un par de macetas y una pelota barata para imaginar y crear en el juego compartido. Vivir tardes enormemente felices y empezar a hacer amigos incalculables en cada ocasión.

¡Hasta el próximo domingo!


Néstor Bueri / Psicólogo Social


 
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