El mundo en el que vivimos se está transformando, pero esta vez no es un cambio proyectado por el sector dominante. Eso no es un detalle, no sólo no lo planificaron sino que está creando límites que afectan al sistema capitalista internacional. Esto se produce en "cámara lenta", como señala en una de sus notas Sandra Ruso, y podemos ver como esa demora provocó reacciones destructivas en nuestro país protagonizadas por la oposición macrista.
La evolución más intensa del coronavirus sucedió en las villas de la Capital, una especialmente por carecer de agua y luz. ¿Cómo no se combatió con urgencia esos problemas? La enfermedad ya estaba en la ciudad a la que regresó el turismo que viajó al exterior y no habitaba en la villa, pero algunos debieron cumplir con trabajo doméstico en hogares afectados de sus patrones. Hubo otros sucesos impactantes, muerte de ancianos en asilos, presos, actividades mal remuneradas, cajeras de supermercados, recolectores de residuos y trabajadores del área de salud que son protagonistas esenciales de la crisis. Esto fue un fenómeno internacional y la humanidad tiende a replantearse el papel del Estado que debería ejercer más control en las economías.
Un ejemplo claro lo da en Argentina el sector privilegiado que se resiste al aporte de impuestos que debieran serle ineludibles. Fueron disminuidos por la gestión de Macri, que hizo crecer la desocupación y la miseria a un amplio sector de argentinos, los que no tienen trabajo, los que no son propietarios de tierras, y todavía se percibe en algunos medios la defensa de esos intereses de unos pocos.
Es momento de apoyar un proyecto alternativo. Somos un país que puede producir alimentos que no dejarán de demandar por la crisis mundial creciente relacionada con escasez de producción. También tenemos sectores industriales valiosos.
El eje es sin duda la defensa de la vida, sobre todo de quienes no manejan fortunas.



