A medida que los días de cuarentena van pasando va resurgiendo como el ave fénix la grieta permanente entre las élites dominantes y el resto de la sociedad que tan sólo estaba adormecida quizás por el miedo que el coronavirus ha provocado en la población y que gracias a la eficacia de las oportunas medidas de aislamiento social que el gobierno ha adoptado va decreciendo.
Aunque desde siempre han dado muestras solapadas de que no están dispuestos a mínimamente disminuir su avidez de ganancias durante la persistencia de la pandemia ahora lo hacen desembozadamente. Como sucede en estos casos los medios de comunicación subalternos hacen gala de una obediencia debida inquebrantable sin importarles la creciente pérdida de credibilidad en buena parte de quienes otrora los consideraban como si fueran la versión contemporánea de los antiguos oráculos. Llama la atención ver como se presenta a muchos invitados como quien "más sabe" sobre alguna cuestión. ¿Es el que "más sabe" o el que va a decir lo que se quiere escuchar?
En la campaña de la prensa canalla para terminar con la cuarentena escuchamos que los ciudadanos claman por volver a la vida normal refiriéndose a la vida que los argentinos tenían antes de la pandemia y que nos quieren imponer como normal. Deberíamos preguntarnos si está bien que la sociedad anterior a la pandemia sea considerada como "normal" cuando es en realidad insoportablemente desigual e injusta.
Tengamos en cuenta por ejemplo que el ex presidente provisional del Senado y dirigente del PRO Federico Pinedo considera que "es totalmente normal que un gobierno vaya a ver a un juez para advertirle el daño que puede hacer con su fallo"., es decir que no se respete la separación de poderes tal como manda nuestra constitución. Un conocido axioma jurídico establece que "A confesión de parte, relevo de pruebas".
Es evidente que tratan de ocultar que las diferentes encuestas, incluso la realizada por Poliarquía a la que se puede acusar de muchas cosas menos de favorecer al gobierno, indican que el 70% de la población está de acuerdo con la cuarentena porque se sabe que hasta que se pueda contar con una vacuna el aislamiento es lo único capaz de evitar contagios y muertes.
Si bien este virus no distingue ni pelo ni marca, son muy distintas las condiciones en que las diferentes clases sociales tienen para tratar de evitar sus consecuencias y como siempre quienes están en peor situación son los sectores más postergados sin ser ellos los que introdujeron al coronavirus en nuestro país porque nunca viajaron al exterior.
Por sus condiciones de subsistencia los habitantes de las villas deben salir a trabajar fuera de su barrio y muchas mujeres son obligadas por sus patrones a seguir trabajando en casas particulares. Esta situación introdujo el virus en las villas provocando una inmensa propagación de los contagios.
Tengamos en cuenta que uno de los sectores de mayor riesgo son los viejos, o sea quienes ya no son productivos y ocasionan los mayores gastos presupuestarios que los más ricos no están dispuestos a financiar como lo han demostrado en todos los períodos neoliberales con el deterioro de las jubilaciones y el recorte en la provisión de medicamentos. Por supuesto los viejos de ese sector no necesitan de una jubilación y su medicina prepaga los cubre adecuadamente.
Una curiosidad de esta cuarentena es ver como aquellas personas que minimizan el castigo que significa estar preso y prácticamente piden la pena de muerte no soportan estar en sus casas sin poder salir.
Deberíamos estar dispuestos a construir una nueva normalidad donde toda vida nos importe de verdad.



