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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 26/abr/2020 de La Auténtica Defensa.

Opinión:
La esquina que ya fue
Por Arq. Jorge Bader





Jorge Bader

La ciudad fue concebida siempre como un lugar de encuentro e interacción social. El campo estaba identificado históricamente como el lugar de las distancias largas y la lejanía humana. La historia del urbanismo es una sucesión de integraciones humanas con objetivos económicos, de defensa o simplemente de oportunidades.

Pedirle a un habitante urbano que entienda por imperio de esta pandemia la cuestión del distanciamiento social obligatorio es una imposición necesaria pero una contradicción inevitable con lo que la ciudad le ha significado desde siempre.

El histórico lugar de encuentro en la esquina es un denominador común de nuestra vida. La indicación de cualquier punto de encuentro arranca con la obligada referencia a una esquina. De hecho, hay desarrollos urbanísticos basados en la reformulación de las esquinas como pequeñas plazoletas de interacción vecinal.

Cuando éramos chicos la "barra" se juntaba en la esquina, y la adolescencia transcurría en larguísimas charlas sobre la filosofía de barrio. La esquina del Club Social, era un lugar emblemático en Campana. Más de un nostálgico de mi época cuando lea esto sabrá de que hablo. Acodarse en la esquina del Social en las tardes de verano era como presenciar la vida de la ciudad y asumir un protagonismo inobjetable.

Las plazas y los parques son el lugar de esparcimiento y centro de la vida gregaria. La historia urbana de nuestra ciudad tiene innumerables ejemplos de los reclamos barriales por la generación de sus plazas como centro de la vida social. Desconocer esta cuestión es como negar el objetivo central de los conglomerados urbanos.

Brasilia, ciudad pensada desde la óptica de la segmentación y racionalización de las funciones urbanas fue un fracaso en el sentido del diseño de sus proyectistas porque la verdadera vida social fue intensa a partir del color que le aportaron los obreros, que se quedaron a vivir allí, por fuera del esquema preestablecido, y la llenaron de esa interacción social que todo espacio de relación debe tener. Las teorías posteriores del urbanismo han reconocido la convivencia armónica de la integración social, y la confluencia de individuos como base de la dinámica urbana. Hoy estamos en el proceso inverso debido al riesgo contingente derivado de este virus incomprensible. ¿Cómo se habrá de reacomodar la ciudad a estas cuestiones contrarias a su objeto?

Distanciarnos en el campo es al menos comprensible, pero en la ciudad donde todo fue diseñado para la confluencia es muy complejo y obliga a acciones que se contraponen y distorsionan el funcionamiento más lógico de la sociedad. Un bar, el encuentro en el banco, la charla circunstancial en la vereda y la cercanía humana como simple comunicación de empatía con el otro son las cosas que debemos resignar, por simplificar las mínimas cuestiones cotidianas, entre los miles de otras que no tiene sentido enunciar.

¿Habrá una redefinición de la ciudad a partir de esta toma de conciencia que los mismos pares pueden ser los portadores de un riesgo de vida? No existe ni se concibe una ciudad sin gente, y mucho menos sin la interacción de esa gente. Sabemos cómo fue la respuesta de la sociedad en el pasado frente a las pandemias, y a las crisis urbanas globales. La pregunta es cuál va a ser nuestra respuesta hoy frente a la continuidad de esta crisis. Porque, era para el pasado tan desconocido el causante del cólera, como lo es hoy el Covid, 19, incluso quizás mucho más porque los medios y las posibilidades técnicas y científicas eran menores, y el esquema de creencias de la sociedad era totalmente distinto. Sin embargo, las ciudades no perdieron su espíritu.

¿Qué va a suceder el día después, en una sociedad globalizada que nos ha enseñado que los descuidos de un lado del mundo llegan a la puerta de nuestra casa en forma casi inmediata? ¿Cómo vamos a responder desde las distintas disciplinas, y cómo va a ser la gestión urbana a partir de una nueva visión de las relaciones sociales, puestas en jaque por este virus, donde la cuestión preventiva pasa por la distancia interpersonal?

Economía, sociedad e individuo se enfrentan a una nueva dimensión, tal como sucedió, en los ejemplos que relaté en los últimos artículos, de Londres y Paris.

Termino con mi interrogante, ¿Estaremos los individuos preparados?, ¿Estaremos como sociedad preparados?, ¿Y estarán nuestros dirigentes a la altura de este desafío?

El mundo se enfrenta a nuevos paradigmas globales, en lo personal y humano entre la interacción cautelosa o el aislamiento temeroso, y en lo político y social entre el aislamiento nacionalista o la solidaridad mundial. El avance en el control de la sociedad hasta convertir a los gobiernos en el gran hermano todopoderoso, por sobre el respeto de las individualidades de modo que cada uno interprete su responsabilidad social. Bajo el pretexto del control sanitario China y otros países de Asia, han reforzado su control sobre los individuos y están produciendo una sociedad desintegrada.

El auge del individualismo con el pretexto del riesgo sanitario permite el avance de gobiernos totalitarios. Finalmente las ciudades hipervigiladas y la sociedad distanciada y segregada son un nuevo modelo de habitación colectiva, y en ese escenario, la pérdida de privacidad y libre albedrío nos dejan frente a un final abierto lleno de dudas.


Arq. Jorge Bader - Matrícula CAPBA 4015


 
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