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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 19/abr/2020 de La Auténtica Defensa.

Opinión:
París, paredón y después
Por Arq. Jorge Bader




Jorge Bader

La ciudad de París, se inició en un par de islas que al día de hoy podrían considerarse el centro histórico más representativo. En una de ellas, la "Isla de la ciudad", está la Iglesia de Notre Dame, uno de los monumentos religiosos más fotografiados del mundo, recinto de historias como la famosa novela de Quasimodo, creación de Víctor Hugo, que supuestamente habitaba sus torres, y centro de las noticias internacionales hace muy poco cuando su cubierta desapareció por un voraz incendio.

En esa isla amurallada se establecieron los galos, y allí se inició la ocupación del territorio. Obviamente tuvo su período de dominación Romana, y se la conoció con el nombre de Lutecia. Fue la cuna de la famosa Revolución que difundió los ideales de Libertad, Igualdad y Fraternidad, en la revuelta donde un pueblo sometido se rebeló contra las dinastías aristocráticas.

Ahora bien, en el año 1840 la ciudad era como muchas otras ciudades europeas, un caserío apretado de viviendas feudales, con calles tortuosas y una fuerte contaminación producida por la falta de alcantarillado, las aguas servidas, las deposiciones animales y la cantidad de mataderos y curtiembres a la vera del Sena. Además, el Sena es un río de curso lento, sinuoso, como típico río de llanura de escasa pendiente, flanqueado por los sucios paredones de galpones y barracas. Esto generaba un panorama Dantesco.

Es curioso ver como los historiadores ingleses hablan de aquel París como la cuna de la putrefacción, y viceversa. Lo cierto es que como ya relaté en anteriores artículos, ambas ciudades competían en degradación. Pero en París había un componente adicional.

Las revueltas urbanas habituales en el 1848, hacían que las turbas bloquearan las estrechas y tortuosas calles y se hicieran del dominio de los barrios de la ciudad. La famosa pintura de Delacroix, "La libertad liderando al pueblo" refleja la realidad de esa época. En ese contexto llega al poder Napoleón III, apoyado por las burguesías agropecuarias, en elecciones donde por primera vez el voto universal masculino era obligatorio. Dicho sea de paso, Víctor Hugo lo odiaba, lo consideraba un errático personaje, ya que no había vivido en Francia, sino que venía de una larga estadía en Inglaterra, y su regreso era una garantía de la continuidad imperial. Basado en eso pronunció la famosa cita, "No es un príncipe el que vuelve, sino una idea" en clara oposición a las cuestiones dinásticas.

Lo cierto es que Napoleón III llegó, e inmediatamente con un fuerte personalismo y carácter autoritario, suspendió libertades de asociación y prensa. Pero la estructura urbana le jugaba en contra. Una ciudad medieval no era funcional al dominio militar. Así que nombro a Georges Haussmann, como prefecto del Sena primero y luego como Prefecto de París. Haussmann era abogado y había desarrollado una carrera desde joven en la función pública. El propio NapoleónIII, después de su primera reunión dijo haber encontrado un individuo vigoroso, tenaz con firmes convicciones, muy "ladino", pero con criterio, con lo cual quería decir que era funcional a sus intereses.

Lo cierto es que, amparado en el objetivo sanitario, encubriendo el verdadero objetivo militar de movilización de tropas y control de la población, el Prefecto fue el responsable de la reforma urbana más espectacular de lo que se conoce como el urbanismo de la modernidad incipiente. La primera cuestión fue el trazado de dos ejes centrales, el boulevard Sebastopol de norte a sur, y la avenida de los Campos Elíseos, de este a oeste. En cada cuadrante se estructuraron en forma distante las clases sociales, de modo que la plebe quedara perfectamente confinada.

Más allá de la cuestión ideológica subyacente, la ciudad sucia y tortuosa se transformó en la ciudad que hoy conocemos y que atrae por su homogeneidad, y calidad arquitectónica. Haussman era apodado en su época "El supremo demoledor" ya que abrió grandes avenidas vinculando monumentos históricos, y donde no los había, los creaba, de modo que desde las diagonales se pudiera ver permanentemente algún puntode interés. Las calles se ensancharon para permitir la circulación de las tropas represoras de revueltas, pero se embellecieron con arboledas y parterres para justificar la inmensa escala para la época y disimular aquel objetivo. Se hicieron las obras sanitarias y en paralelo se organizó una estructura operativa al servicio de la reforma de modo que muchos edificios monumentales se construyeron en ese mismo acto.

La historia reivindica a Haussman como el urbanista, pero detrás de él había un equipo inmenso de sanitaristas, ingenieros, topógrafos, Arquitectos, y operarios de todos los oficios. Hay múltiples anécdotas sobre su ego y su fuerte personalidad, la vida de Haussmann ha dado para infinitos libros. Cuento una anécdota, de las miles. Cuando se proyectaron los Halles centrales, un mercado multitudinario, el primer proyecto hecho por el Arquitecto Baltard, era una obra pesada de granito macizo. Haussman le impuso cambiar el proyecto por una estructura de hierro y vidrio al estilo de los nuevos tiempos industriales. Cuando Napoleón III vio la obra, se asombró y preguntó cómo, el mismo arquitecto podía proyectar dos obras tan diferentes, y Haussman, le respondió, "El Arquitecto es el mismo, pero el Prefecto es diferente".

De su soberbia, y de esa inteligencia colectiva surgió el perfil uniforme de 5 plantas, techos de mansardas con pizarra negra y balcones de hierro, rítmicos con salientes permitidas en el tercer y quinto piso, imagen del París actual. Los desalojos no fueron menos crueles que la destrucción masiva de viviendas sobre todo de los sectores más populares. Se mantuvo en su gestión durante 20 años, y finalmente dejo la impronta y el plan de acción para los próximos 20 años siguientes. Tuvo que aceptar su separación del cargo por los excesos presupuestarios que obviamente estaban acorde a la magnitud de la obra, pero que le valieron incontables críticas. Ese estilo de pensamiento urbano, se multiplicó en las escuelas de agrimensura y diseño.

Pedro Benoit, de indudable apellido francés, diseñó La Plata con esa impronta Hausmaniana. Chapeaurouge, de ascendencia suiza, pero nacido en Francia, diseñó el casco céntrico de Campana, con ese mismo criterio. Las interposiciones de la Diagonal Norte y Sur en el centro de Buenos Aires fueron influenciadas por esa ola de replicar a París. El plan de Barcelona, de Ildefonso Cerdá es otro ejemplo de la influencia de Haussman, y en Berlín el famoso boulevard Unter den linden (Después de los tilos, que alguna vez lo poblaron) fue un intento tardío de emular la "belleza" de las avenidas de París.

La lista no se agota acá. Pero el objeto de esta reflexión es entender que, entre otras cuestiones, las pandemias, las crisis sanitarias, y los problemas generados en la falta de planificación urbanística, fueron un detonante, que proyectaron cambios centrales en la forma de hacer ciudad y mejorar la vida urbana. Mi aporte va siempre en el mismo sentido, pensar la ciudad no es un tema menor y es un tema obligado si queremos avanzar como sociedad.


Arq. Jorge Bader - Matrícula CAPBA 4015


 
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