Cómo es absolutamente lógico la irrupción en todo el planeta de un virus desconocido hasta el año pasado y con un poder de contagio inédito tiene al mundo en vilo dado que la única estrategia efectiva conocida hasta el momento, más allá de los cuidados higiénicos habituales ante cualquier virus, es el distanciamiento entre las personas para lo cual lo recomendado por todo el mundo científico es establecer una cuarentena lo más rigurosa posible.
Ante esta situación los diferentes gobiernos han tomado distintas decisiones políticas de acuerdo a los intereses que realmente representan porque toda cuarentena implica una caída de la actividad económica. En este sentido el gobierno ha adoptado priorizar la salud y la vida de los ciudadanos aunque esto signifique una enorme pérdida en términos económicos. El presidente Alberto Fernández fue contundente al decir que "de un PBI malo se vuelve, de la muerte no".
Lo cierto es que el mundo está demostrando que aquellos países renuentes en adoptar las medidas que se han implementado en el nuestro se han visto en la necesidad de reforzar las medidas de aislamiento social ante el impresionante aumento exponencial de contagiados que han colapsado a sus sistemas de salud que provoca un enorme número de muertes y lleva a tener que elegir entre quienes son atendidos y quienes son condenados a morir.
Esta pandemia ha demostrado que una salud pública que pueda dar respuestas es imprescindible al momento de hacer frente a estas situaciones a las que por su propia naturaleza el sector privado es absolutamente ineficaz incluso muchos de aquellos países adoradores del dios mercado se han visto en la necesidad de declarar a la salud privada de interés público y que en el nuestro concitó una incomprensible oposición con el mentiroso y malintencionado argumento de que se trata de una estatización con lo que se dio marcha atrás.
Si bien todos manifiestan su preocupación por este drama y no se cansan de recalcar los beneficios de estar todos unidos para enfrentar al coranovirus vemos como ha comenzado la pulseada para establecer cuáles son los sectores que mayormente se deben hacer cargo del enorme costo que trae aparejado esta pandemia.
Así vemos como quienes "la juntaron en pala" en los últimos años se niegan a hacer su necesario aporte, más allá de algunas donaciones que no les significan esfuerzo alguno, despiden a sus trabajadores o aumentan demasiado los precios de los alimentos aprovechando que la gente no puede andar por las calles comparando precios o la banca privada renuente a otorgar préstamos a las pymes para pagar sueldos y todos ponen el grito en el cielo ante la posibilidad de tener que pagar un impuesto por única vez sobre sus fabulosos patrimonios muchos de los cuales han sido fugados al extranjero.
También observamos como la prensa canalla, que responde a los intereses de los poderosos, está permanentemente embarcada en una constante prédica que busca erosionar el apoyo popular que el gobierno tiene por la manera en que está empeñado en minimizar las consecuencias del coronavirus y que hasta ahora está dando buenos resultados.
Recordemos lo que la Canciller federal de Alemania Ángela Merkel le dijo al presidente Alberto Fernández cuando se reunieron con motivo de su gira europea: "Nunca entendí por qué en la Argentina los ricos no pagan más impuestos". La verdad que es difícil de entender, salvo para los ricos que lo entienden y están dispuestos a hacer hasta lo imposible para que continúe así.
Es evidente que en nuestro país y en el mundo hay un verdadero parteaguas entre los que sufren la desigualdad y los que la provocan.



