Algunas veces, ocurre que el conjunto de personas que integran el Estado, entendido éste como un lugar geográfico delimitado, donde residen un conjunto de personas organizadas en forma política y jurídica, logren mediante características históricas, culturales y complejos conceptos sociológicos, desarrollarse en una entidad propia, que aun, careciendo del elemento geográfico, logran integrarse en un concepto que denominamos NACIÓN.
Los Estados en los que azotan las guerras civiles o disgregadas por carecer de una cultura que los identifique; los que periódicamente reivindican en forma contradictorias sus propios hechos históricos y que refieren como panacea el convertirse a la imagen y semejanza de otros Estados, no constituyen una NACIÓN.
Nuestra Constitución, en su preámbulo declama: "Nos, los representantes del pueblo de la Nación Argentina…": a mi criterio, la inclusión de dicho concepto, fue la mayor ambición de quienes concebían el acto fundacional del Estado.
Obviamente el concepto de Nación a la que refería, aspiraba a la unidad nacional, a la igualdad de sus habitantes, a las mismas obligaciones y derechos y moldeaba un concepto de NACIÓN pluralista. Lo cual no es sencillo.
Y con mayores o menores aciertos, durante estos 204 años hemos intentado tener nuestra propia identidad…Caudillos, Anarquía Política, Unitarios, Federales, Rivadavia, Dorrego, la consiguiente guerra civil, Rosas, Sarmiento… innumerables avatares políticos con consecuencias socioeconómicas inmensurables e incluso, siempre se han empleado políticamente las grietas. No hace falta ahondar en más títulos ni reseñas históricas, para entender que, obviamente, estábamos (resalto estábamos) muy distantes de ser una Nación.
Se ha teorizado los elementos que constituyen la Nación, sin embargo, la suma de todos esos elementos, resultan insuficientes si no se tiene el apego a las costumbres, las normas y leyes. Y no al apego por su capacidad coercitiva, sino al apego moral.
Una Nación existe cuando cada uno de sus integrantes naturaliza su pertenencia a un todo. Entonces el respeto a la ley no resulta por el castigo, sino por una convicción moral o ética que lo arraiga a esa comunidad y la intelectualiza en un ideal para ser parte de ella.
El poder de una Nación, radica en la soberanía del pueblo, la que otorgamos su embestidura mediante el sufragio. División de Poderes, alternancia en los cargos, Justicia independiente… y todo es posible porque existe una ley. "Ley", la que, en una NACIÓN, es interpretada conforme a su espíritu, y al de la Nación misma.
La emergencia sanitaria del Orbe, nos está llevando por vez primera, a respetar sin cuestionamientos las normas que se dictan, a encontrarle el sentido de protección para cada uno de nosotros y al conjunto de individuos que nos rodean. No cuestionamos las formas o procedimientos. Nos empezamos a sentir –realmente- protegidos por el Estado y comenzamos a ver que, cada uno de nosotros pierde su individualidad para pertenecer al todo e integrar una Nación.
En la sumatoria de hechos y circunstancias, se vislumbra, tras éstos fatídicos acontecimientos, (Coronavirus COVID-19) el incipiente concepto de Nación, en todos los habitantes de la República. Enraizar éste concepto, nos lleva al esplendor del Estado.
Pedro Tomás Pasquale (Abogado UBA 1989) - (Universidad de Buenos Aires. Facultad de Derecho y Ciencias Sociales. Instituto de Derecho Político y Constitucional -Cátedra de Derecho Político - Bidart Campos - Seminario "Actitudes Políticas" 1980)
Imagen ilustrativa.



