Con ingenio y apelando a la "letra chica" intentaron sobrellevar los cambios en las modalidades de atención y ventas decretados por el Municipio. Pero con la nueva cuarentena obligatoria, no podrán permanecer abiertos.
Los comercios del rubro gastronómico son los más afectados por las medidas para combatir la propagación del coronavirus y advierten que su continuidad en el tiempo podría afectarlos seriamente.
Al negocio local hasta ayer solo lo golpeaban las restricciones municipales que prohibían la permanencia de clientes en los establecimientos y también la menor circulación en la calle de consumidores al paso. Pero con el decreto de la cuarentena obligatoria a nivel nacional, su actividades prácticamente quedaron paralizada.
"Hay muy poca gente en la calle. Esto es crítico y más para nosotros que tenemos mucho personal", comentaba Miguel Koval el miércoles, mientras promediaba un cigarrillo sentado frente a las persianas bajas de su heladería de avenida Rocca esquina Becerra, donde emplea cerca de 12 personas. "Se está complicado demasiado, pero veremos cómo la llevamos", expresaba.
Cuando el Municipio restringió la operación de este tipo de locales gastronómicos, los comerciantes supieron que debían apelar a la "letra chica" de las normativas y ser creativos para que las ventas no se desplomarán. Por eso, muchos habían optado por el delivery o la modalidad "take away": encargar por teléfono y retirar sin demoras por el establecimiento. Eso había hecho la tradicional pizzería La Fortuna, ubicada frente a la Plaza España.
"Por el momento bajó un montón la venta, lo cual es preocupante. Nos pasa a nosotros y a todos los comerciantes, pero me parece que las medidas son las acertadas", sostenía Carla Navazzotti, integrante de la familia propietaria. "Esperemos que haya actividad por lo menos para afrontar los costos, pagar sueldos y sobrevivir estos meses hasta que pase, porque en algún momento tiene que pasar", señalaba apenas 24 horas antes de que se confirmase la cuarentena obligatoria. Hoy el panorama parece ser mucho más oscuro.
Desde el miércoles, establecimientos que después de las 18 suelen tener su mayor caudal de clientela tenían al personal mínimo requerido para atender los pedidos o se encontraban directamente cerrados. Las dos principales cervecerías de la ciudad, Antares y Baum, estaban inéditamente desoladas. Ambas cadenas habían informado un día antes y a través de sus redes sociales que solo venderían comidas de la carta y cervezas -incluida la recarga de botellones- para llevar, aunque Baum se alió a una aplicación digital para hacer también entregas a domicilio. En tanto, Café Martínez se encontraba cerrado, al igual que La Cátedral, que en su puerta de vidrio tenía colgado un cartel que se preguntaba "Coronavirus: si no tomamos conciencia hoy, ¿entonces cuando?".
La heladería Real era otro de los locales de la avenida Rocca con sus persianas semi bajas y con un papel en la vidriera que indicaba el número al que llamar por sus famosos helados. Tongoy, otro clásico del ajetreado centro campanense, tampoco escapó al escenario planteado por el COVID-19 y se mantuvo todo el día con sus verdes cortinas plegadas de lado a lado.
"Tratamos de tomar todo con calma, aunque al principio estaba muy nerviosa por el tema económico no solo mío sino también de mis empleados", reconoció Virginia Borras, dueña del bar y panadería Groove de avenida Varela. "No quiero ganar dinero, solamente sostener el negocio hasta que pase la pandemia", dijo sentada en la barra del bar, que solo atendió pedidos para llevar.
La emprendedora recordó que a fin de mes debe pagar el sueldo de los empleados más "la luz, el gas, el alquiler y los impuestos municipales". Y con esta caída del consumo, las ganancias parecen ser un objetivo inalcanzable por ahora.
"Es un problema muy grave, no es para tomarlo a la ligera", advirtió este miércoles Horacio Genta, presidente de la Cámara Unión de Comercio e Industria Campana (CUCEI), quien adelantó que cuando la crisis sea superada es probable que el sector le solicite al Municipio medidas de alivio fiscal, como descuentos en el pago de la Tasa de Seguridad e Higiene.
Pero el gobierno se adelantó. Este jueves se anunció durante la sesión del Honorable Concejo Deliberante que el intendente Abella dispuso la eximición del pago dicho tributo por el tiempo que duren las restricciones que definió para los comercios locales. Lo hizo a través del decreto 144, según informó la concejal oficialista Romina Vullich. El peronismo había intentado aprobar sobre tablas un proyecto más radical: una eximición total de impuestos municipales para los comercios que demostrasen haber sufrido pérdidas durante la pandemia, iniciativa que no tuvo el acompañamiento de los demás bloques y fue girada a comisión.
Koval anunció su regreso para ayer, aunque solo atenderá clientes al paso.
Tongoy se mantuvo con sus cortinas plegadas de lado a lado.
Un cliente realiza un pedido en Baum, que luce su siempre concurrido patio desolado.
La galería de La Cátedral, desierta. El local cerró por el coronavirus.
Los helados de la Real solo están disponibles a través de delivery.



