Después de nacer Jesús en Belén de Judea, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos (sabios) y le preguntaron a Herodes: ¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque venimos a adorarle… Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron tres presentes: oro, incienso y mirra. (Mateo 2:1,11).
El pasaje dice que eran magos, pero no porque practicaran la magia como se entiende actualmente. En aquellos tiempos, se llamaba magos a los sabios, a los filósofos, a los estudiosos de las ciencias, y especialmente a los astrónomos que investigaban el curso de los astros.
El relato bíblico, dice; "¿Dónde está el rey de los judíos? Porque su estrella hemos visto y venimos a adorarle". Estos sabios son los únicos que, interpretando las profecías, lograron discernir los tiempos y se aventuraron a adorar a un recién nacido como si fuese Dios. Los estudiosos judíos, quienes se suponen que tenían más "ventaja", por estar en contexto, pasaron por alto aquel momento importantísimo, que cambiaría luego la nación y el mundo entero. Y, a decir verdad, fueron los únicos, que, buscando la verdad por las Escrituras y el universo, ¡sí! por la Biblia y por la física-matemática, discernieron los tiempos y llegaron a los pies de Jesús.
Se suponía que la escuela de mayor renombre estaba en Jerusalén, sin embargo, estos sabios provenientes quizás de Babilonia (actual Irak) eran más ávidos espiritualmente hablando. Muchos no han tenido la posibilidad de ir a una universidad o seminario, pero nada es excusa y limitante para descubrir la verdad y adorar correctamente (sin caer en idolatría). Otros no se aventuran a correr el "riesgo" de la vida eterna, esto es, estar dispuestos a ser obedientes y caminar por fe "Viendo al niño, se postraron y lo adoraron". A estos sabios no les importó abandonar su lugar de origen, sus trabajos, y correr el riesgo de perderlo todo, por tal de inclinarse ante un bebé sosteniendo que era Dios encarnado. Ninguna persona racional haría algo así por un desconocido y encima, recién nacido. Era solo un bebé, era eso ¿O no?
Imaginemos por un momento cuando salieron de sus hogares, y tuvieron que decir: Me voy a tomar dos meses porque nació un niño llamado Jesús, que es el Cristo, y vive cerca de Jerusalén ¿Situación difícil verdad? Y no solo eso, sino que le entregan tres presentes de gran valor haciendo alusión a que era el Rey de reyes, el Hijo de Dios e Hijo de Hombre. Los sabios, no estaban cómodos en su zona de confort buscando la verdad. Sino atentos a los tiempos, a las señales. Arriesgados, valientes, dispuestos a dejarlo todo por ir tras aquello en lo que se cree.
Finalmente, concluimos haciendo un llamado a que, en este año entrante, no solo estemos dispuestos a buscar la verdad, sino también a correr el riesgo por ver a Jesús e ir tras lo que Él nos propone. Solo de esta manera, estaremos en el espacio justo y en el tiempo apropiado, contemplando la gloria de Cristo y presenciando al caminar, milagros jamás imaginados. (Juan 8:12) "Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida".
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¡Hasta la próxima semana! ¡Dios te bendiga! Josué Monte
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