Vivimos un momento con un complejo contexto internacional. Latino-américa padece el enfrentamiento por hegemonía entre EEUU China y Rusia. El plan de globalización neoliberal de China conserva la importancia del papel del estado y ha tenido una evolución más exitosa que la de occidente. EEUU ha vuelto al proteccionismo. Europa padece una caída del nivel de vida de sus habitantes, crisis de desempleo, y el protagonismo lo ejercen corporaciones, bancos y capitales financieros especulativos.
Este contexto parece haber motivado una fuerte presión de dominio sobre Latinoamérica. En Bolivia hubo un golpe de estado cívico-militar detrás del cual están la OEA y EEUU. Es la reaparición de asociaciones entre la oligarquía nacional y la potencia imperial.
En Chile la rebelión popular reapareció con presencia importante como herramienta de cambio. Ha forzado un calendario electoral que apunta a la reforma constitucional. Si esto se concreta sería muy importante para reemplazar las reglas impuestas por el régimen pinochetista. El fenómeno chileno implica la destrucción del modelo ideal del sistema neoliberal, con centralización en el parlamento y sin espacios de militancia opositora.
En estos días se ha producido también rebelión en Colombia por derechos laborales y por los que protegen los pueblos originarios.
El pueblo argentino tiene la oportunidad de convertirse en modelo regional profundamente democrático. La participación de Alberto Fernández en el rechazo al golpe boliviano ubica a nuestro país en su tradición de protagonizar la situación latinoamericana.
En Argentina se cumplieron el 22 de noviembre 70 años de la eliminación del arancelamiento universitario dispuesta por el gobierno peronista. Es un hecho simbólico de igualdad social importante que permite el acceso de sectores humildes a carreras que producen su ascenso en nuestro pueblo.
Esa posibilidad simboliza profundamente el concepto de movilidad social por el que siguen luchando pueblos latinoamericanos.



