Cada día se nota con mayor claridad el permanente esfuerzo de la prensa canalla, también conocida como medios hegemónicos, en construir un relato que logre suplantar a la realidad en la opinión pública, llegando incluso a repetir a sabiendas mentiras favorables a sus propósitos. Así inventaron enfermedades del electo presidente y peleas dentro del Frente de Todos, por citar sólo dos ejemplos. Algunos son tan burdos que les duran muy poco tiempo.
No debería llamarnos la atención la casi nula difusión de decisiones que está tomando el poder ejecutivo y que continúan significando graves perjuicios para el Estado Nacional. Hace pocos días se conoció que pese a las crecientes restricciones fiscales que llevaron al gobierno a recortar gastos de todo tipo e incluso reperfilar las deudas de corto plazo, se dispuso un desembolso de 24.524 millones de pesos a favor de las empresas petroleras por diferencias cambiarias.
Este hecho demuestra una vez más que el ajuste que sigue exigiendo el FMI solamente tiene como destinatarios a los sectores más vulnerables de la sociedad y no a quienes se siguen enriqueciendo con esta política económica. Es contra estos privilegios anti populares que votaron los argentinos, que se ha levantado el pueblo chileno y también que lucha el pueblo boliviano para que no vuelvan.
Estas operaciones mediáticas no se limitan al ámbito nacional sino que se pueden apreciar respecto del golpe genocida en el Estado Plurinacional de Bolivia.
Es notable ver como insisten en que en las recientes elecciones bolivianas hubo fraude cuando prestigiosas entidades internacionales lo niegan. El tan mencionado informe de los enviados de la OEA para monitorear dicha elección habla de algunas poquísimas irregularidades pero en ningún momento menciona que hubo fraude.
Lo que nadie puede negar es que Evo Morales ganó por amplísimo margen y que su actual mandato aún está vigente dado que es a la asamblea legislativa a la que le corresponde aceptarla, hecho que aún no se produjo. Hay que tener en cuenta que la renuncia de Morales fue arrancada por la fuerza.
Tampoco se dice que la autoproclamada presidenta de facto obtuvo en la anterior elección tan sólo 40.000 votos y que la banda presidencial le fue colocada por un miembro del ejército. También se calla que nuestro gobierno sabía con seis días de antelación del golpe en curso y no hizo absolutamente nada para tratar de evitarlo demostrando, por si quedaban dudas, su complicidad.
Resulta revelador el estridente silencio de aquellas entidades que se autoproclaman defensoras de la libertad de prensa. Nada han dicho del permanente blindaje mediático que el ilegítimo gobierno boliviano ha construido y que incluye amenazas y persecuciones a medios y periodistas, tanto bolivianos y extranjeros, para impedir que puedan informar de lo que verdaderamente está sucediendo. Evidentemente en este caso, como en tantos otros, el silencio no es salud.
Tengamos en cuenta que estas canalladas revisten una gravedad superlativa porque están costándoles la vida a un gran número de bolivianos que pacíficamente protestan contra el golpe. Acordémonos de aquella estrofa de la canción "La Carta" de Violeta Parra que dice: "Habrase visto insolencia / barbarie y alevosía / de presentar el trabuco / y matar a sangre fría / a quien defensa no tiene / con las dos manos vacías".
No por nada, una de las primeras medidas adoptada por Mauricio Macri cuando recién asumió la presidencia fue anular por decreto la Ley 26.522 de Servicios de Comunicación Audiovisual también conocida como Ley de Medios que fue fruto de numerosísimos debates y contó con un enorme consenso entre los trabajadores de prensa. Debería ser una de las prioridades del próximo gobierno desandar el camino macrista respecto a esa ley fundamental para la vida democrática.



