Resulta realmente desopilante y preocupante a la vez comprobar que el macrismo hasta en sus últimos días de gobierno continúa creyendo que son creíbles para la gran mayoría de los ciudadanos las mentiras con que nos tiene acostumbrados.
En un reciente documente cuya autoría corresponde al actual jefe de Gabinete de Ministros de la Nación Marcos Peña y que simulando un estudio serio tituló "Ocho puntos sobre la economía" en el que enumera algunos de los supuestos logros del gobierno derrotado en forma contundente el pasado 27 de octubre.
En el documento mencionado podemos leer frases tales como: "el país está listo para crecer", "en estos cuatro años nos ocupamos de apagar los motores de la inflación", "la deuda pública dejará de ser un problema" y "en nuestra gestión se crearon 1.250.000 puestos de trabajo". Aunque cueste creerlo las citas entrecomilladas son textuales y son verdaderos hallazgos dignos de programas de Diego Capusotto o Tato Bores.
Para no ser menos que Marcos Peña el saltimbanqui Miguel Ángel Pichetto declaró que "En la última etapa la oposición, con la Iglesia, inventaron el hambre. No les alcanzaba la pobreza e inventaron el hambre". Este todo terreno devenido en feroz macrista sería la envidia de Ray Bradbury si ese enorme escritor viviera quien quemaría paradójicamente su famoso Farenheit 451 abrumado por su pobre inventiva.
Lo altamente preocupante no es que se trata de una enumeración de logros evidentemente no alcanzados sino que hicieron exactamente lo contrario para conseguirlos. Al no haber un reconocimiento de esta realidad tan dolorosa para la mayoría de la población y de la cual se proclaman orgullosos, se puso en evidencia que no se trató de errores sino que esta catástrofe social y económica es el objetivo perseguido desde el primer día.
Es probable que la intención de tanto desatino sea fidelizar los votos conseguidos de ciudadanos golpeados por los resultados de esta política económica en quienes prevaleció su gorilismo exacerbado por el propio oficialismo.
Como se puede ver es realmente una fábula delirante cuya evidente moraleja es: Nunca más permitamos políticas neoliberales en nuestro país.
Tal cual era de esperar los distintos sectores han comenzado a tratar de marcarle la cancha al electo presidente. En este sentido una y otra vez surgen los sectores empresarios reclamando una reforma laboral que signifique una merma sustantiva de los derechos que aun hoy conservan los trabajadores con el remanido cuento de mejorar su competitividad y así poder exportar y conseguir para el país los dólares que necesitamos como el agua. Lo curioso es que cada vez que les hicieron caso no ocurrió nada de lo que prometían y solamente se tradujo en mayores ganancias para los patrones.
Lo que sí se debe tener en cuenta es el resultado del experimento que Microsoft realizó en Japón. A contramano de las propuestas de las grandes empresas locales la filial nipona de esa empresa de punta a nivel mundial redujo la semana laboral a cuatro días y consiguieron un significativo aumento de la productividad de sus empleados..
Sin que les disminuyeran el sueldo ni sus derechos, aumentaron la productividad y las ventas un 40% y como resultado de los menos días trabajados obtuvieron beneficios adicionales. El uso de electricidad disminuyó un 23,1% y también se imprimieron 58,7% menos páginas, entre otros.
El presidente y CEO de Microsoft Japón, Takuya Hirano declaró: "Trabaje poco tiempo, descanse bien y aprenda mucho. Es lo que recomiendo a mis empleados. Es necesario tener un entorno que le permita sentir su propósito en la vida y tener un mayor impacto en el trabajo". Por algo son líderes mundiales.



