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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 03/nov/2019 de La Auténtica Defensa.

Opinión:
Monologando
Por Arq. Jorge Bader




Jorge Bader

Empieza un nuevo período institucional y ya aparecen en la escena, algunas cuestiones urbanas no resueltas.

Esta semana se planteó rápidamente la continuidad de los proyectos de ordenanza que afectan a la zonificación. Para hacerla fácil, y según lo que imagino, podemos decir ¡Chau Tajiber! y, con el mismo criterio, será lo que será en el tema de las alturas de los edificios.

Veamos. La discusión del uso del suelo en el terreno del ex Tajiber se centró oportunamente en la revisión de los espacios asignados al uso público, los factores de amortiguación con la zona de reserva y la verdadera factibilidad de la construcción real del proyecto por sobre la circunstancia del negocio inmobiliario. Temas sin respuesta y en compás de espera hasta la resultante eleccionaria.

No será la primera vez en que la simple plusvalía del cambio de uso del suelo es solo una oportunidad para ese negocio inmobiliario, con una dudosa y lenta materialización de los proyectos planteados y mucho menos aún las verdaderas ventajas para la ciudad.

De los temas de impacto ambiental y urbano, de la calidad y tipo de los usos previstos no se habla, y ya se preanuncia una aprobación directa del proyecto presentado sin más, basados en el antiguo postulado bélico, que "la victoria da derechos".

Por otro lado, leer que se vuelve a hablar de enrase es al menos preocupante, ya que se discutió claramente y se consensuó en su momento en el seno del Concejo Urbano Ambiental, que lo que está realmente mal en el Código es haber limitado arbitrariamente las alturas edilicias y hacer un parche en ese tópico, simplemente es eso, hacer un parche, mucho más aún hablando de una cuestión técnica como el enrase de alturas edilicias que es un concepto absolutamente ajeno al efecto propuesto.

La realidad es que en un plan urbano la discusión de alturas tiene que ver con el espíritu de cada barrio y lo que se quiere promocionar o preservar de ese barrio, y en este particular e inexplicable código que tenemos, las alturas son solo la expresión de un capricho limitativo sin ninguna lógica sectorial o barrial. Tal es el contrasentido que en la zona céntrica hay sectores con tres pisos posibles, precisamente donde hay muchos edificios, y, más y mejores servicios, precisamente donde se quiso imponer la propuesta del mal llamado enrase, para que quien quisiera, pudiera hacer la altura preexistente solo por la cercanía a cualquier edificio construido con el Código anterior, por simpatía o por simple similitud visual, algo al parecer, no muy fundamentado como propuesta de planificación urbana. No puedo menos que considerarlo una burla a los cientos de años de estudios urbanísticos y los miles de textos sobre el desarrollo de las ciudades.

En oposición a esto, en la zona de Ameghino hacia Balbín la altura permitida arranca de cinco pisos, que sumados a los dos complementarios admitidos, da el equivalente a 7 pisos totales, precisamente donde hay aún zonas bajas con espíritu de barrio. Así que no puedo convencerme de que esto sea realmente un plan urbano. Un Código que no preserva las tipologías de los barrios y limita los sectores céntricos de mayor expectativa edilicia es por lo menos un contrasentido que merece más de un debate.

Por favor, sugiero a nuestros legisladores, que analicen la posibilidad de simplemente derogar las alturas, ya que al menos en el Código anterior la inexistencia de alturas límite, daba las libertades de ejecución según la única condición objetiva de las densidades y el factor de ocupación sea del suelo o total. Antes de inventar soluciones rebuscadas ¿qué sentido tiene poner en un sector sí y en otro no?, o inventar arbitrarios enrases por simpatía o proponer cualquier altura porque simplemente me parece. Si no vamos a estudiar el tema por sectores y con la clara conciencia de qué significa planificar la ciudad, es mejor volver al origen.

Finalmente, aquel Código funcionó durante más de 35 años sin más y la verdad que la reforma no mejoró nada, y operó como un freno adicional a la caída de trabajo e inversión. Además, en la oportunidad en que queremos reactivar la construcción y liberar las potencialidades creativas, en un momento de crisis como este, la construcción merece algún estímulo. Entonces es el momento de empezar a tomar la planificación urbana como un eje de trabajo político serio, como una política de Estado y no como una discusión de bar, sentando a la comunidad a discutir qué es lo que más conviene.

Reitero lo que hace cuatro años vengo diciendo, un plan urbano no es la idea mesiánica de ningún iluminado sino la construcción colectiva del consenso social. La base del plan es el debate y la construcción de posiciones comunes. Desearía equivocarme, pero si pasamos 4 años sin ese debate, creo que habremos de pasar otros tantos monologando.

Arq. Jorge Bader - Matrícula CAPBA 4015


 
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