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» Este artículo corresponde a la Edición del jueves, 24/oct/2019 de La Auténtica Defensa.

El Rincón de Aléthea:
El desierto dónde viven las estrellas
Por Angela Monsalvo




"Mantén las manos abiertas, y todas las arenas del desierto podrán pasar a través de ellas. Manténlas cerradas y todo lo que podrás sentir será un poco de arena." --Taisen Deshimaru.

Una aridez total y al mismo tiempo una cierta grandeza que sobrecoge. Tierra en la garganta. Sed en la piel. Las estrellas parecen estar encerradas en una cúpula sobre la noche hasta que de pronto el cielo se expande en una belleza sin igual; es que en el Desierto de Atacama, el cielo se ve particularmente limpio gracias a dos factores combinados: la falta de humedad y la ausencia de toda luz artificial. El silencio domina el paisaje.

La cultura humana ya sea en las personas como en la edificación de sus pueblos, se remonta a la conquista de los españoles, además se le agregan las creencias y los procesos geológicos que originaron los salares, las montañas y los volcanes.

El sincretismo religioso perdura hasta el presente: en los muros del templo y de las viviendas vecinas de San Pedro de Atacama, hay figuras triangulares que representan montañas y volcanes, las primeras deidades de las comunidades atacameñas o likan antai, invocando a los espíritus de los dioses para que cuiden a los habitantes del lugar.

Es que según en la cosmovisión de ellos, las quebradas de dónde proviene el agua, son fuente de fertilidad, las altas cumbres son protectoras y las piedras son sagradas por permitir la construcción de corrales, casas y canales de regadío.

El cementerio se encuentra dónde termina el casco antiguo, allí se nota el arraigo que tienen las costumbres indígenas en la comunidad: las tumbas están marcadas con pequeños montículos de piedra y, para honrar a los seres queridos, se usan flores de papel. Las cruces tienen la particularidad de mirar todas hacia el volcán Licancabur.

En lengua kunza, likan antai significa "los habitantes del territorio" o "gente de aquí". Los primeros cazadores nómades del Altiplano, llegaron a la cuenca del Salar de Atacama hace 11.000 años en busca de guanacos y vicuñas. Originalmente vivían en cuevas o aleros rocosos y recolectaban frutos de chañar, pero en un proceso de miles de años aprendieron a domesticar llamas y alpacas, muy importantes por su carne, lana, cuero y huesos; además de emplearlos como animales de carga.

Durante la era cristiana se establecieron en los oasis de la región, cultivando quinoa, maíz y zapallo. El intenso desplazamiento favoreció el comercio entre el Altiplano boliviano y el Noroeste argentino. Atraídos por la sal los Incas ingresaron al norte de Chile, la lengua kunza comenzó a ser desplazada por el quechua y los españoles diezmaron el idioma a partir de 1536.

El desierto colorea una dimensión, un lugar dónde la nada es aparente, pero para la cuál basta un cambio de luz al ponerse el sol para que se transforme en absolutamente otro momento, otro paisaje...


 
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