Por: Dr. Santiago Alberto Arauz, Médico Otólogo y Neurotólogo en el Instituto Otorrinolaringológico Arauz y referente de MED-EL.
La distinción central entre la sordera y la hipoacusia es la intensidad de la pérdida auditiva: quienes padecen hipoacusia sufren una pérdida de audición de distintos grados que oscila entre los 25 y 65 decibelios (dB) y, por su parte, en las personas diagnosticadas con sordera la capacidad auditiva está dañada por encima de los 70dB. La pérdida puede ser de tipo conductiva (si el problema radica en el oído externo o medio), neurosensorial (cuando hay deterioro o ausencia de células sensoriales en la cóclea), mixta, y retrococlear (ausencia o deterioro del nervio auditivo).
Causas, sintomatología y detección Enfermedades genéticas, complicaciones al nacer, ciertas patologías infecciosas, infecciones crónicas del oído y determinados medicamentos completan el grupo de factores causantes de la hipoacusia. Entre los síntomas tempranos de hipoacusia se encuentran los zumbidos frecuentes y la auto-percepción de dificultades para captar ciertos sonidos. En el caso de los niños, son los adultos quienes deben identificar señales de alerta como no responder ante llamados o pedidos, presentar problemas para establecer de dónde viene un sonido, requerir con asiduidad que le repitan las consignas, malinterpretar órdenes o seguir instrucciones imitando a otros chicos y no por sí solo.
La tecnología, el gran aliado El implante coclear fue y sigue siendo el primer sustituto artificial del oído. Hoy, se realizan sistemas combinados de implantes auditivos de estimulación acústica eléctrica, implantes auditivos de tronco encefálico, así como otros dispositivos que ayudan a recuperar la audición. Por ejemplo, MED-EL, compañía que desarrolla soluciones auditivas propone un dispositivo de conducción ósea no implantable llamado ADHEAR, el cual sirve para recuperar la audición sin necesidad de intervención quirúrgica.
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