Hace doce años que el veterinario colombiano Álvaro Pérez Ramírez recorre las rutas del continente americano a bordo de su bicicleta para concientizar sobre el cuidado de los animales. Viaja, asiste y hasta denuncia casos de maltrato. Hace unos días llegó a Campana y charló con La Auténtica Defensa sobre su singular misión y los nuevos horizontes que lo esperan.
De vez en cuando aparece por Campana un jinete del horizonte. Un viajero que ha recorrido miles kilómetros cumpliendo una promesa, sembrando consignas a su paso o haciendo escala antes del próximo destino. Pocos días atrás, otro aventurero arribó a la ciudad en su bicicleta cargada de alforjas y llena de calcomanías: en su cuadro estaban pegadas la famosa Ruta 66 de Estados Unidos y la argentina Ruta 40. Pero entre ambas recorridas hubo 22 países y 12 años, lo que le demandó a Álvaro Pérez Ramírez atravesar el continente difundiendo un unívoco mensaje: la protección de los animales.
"Es un recorrido loco; yo no tengo ruta", dirá el animalista durante la entrevista de una hora que La Auténtica Defensa le realizó en su redacción de avenida Rocca. Proveniente de Entre Ríos, este colombiano de 58 años se reunió con autoridades locales para proponer iniciativas para mejorar la política del cuidado animal, aunque lamentó no haber obtenido las respuestas esperadas. Mientras afronta su último tramo latinoamericano -mudará su misión a Europa-, entró en contacto con otros animalistas de la ciudad y brindó sus conocimientos como médico veterinario para asistir a perros en situación de calle.
El camino panamericano de Pérez Ramírez inició en 2008 en Quebec, Canadá. "Estando allá me pregunté por qué la humanidad estaba acabando con el planeta. Yo había estudiado la historia de Gandhi, de Napoleón, y me dije por qué tipos de 1,60 metros de estatura habían reunido tanta gente y yo no puedo hacer una campaña a nivel mundial por los que sufren en silencio, por el planeta", contó. Desde entonces, su cruzada animalista fue retratada infinidad de veces por medios de todo el continente. Incluso logró ingresar a las páginas de los Récords Guinness, tras superar dos veces la marca más alta de resistencia en bicicleta (en 2012 pedaleó 25 horas seguida en Perú).
Pero Pérez Ramírez no habla demasiado de ciclismo, pese a su maillot, sus piernas de escarbadientes y el millaje en la espalda. Prefiere hablar de "animales, animales, animales". Y también de la responsabilidad que tienen las diferentes culturas latinoamericanas que conoció en la preservación de la fauna.
-¿De qué se trata este viaje americano que ya lleva 11 años?
-Soy médico veterinario. No puedo ejercer fuera de mi país, pero si puedo hacer primeros auxilios caninos y enseñarle a la gente cómo cuidarlos y una tenencia responsable de la mascota. Hoy hay mucho animalista, por todos lados hay. Acá en Campana hay como ocho nomás. ¿Por qué no se reúnen y arman una sola asociación? Porque no les conviene ni a uno ni al otro. Es un egoísmo del humano que está perjudicando a los animales. Yo lucho en contra de eso también. Me he encontrado con gran cantidad de gente que se dice animalista y en verdad no lo es. Tu ves una alcancía en una veterinaria y no sabes dónde va la plata, cómo la manejan y dónde la reparten, si operaron al perro en cuestión o no. Lo mismo pasa con las colectas en las redes sociales. Estas cosas se están volviendo una moda que perjudica a los animales. Esa es la lucha mía también.
-¿Dónde comenzó la cruzada?
-Salí de Quebec, en Canadá. Me puse a pensar muchas cosas y me dije que había que hacer algo, Álvaro Pérez Ramírez le tiene que regalar al planeta su vida por salvar a estos que sufren en silencio, por los que no tienen voz. Yo lo hago voluntariamente, es mi decisión. Y a través del tiempo las ONG me fueron conociendo y ya me creen con cuestiones de denuncias. Ellos saben que las denuncias que hago van enfocadas en los animales, no en tumbar un alcalde, un gobernador o un presidente. Donde llego no conozco a nadie. En Perú por ejemplo fue duro, porque hubo que quitar cuatro o cinco fiestas que para ellos eran autóctonas, que son fiestas infrahumanas que involucran animales. Entonces interpuse la denuncia y corrigieron lo que sucedía.
-¿Vos hacés las denuncias?
-Yo las hago y se las mando a las ONG. Por ejemplo, en Andahuaylas (Perú), la Yawar Fiesta consiste en un toro con un cóndor amarrado en el lomo. El cóndor se está extinguiendo, y es de tener una sola cría. Entonces me decidí a acabar con el tema. Desde la ONG se comunicaron con el gobierno central, ellos a su vez con el gobernador, el gobernador con el alcalde y ahí vieron cómo solucionar este tema. El retorno de 13 leones de Colombia y entre ocho y nueve de Perú lo hizo el IDA (In Defense of Animals, una entidad internacional) porque se le comunicó acerca del maltrato. Ellos se mueven. Greenpeace no. Ya no pertenezco a Greenpeace y no quiero que me relacionen a ellos. Las ONG que en verdad les interesa el planeta son con las que uno busca comunicarse. A ellos les falta alguien que vaya por Sudamérica mirando cosas: el Festival del Pato Tipina, el Festival del Curruñao de Cañete. Yo los vivo y se los cuento. Y para llegar tengo que ir en bicicleta. Y no son fáciles los sitios. Me sacrifico para contar una historia y que las corrijan.
-¿Cómo es el itinerario?
-Entras a un país y te dan noventa días. Si tu te pasas un día, te corren un dólar. Entonces yo cumplo el reglamento de cada país. Tu entras a Perú, coges el mapa, defines una ruta y esa es el camino que sigues, ubicando las principales ciudades y pueblos y yendo a visitarlos. En el recorrido te van diciendo a ti "allí pasa tal cosa", "allí hay determinado maltrato animal", entonces uno va yendo. ¿Cómo llegué al Festival del Pato Tipino? Está en Lamas, pueblito chiquito. Pero me contaron, fui y averigüé. Y era verdad. La vox populi te va llevando. Así se maneja uno. Vas visitando y vas denunciando.
-¿Has vuelto a Colombia? ¿Tenés familia allá?
-Pasé cuando venía bajando de Centroamérica. No soy casado, no tengo hijos, no tengo mamá, no tengo papá, no tengo quién me espere. No tengo regreso. Lo mío es luchar y que la gente se concientice, y me pida que le cuente la historia de los 22 países. He hablado con animalistas en Argentina que no tenían ni idea de cómo armar un albergue canino, armar una unidad móvil de primeros auxilios caninos. Es lo más fácil. Lo que falta es voluntad y conocimiento. Si alguien viene y te indica, lo haces y funciona. En Campana hablé con la jefa de Gabinete y a la señora no le interesó ni mi tema ni mi presencia. No le interesó nada.
-¿Por qué paraste en Campana?
-Busco las principales ciudades, no los pueblitos, porque hay que hablar con las principales autoridades. Hay que hablar con el dueño del circo, no con los payasos. ¿Qué me gano yo con hablar con el médico de zoonosis si el me va a decir que tiene que hablar con el intendente? Es un desgaste. Hablemos con el intendente, tengo este plan. Me mandaron con el director de Zoonosis, que es un puesto político de cuatro años, el tipo no está ahí por voluntad, sino por política. No le interesa qué pasa con los animales de Campana. Pero el animalista que lleva 25-30 años sabe la problemática, sabe cómo se llama el perrito de la esquina, el de la puerta del banco. Son muchos los países recorridos y uno ya aprende: habla con el que manda o no habla con nadie. El otro tema es que cuando decís las verdades diplomáticamente, no gusta. Y no vine a la Argentina a hacer amigos, vine a defender animales. No me vendo ni por una comida.
-¿Cómo has vivido todos estos años?
-Gracias a la solidaridad de la gente. La gente te apoya cuando vas montado en bicicleta, cuando eres animalista y amas a los animales, cuando se da cuenta que soy una persona que ama el mundo y ha dejado todo: mis comodidades, un buen baño, un buen desayuno y almuerzo. Todo dejé por los animales y el planeta. Los que entienden eso, apoyan. Pero cuando la gente anda en una burbuja del celular, que no se dan cuenta lo que pasó aquí o allá, ni atención te ponen. Tengo un sexto sentido, ya los identifico. Pero no me creo importante: lo importante es el mensaje.
-¿Has notado un cambio en la conciencia sobre el derecho animal en estos 12 años de viaje?
-Cuando yo empecé había una conciencia animalista media opaca, que no se notaba casi. Después de 12 años -y no gracias a mi, sino a todos los animalistas- ha habido un avance. Mi pregunta es por qué no arrancamos 50 años atrás a hacer esto. No estaríamos con los problemas de ahora. Yo me critico no haber empezado a los 25 años y haberlo hecho a los 46. Antes no era consciente. A los 46 me salgo del sistema y miro al planeta desde otro punto de vista. Hay que mover. Cuando uno hace una lucha pacífica, sin policías, te funciona, porque vas concientizando a uno, a otro, y así. Se arma una bola de nieve muy bonita.
-Antes de este viaje, ¿a qué te dedicabas?
-Soy veterinario, publicista, diseñador, decorador y agente publicitario. Casi ad honorem, porque era uno de los que tenía las tarifas más bajas. Porque si llega la señora con un perrito envuelto en un costal, ¿con qué corazón le va a pedir plata si sabe que no la tiene? Creo mucho en la ley del universo: tu das, se te regresa. No hay que ser egoísta, no seas porquería con lo que tienes. Comparte.
-¿La mejor experiencia que hayas tenido en este viaje?
-Animales, animales, animales. He quitado los animales de los circos que están sufriendo; en Colombia, haber logrado una sola ley nacional de protección nacional; en Ecuador, cero toros; concientizar en el norte de Chile sobre los derechos de los perros de calle. También haber erradicado vendedores de aves, haber denunciado traficantes de fauna, lo del Chaco paraguayo. Pero todavía falta. Y no sé qué me voy a encontrar de acá para adelante. No soy Dios, ni la madre Teresa de Calcuta, pero tengo una experiencia ya que puede servir para algo.
-¿Experiencias malas?
-Muchas. Gente que te escupe, que te dice que te vayas a jorobar a tu país, que te roba o intenta robar, gente que piensa que tu eres lo peor de este mundo, que no estás haciendo nada, que te ve en la bicicleta y piensa que eres turista, que vives bueno, súper chévere. Hasta hay gente que me dice que mi álbum de recorte periodísticos con mi historia son montajes. Yo tengo una frase: si el león ruge, estás haciendo algo. Si está callado, no estás haciendo nada. A mi me rugen los leones.
-¿Cómo ves a la Argentina en el tema del cuidado de los animales?
-Argentina está atrasada. Están viviendo en una burbuja, en una conformidad que no la entiendo. Tu sabes que te están deforestando esto, que te están acabando con aquello, pero no haces nada. No están luchando por lo que es de ustedes. El argentino ya no vive de sus tradiciones. País de tango, no he escuchado tango desde que llegue. Argentina país de la boleadora, de los gauchos, de aquel poema. No hay más, se acabó. Está siendo colonizado de a poco. Y ustedes se están dejando colonizar.
-¿Tenés algún referente que te inspiró en el viaje?
-Gandhi, Martín Luther King, Adolfo Hitler, la madre Teresa de Calcula.
-¿Hitler?
-Mira, te explico la idea. Hitler era un tipo chiquito, de una familia humilde, no era nadie. Fue cabo del ejercito en la Primera Guerra Mundial. Y para llegar a manejar una cantidad de gente impresionante, hay que tener mucha cabeza. Tenía muchos problemas, pero llegó adónde llegó. Lo que hizo fue todo malo, por supuesto. Pero me interesa cómo llegó, cómo hizo para convocar tanta gente que le creyera. Era chiquito, bajito, insignificante, no era nadie. Y llegó a manejar Alemania. ¿Por qué me interesa? Para saber cómo hago yo como animalista para llegarle a las personas y que no traten mal a los animales.
-Entonces, lo que te interesa son los fenómenos de liderazgo.
-Los procesos de cómo convocaron a la gente. Eso es lo que quiero hacer yo, pero por el bien del planeta.
-Después de Buenos Aires, ¿qué aparece en el horizonte?
-Polonia. Cracovia. Salgo del aeropuerto de Ezeiza. Hay tres polacas que van a bajar conmigo hasta Namibia, África. Son bicicleteras ambienta-listas. Me van a enseñar algo de la cultura europea y vamos a emprender el viaje, porque van de voluntarias también a Namibia, donde hay cuatro parques naturales que necesitan la ayuda de todo el mundo. Se están acabando los leones, los elefantes, los rinocerontes, los tigres, los jaguares, las jirafas. Y necesitan voluntarios para las crías. El cazador mata a la mamá, pero deja a la cría. Voy a cuidar lo que la humanidad no cuida.
En doce años, el colombiano ha recorrido 22 países a bordo de su bicicleta.
Los derechos de los animales y la tenencia responsable de mascotas, las banderas enarboladas por el médico veterinario.
BICICLETA PRESIDENCIAL
La bicicleta que monta Álvaro Pérez Ramírez se la regaló nada menos que el expresidente de Ecuador Rafael Correa, con quien se encontró en la ruta cuando Correa todavía estaba en ejercicio.
"Si llegas a Quito te regaló una bicicleta nueva", le dijo el por entonces mandatario a Pérez Ramírez, que unos cuantos días después llegaría a la capital ecuatoriana y enfilaría derecho a la sede gubernamental.
Allí no fue recibido por Correa, pero sí por una funcionaria, que algunos días después arreglaría la entrega de una bicicleta 0 kilómetro para proseguir su travesía continental.
Ya habría tiempo de encontrarse con Correa durante la estadía de Pérez Ramírez en Chile. El ecuatoriano lo reconoció y charló con él largo y tendido sobre la protección del medioambiente.
En estos doce años de destinos americanos, el ciclista conoció además a los mandatarios Evo Morales (Bolivia), Álvaro Uribe (Colombia) y Hugo Chávez (Venezuela). Pero solo Correa le regaló una bici nueva.
De la mano de Rafael Correa, el presidente ecuatoriano que le regaló la bicicleta con la que llegó a Campana.



