Pese a no poder revertir la salida neta de dólares del país, se mantiene la política macroeconómica, que tampoco consigue estabilizar el comportamiento de los precios. Veranito cambiario de cuatro días.
El pasado lunes el Banco Central modificó algunos parámetros del programa monetario que confirmaron un cambio de estrategia, no en cuanto a la orientación de la política sino de la herramienta que utiliza como "ancla nominal". Mientras semanas atrás veíamos más volatilidad en el tipo de cambio, en un escenario pre-electoral, eso es indeseado, de modo que las operaciones del Central pasaron a concentrarse en anclar la paridad de cambiaria. Decisión favorecida por el contexto internacional y sostenida en la venta diaria de reservas por parte del BCRA.
A grandes rasgos, el programa monetario que utiliza el Banco Central se plantea bajar inflación bajando la cantidad de dinero que circula en la economía, mediante un control de la expansión de la base monetaria (dinero que emite el Central) y la eliminación del déficit fiscal (dinero que emite el Central para financiar al sector público). La meta de base monetaria se modificó el lunes por factores estacionales y al relajarse otras condiciones monetarias (la reducción del porcentaje de depósitos que los bancos mantienen "encajados" en el BCRA y reducción del piso de la tasa de interés de las Leliq), que liberarían más dinero a la economía. La meta se hizo más estricta. No hay previsión de ser menos contractivos desde la política macroeconómica.
Al conseguir estabilizar el tipo de cambio, entre el lunes y el jueves, el modelo que emplea el BCRA permitió reducir el piso de la tasa de interés de las Leliq (de 62,5% a 58% anual) y mantener la demanda de los activos financieros en pesos, a través de la cual se retirán de circulación pesos de la economía. El mercado cambiario, que funciona como otro "compensador" de la cantidad de dinero circulante, se mantuvo estable en la semana, en parte porque termina de liquidarse en julio el grueso de la cosecha de soja y en parte por un contexto internacional favorable (estabilidad del dólar y apreciación de todas las monedas emergentes, excepto el Real brasilero).
También los cambios de legislación recientes dieron más margen de intervención, al BCRA, en el mercado de cambios (en billetes y futuros financieros). En abril pasado el FMI accedió a permitir formalmente el uso de los dólares que nos presta para ubicar la cotización del dólar dentro de la banda cambiaria. Algo que no ocurriría de manera flexible. Por otro lado, el mismo mes, el BCRA dejó de publicar el detalle de los movimientos diarios de las reservas. De modo que no sabemos con exactitud en qué se usan las reservas, o el crédito del FMI, que hasta el momento fue el único factor que posibilitó engrosarlas.
Los cambios en las reservas -hasta el momento la caída progresiva- obedecen a: el resultado de las operaciones o subastas diarias en el mercado de cambios con privados, la cancelación de compromisos con organismos internacionales, el pago de los títulos de deuda (bonos) en dólares emitidos por el gobierno y el saldo neto de las operaciones de comercio exterior. Estas operaciones se encuentran registradas en las estadísticas del Balance de Pagos, que siguen una taxonomía acorde a reglas internacionales para que puedan compararse entre naciones.
En el caso de Argentina, y de otras naciones emergentes -como Brasil-, el saldo de la Cuenta Corriente del Balance de Pagos (que refleja el resultado comercial y el pago neto por servicios de la deuda externa) es crecientemente deficitario y es compensado por la entrada neta de capitales financieros. En promedio por año salen por la Cuenta Corriente unos USD -25.000 millones, desde la asunción del gobierno de Cambiemos, contra un stock de reservas promedio de USD 48.000 millones en igual período, queda de manifiesto la situación de "vulnerabilidad externa" que aún no podemos superar. Como decíamos, el grueso de esas operaciones corrientes es cancelado con los fondos del FMI, los cuales para mediados del año próximo habrán sido adjudicados en un 88% del total.
A través de un razonamiento peculiar, el programa monetario que recomienda el FMI prevé una reducción de la tasa de inflación que pondría a la economía nuevamente a flote. Otorgando previsibilidad a los capitales financieros y/o productivos para que decidan quedarse en nuestro país. Pese a desaceleraciones leves en la inflación mensual proyectada (motivadas entre otros factores por el Plan Alivio de las tarifas públicas), la tendencia inflacionaria no da muestras de descomprimirse (56% anual con datos estimados por Ecolatina para julio), al tiempo que la recesión y el programa macroeconómico persisten.



