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lunes, 29/jun/2026 - 16:51
 
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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 23/jun/2019 de La Auténtica Defensa.

Opinión:
Un poco de historia
Por Arq. Jorge Bader




Jorge Bader

En los últimos 40 años, en nuestra ciudad hubo varios hitos significativos en el análisis territorial. El primero de esos hitos se produjo cuando a partir de la vigencia de la ley de uso del suelo, los municipios tuvieron que recibir como un presente griego un conjunto de normas que no interpretaban claramente, y que dieron origen a la primera delimitación de áreas.

En líneas generales en épocas del gobierno militar allá por el 78, llegaron funcionarios a las municipalidades que nada sabían de la ciudad, pero que tenían que poner en conocimiento de los locales como se aplicaban los indicadores urbanísticos que planteaba la ley. Cierto es que tampoco a nivel local había quien supiera ciertamente qué y cómo se debía aplicar esa famosa nueva legislación.

Bueno, malo o no tanto, cualquiera fuere el juicio de valor, este fue uno de los primeros hitos en el planeamiento a nivel provincial y local. El objeto de la ley era frenar el desarrollo especulativo sobre el territorio que avanzaba generando urbanizaciones periféricas de difícil acceso para la población y los servicios. Con el advenimiento de la democracia se generaron las Direcciones de Planeamiento, y con ello empezaron los trabajos de análisis territorial y la puesta en marcha de los Códigos locales.

En el 83/84, en Campana se hicieron varios estudios, uno de aquellos y entre otros, a cargo de la gente de Urbanismo de la Universidad de Belgrano, estudios estos, que dieron como base un primer diagnóstico territorial y sirvieron de base para la puesta en marcha de nuestro primer Código de Planeamiento. Un instrumento perfectible que como siempre digo debía adecuarse a los cambios que la sociedad iba experimentando.

En el tiempo se sucedieron otros hitos significativos, como por ejemplo el Plan Estratégico que, si bien fue amplio y abarcativo, más allá de lo territorial, dedicó al Planeamiento una parte importante. Este plan y los informes posteriores además de varios estudios a cargo de universidades constituyen un historial rico en diagnósticos de nuestra ciudad. En oportunidad del primer código de planeamiento, se interpretó que la herramienta era de una dinámica obligada y periódicamente se le iban haciendo enmiendas, con ordenanzas complementarias. Hasta que llegamos al punto que esas ordenanzas en algún caso colaboraban y en otros confundían los resultados esperados. Y así se planteó la revisión integral del código.

Pero lo interesante acá es que aceptado el hecho que esta ley local fundamental es un digesto dinámico que se debe adecuar permanentemente según cambien los objetivos urbanos y las circunstancias sociales y económicas, es que el mismo código vino acompañado de su herramienta de gestión para las modificaciones o adecuaciones. Hecho novedoso, que propusimos incorporar desde distintos ámbitos técnicos, profesionales e institucionales, ya que, en la primera versión de la codificación, de la cual fui responsable no existía esta alternativa y las modificaciones lo eran por ordenanzas complementarias que ya habían reflejado la complejidad de interpretación que producían. Ahora bien, a pesar de lo difícil de aquel mecanismo del pasado, la valentía de los gobiernos que se sucedieron, debe destacarse, ya que las modificaciones se fueron dando según se necesitaron, a demanda de la sociedad o a demanda el gobierno que observaba las contingencias y salía a resolverlas.

Bueno, ahora, y a pesar que tenemos el instrumento y el mecanismo, a través del Concejo urbano ambiental, que permite la revisión permanente de los contenidos, este gobierno no abordó de ninguna manera la modificación del código más allá de obligado, que se planteó frente a alguna necesidad especifica o a algún compromiso contraído con algún demandante. Y así estamos, con una ordenanza que tiene muchas aristas cuestionables, con una sociedad constreñida a interpretar una norma que ha establecido más restricciones que posibilidades, y un deterioro de la evolución del desarrollo local presionado por el respeto de algunos sinsentidos reglamentarios.

Desde el tema de las cocheras sobre el cual hablé largamente hasta las cuestiones de las alturas o los mecanismos de aplicación de indicadores que admiten algunas observaciones y opiniones, pasando por las decisiones estructurales del modelo de ciudad al cual vamos, hay mucho para debatir desde la visión del administrador estadista. Y a pesar que desde distintos ámbitos se le ha propuesto o solicitado a este gobierno la revisión de estos aspectos, no hemos encontrado ninguna respuesta objetiva, más allá de la dilación o postergación del tema.

Vuelven las campañas y vuelve a hablarse del tema y prometerse una agenda de consensos sobre este particular. Hace un tiempo un colega me dijo que no cayera en la desesperanza pero tantos años de ver pasar el tiempo y no lograr que este tema se aborde con seriedad me dan tristemente la razón.

Arq. Jorge Bader - Matrícula CAPBA 4015


 
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