Esta semana tuve una conversación extensa con un conocido, sobre algunos temas de desarrollo urbano. Su inquietud me movió a razonar algunas cuestiones. La dualidad que se plantea entre la cosmética urbana y el planeamiento territorial. Y creo que un simple ejemplo será adecuado para expresarlo en forma menos técnica.
Imaginamos la situación. Un padre de familia llega a su casa el día de cobro y feliz por su realización le comunica a su esposa la intención de pintar el frente de la casa. La esposa que habitualmente es más prudente en cuestiones administrativas hogareñas, sin decir nada espera paciente la oportunidad de la cena, y la reunión familiar. Allí, con gran habilidad le pregunta a su hija sobre el presupuesto necesario para solventar su mes de estudio en la Universidad, además de los costos de viajes, material de estudio, vestimenta y etcéteras, después hace lo mismo con su hijo respecto de sus actividades estudiantiles y deportivas, y por último se convoca ella misma para desgranar los costos de alimentación y demás compromisos mensuales de la casa. A esta altura de los acontecimientos el padre toma conciencia que planificar el funcionamiento familiar para definir el destino futuro de sus hijos y la continuidad funcional de la vida en familia subordina la necesidad de la estética del frente de su vivienda.
Es un ejemplo anecdótico, pero de él podemos inferir que la madre generó una mesa de concertación para definir prioridades, convocó a los actores involucrados, permitió exponer los argumentos sectoriales y en base a ese consenso, redefinió los objetivos sociales.
En la casa como en la ciudad, definir el destino comunitario detrás de un objetivo es la prioridad sobre las cuestiones de estética urbana sin perjuicio que las decisiones de funcionalidad o expectativa futura las incluyan. Qué significa esto. Primero, que debe existir el debate público/social, tal como se planteó oportunamente en el Concejo Urbano Ambiental, y segundo que, en función de ese debate, se debe establecer un modelo de ciudad deseado y luego pautar las prioridades funcionales.
Con un simple ejemplo doméstico, podemos inferir cómo se supone debe funcionar en una sociedad moderna un espacio de concertación socio/territorial. Valga como ejemplo, si la prioridad del debate público esta puesta en la cuestión sanitaria, y quiero acá recordar que el planteo de la Gobernadora Vidal en el inicio de su gestión fue precisamente el de garantizar el saneamiento y la provisión de servicios básicos, este objetivo de planificación sanitaria pasaría a estar por sobre cualquier cuestión de estética que comparativamente aparece como superficial. La cuestión suele ser que siendo frágiles de memoria no estamos dando ese debate público para que al menos los más memoriosos, se ocupen de recordar estos principios para alentar a los decisores a rectificar el rumbo.
Tomando como base el slogan repetido, "Haciendo lo que hay que hacer", no significa "haciendo lo que quiero hacer", sino lo que la sociedad consensua como prioritario. Y según mi humilde visión ese debate no existe y aun sin existir, me permito suponer que el saneamiento de las zanjas de los barrios, está antes, y no desde ahora, sino desde siempre, por delante de cualquier iniciativa de remozamiento superficial. Cuando llegue el verano vendrá la campaña de eliminación de cacharros y alertas sanitarias contra el mosquito, sumando a los individuos en el control de un vector de riesgo, mientras tanto, en el ámbito de la responsabilidad pública, las zanjas serán y seguirán siendo un espacio de compromiso latente en varios aspectos críticos, distribuidas estratégicamente en todos los barrios. Esta contradicción plantea una carencia de plan de saneamiento urbano evidente.
Probablemente y quizás simplemente, con la obra del cordón cuneta y la reformulación de los desagües pluviales de más de un barrio se podría iniciar un trabajo de planificación de infraestructura prioritaria que diera origen al menos a una estrategia de mejora territorial, previa a cualquier pavimento o a cualquier objetivo de posterior remozamiento urbano. La provisión de estos servicios básicos esta concatenada directamente con la mejora de los indicadores urbanísticos y por ende con la posibilidad de densificar y garantizar mejoras en la calidad de vida, que son precisamente todos los objetivos que persigue la planificación urbana.
Por eso vuelvo a recordar la antigua máxima que no por repetida pierde su valor, "El Plan esta antes que la acción".
Arq. Jorge Bader - Matrícula CAPBA 4015



