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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 19/may/2019 de La Auténtica Defensa.

El Tiempista






El primer taco. “Tallar es una terapia para mí. Son horas de poner la mente en blanco", explica el arquitecto Jorge Bader.

Con la excusa de la reciente inauguración de su muestra de xilografía y grabado, dialogamos con el Jorge Bader, sobre la profesión y las causalidades de la vida.

La cita es en la sede del Colegio de Arquitectos, sobre el pasaje De Marco al 100. Ahí, hasta el próximo viernes, pueden disfrutarse cerca de 50 xilografías y grabados realizados por Jorge Bader (64) en el período 2011 – 2016. Una productividad importante, si se tiene en cuenta que, además, otros 100 trabajos quedaron sin exhibir.

Se trata de un arte complejo, en el que el autor se enfrenta a la madera con una gubia y empieza a desbastar la obra, en negativo. Una vez terminada, se entinta, y a través de una prensa se transfiere al papel. “Llegué al grabado casi por casualidad, buscando perpetuar el dibujo para reproducirlo e intervenirlo en distintas formas, y al descubrir la imagen a través de la talla, viví una experiencia singular", señala el cuidado catálogo de la muestra.

Al arquitecto se le humedecen los ojos. Es porque, también, el grabado fue su catalizador durante noches y noches de insomnio cuando la madre de sus hijos atravesaba una enfermedad que, finalmente, fue terminal. Tal vez por eso, no se lo preguntamos, su primer “taco" fue un logrado desnudo de mujer.

Los grabados tienen una fuerza expresiva singular. Y Bader (quien hoy también se está volcando a la pintura guiado por Sebastián Franco) lo expresa con pasión: “No soy un purista, porque los grabadores tienen ciertos dogmas que yo no respeto. Empezando por utilizar mayormente Fibrofácil en vez de madera. Pero aun así, haciéndolo a mi manera, creo que esta técnica es una de las alternativas más razonables para potenciar el dibujo. La gubia y la madera aportan una potencia expresiva singular, y además, creativa. Porque cada taco es combinable y se puede armar una obra nueva a partir de otras anteriores, por ejemplo. Además, no hablamos del placer instantáneo que aportan la pintura o el dibujo. Esto requiere de una planificación, un trabajo casi artesanal. Y ese tránsito lo disfruto tanto o más que la obra terminada".

Bader explica que el camino de cada obra es, también, casi una forma de meditación para él. “Cuando me pongo a trabajar, el primer chuzazo con la gubia se lo dedico al gerente del banco. El segundo al albañil que rompió una ventana con su escalera, y así… Pero al quinto o sexto ya me olvidé de todo y sólo soy yo y la madera. Tallar es una terapia para mí. Son horas de poner la mente en blanco".

Al crear en negativo, la espera, y la transferencia al papel a través de una prensa, el arte que cultiva Bader tiene algo de laboratorio fotográfico. La fotografía es una disciplina de la que también disfruta desde hace décadas y que lo llevó a frecuentar los pasillos del Foto Club Buenos Aires, e incluso a exponer en más de una oportunidad.

EL ARQUITECTO

No muchos saben que Bader tiene tercer año de Ciencias Económicas aprobado. Y así como llegó al grabado “casi por casualidad" según él, su desembarco en la arquitectura tiene bastante de destino y sincronicidad.
“Me acuerdo perfectamente cuando decidí dejar Ciencias Económicas. Yo vivía en Buenos Aires en un departamento que compartíamos con un amigo. Fue el día que murió Perón, en 1973. Había metido un montón de materias, pero en su mayoría blandas. Las específicas de la carrera me costaban y un compañero había venido a ayudarme a preparar Estadística. Bajamos un minuto para ver pasar la cureña con el féretro del Perón. Cuando volvimos al departamento, le dije a mi compañero: ‘Flaco, dejo la carrera. No entiendo lo que estoy estudiando…".

Fue así que el joven Bader estuvo sin brújula unos meses, mientras comenzó a trabajar de “ché pibe" para una financiera de la city porteña. “Estaba esperando el 64, y había una piba linda, que llevaba un carpetón que me llamó la atención por su tamaño. Decidí probar suerte, y para romper el hielo usé la vieja técnica de preguntarle si nos conocíamos de algún lado. Ella me miró, y para mi sorpresa, me dijo: ‘Sí. Nos conocemos. Soy María Del Vecchio´. No lo podía creer: era una compañera de primero y segundo grado de la primaria. No la había visto nunca más hasta ese momento".

La cuestión es que María tenía novio, y no hubo romance. Pero su compañera de la primaria era estudiante de arquitectura (por eso el carpetón) y le presentó un universo al que Bader era totalmente ajeno y al cual se sumergió de lleno. “Buenos Aires estaba muy denso y tenía un primo en Rosario, así que me fui para allá. Arranqué en 1975 y me recibí en 1980 con muy buenas notas. Fui escolta de bandera y todo", dice con una sonrisa.

EL TIEMPISTA

Bader dice que no conoce otro trabajo que el de arquitecto, y no se imagina cumpliendo horarios o trabajando 8 horas diarias en una oficina. “Respeto profundamente a la gente que tiene un trabajo así. No sé cómo hacen. Yo ya estoy cerca de mi retiro, pero para mí sería imposible si me ofrecen algo así…", confiesa y explica que si un estilo lo define como profesional es el lenguaje expresivo del ladrillo.

“Cuando volví a Campana, todos hacían más o menos lo mismo: la piedra Mar del Plata, o el acabado de vidrio molido, que era una porquería: ponéte de arquero contra una pared y vas a ver… cuando era chico, ¡volvía a casa con las camisas rotas o algún codo sangrando!". Así que el ladrillo le abrió una puerta de renovación en su ciudad natal, y en la que intervino en uno de los edificios hoy más emblemáticos frente a la plaza Eduardo Costa: el Corona Plaza. “Podría haber quedado mejor, porque sobre la marcha tuvimos que adaptar el proyecto original. Pero digamos que está bien…" dice más enojado que orgulloso.

Y hablando de edificios le preguntamos por qué, en plena crisis, sigue habiendo construcciones en marcha. “Muy fácil. Porque es una inversión extraordinaria y confiable. Mejor que cualquiera. Siempre viví de eso, hasta hoy. El tema es así: vos juntás los inversores y lanzás la construcción. Como parte de pago te dan uno o dos departamentos, depende. Entonces, si es como ahora, que no se lo podés vender a nadie porque el mercado está deprimido, los alquilás y vas tirando. Y cuando es el momento adecuado, los vendés y te capitalizás". Fin del misterio.


Bader en la sede del Colegio de Arquitectos. Su muestra puede visitarse hasta el próximo 24.

 
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