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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 24/mar/2019 de La Auténtica Defensa.

Vida y muerte
Por Mariela Oppici




"El Maestro y su discípulo caminaban en el bosque a la hora del ocaso.

El discípulo formulaba sus preguntas, exponiendo sus inquietudes e incertidumbres ante la vida. Y llegaron a conversar sobre la muerte.

El Maestro suspendió la conversación y se detuvo mirando hacia el oeste. En ese momento el sol caía detrás de la línea del horizonte, y sólo dejaba ver sus rayos, surcando el cielo en abanico luminoso.

El discípulo se acopló a su actitud contemplativa, porque sabía que el Maestro extraía una lección para la vida, de todo lo que observaba. Y le dijo: "Maestro, ¿No te causa cierta pena la muerte del sol en la hora del ocaso?

Tomándolo del brazo, el Maestro le indicó el camino de regreso hacia la cabaña. Y ambos caminaron lentamente.

Detenidos ante la puerta, antes de ingresar, el Maestro le dijo: "Me hablaste de la muerte del sol en el ocaso. El sol murió solamente para tus ojos, porque tú dejaste de verlo. Mañana al amanecer, miraremos juntos hacia el oriente, y te convencerás de que no había muerto" (Vive con tu muertos que viven, René Trossero)

¿Por qué nos cuesta tanto aceptar aquello que sabemos es parte de la naturaleza? ¿Qué es la muerte para nosotros? ¿Es el fin de todo, es el destino final, es un comienzo, un volver a vivir, es una transformación como la oruga en mariposa?

¿Cómo estamos viviendo la muerte de aquellos a quienes amamos? ¿Cómo nos preparamos para la nuestra?

Sabemos que en algún momento u otro nos llegará, y aún así no estamos preparados. Es que nos apegamos tanto a la vida en la tierra, que nos olvidamos que la vida continúa. Ésta es la prueba más grande, creer que seguimos viviendo y que nuestros seres amados siguen estando, pero ahora sin un cuerpo al que podamos ver, abrazar y besar. Tal vez sea esta incertidumbre la que nos aterra.

Muchas veces nos toma por sorpresa, con sucesos dolorosos e inesperados, nunca queremos que llegue, no aceptamos el correr del tiempo y queremos prolongar la vida en la tierra. Pues, no nos damos cuenta que transitamos un camino, que estamos en una escuela, que estamos sobre un puente, el cual debemos atravesar para encontrar del otro lado nuestra casa, el lugar en donde se encuentra la verdadera bienaventuranza.

Por el solo hecho de que no podamos ver a quienes ya partieron no significa que ya no estén.

Somos como una nube de vapor, por momentos somos gas, el cual no podemos ver, luego nos transformamos en gotas de agua y venimos a la tierra. Incluso algunos podemos ser copos de nieve. Hasta que en algún momento volvemos a transformarnos y nos evaporamos. Al igual que el líquido, vamos cambiando de forma, pero nuestra esencia sigue siendo la misma, siempre estamos. El sol no muere en el ocaso, sino que se prepara para un nuevo amanecer.

Es mi deseo que podamos aprender a convivir con la muerte, aceptándola como parte de la naturaleza, como parte de la vida. Quisiera que podamos aprender a desapegarnos de la materia para comenzar a ver la esencia de aquellos que nunca partieron, ya que siempre estuvieron y están.


¿Qué opinas de esta nota? Escribime a maoppici@fibertel.com.ar

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Imagen ilustrativa, selección del editor

 
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