Buenos Aires, (Especial de NA por Martín Hermida)- En menos de una semana, y a pesar de las energías que le quitaron las disputas internas, Argentina tuvo que multiplicar su atención y dirigió su mirada hacia varios de los frentes externos que aún permanecen abiertos, con gestos que tuvieron mayor o menor efectividad, aunque sólo en algunos casos parece haber logrado dar pasos concretos.
En ese marco se inscriben, por ejemplo, la aprobación final por parte del Congreso de la autorización para que tropas argentinas viajen a Haití formando parte de un contingente de paz bajo el paraguas de las Naciones Unidas, el encuentro cara a cara en Madrid entre el canciller Rafael Bielsa y su par español, Miguel Angel Moratinos, y la continuidad de las negociaciones con los europeos en busca de un acuerdo comercial UE-Mercosur.
Y también se incluye, como se había señalado la semana pasada, la ratificación de la posición que viene sustentando el Gobierno en torno a la cuestión Malvinas, esta vez en el segundo discurso que pronuncia Bielsa ante el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas.
¿Por qué puede señalarse que en algunos de estos puntos no hubo avances significativos, como sí los hubo en otras áreas?. Básicamente porque en los primeros aparecieron en forma más relevante las promesas y las expectativas a futuro que los hechos concretos, y eso abre un interrogante que por el momento no tiene respuestas.
En la columna del haber, el Gobierno bien puede colocar, haciendo un análisis de lo ocurrido en los últimos días, el aval parlamentario que le dio luz verde al envío de un contingente conformado por hombres de las distintas Fuerzas Armadas hacia Haití, con la misión de ¨mantener¨ la paz en ese convulsionado país, uno de los más pobres del planeta.
Más allá del encendido debate que generó el pedido de autorización girado por el Poder Ejecutivo, las chicanas que demoraron el tratamiento y los enfrentamientos entre los distintos partidos, el paso del proyecto por el Parlamento dejó varias señales positivas.
Por un lado, hubo un giro importante con respecto a la forma en que se manejaba el tema tiempo atrás: esta fue la primera ocasión en que el camino de la discusión se inició en el Congreso, el proyecto fue debatido y sólo una vez que estuvo aprobado, se dio el visto bueno para la partida del primer contingente.
Por otro lado, se envió una clara señal al exterior: después de un tiempo de vacilaciones, la actual administración decidió plegarse a una misión de paz internacional -que en este caso particular había sido pedida por la ONU y por la OEA- y así también se le hizo un guiño a los Estados Unidos.
Casi al mismo tiempo que el proyecto era discutido en Diputados -ya había recibido dos semanas antes la media sanción del Senado- el canciller Bielsa se reunió en Madrid con su par español, y de allí surgieron también algunos gestos positivos para la Argentina.
Por un lado, el ministro español habló públicamente de ¨relación estratégica¨ ente ambos países, anunció que viajará a Buenos Aires en septiembre próximo y no descartó que un mes después pudiera venir al país el presidente del Gobierno ibérico, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero.
Por otra parte, Bielsa subrayó que en esta visita fue ¨relanzado¨ el compromiso para crear una comisión binacional que se dedique a estudiar el complejo tema de los inmigrantes ¨ilegales¨, entre 80 mil y 100 mil argentinos que viven en la Península y que no tienen residencia ni permisos para trabajar.
A decir verdad, ese compromiso ya había sido asumido a principios de este año, cuando todavía estaba en el poder el gobierno de José María Aznar, y en realidad fue poco y nada lo que se avanzó en el tema.
Por eso mismo es que ahora vuelven a sobrevolar las dudas: ¿Se convertirá este en un camino eficaz para tratar de hallarle una solución a los argentinos ¨sin papeles¨, o será sólo una más de las tantas comisiones creadas ante las necesidades políticas, pero sin efectividad en la práctica¨.
Por lo pronto, la administración de Rodríguez Zapatero anticipó que no habrá ningún tipo de amnistía y en consecuencia los casos serán analizados ¨expediente por expediente¨.
Otro capítulo es el de la negociación Unión Europea-Mercosur, que en apenas unos días pasó por casi todos los estados de ánimo y calificaciones posibles.
En el marco de un encuentro realizado en Buenos Aires, los negociadores de uno y otro lado casi llevan todo al precipicio, aunque finalmente en el nivel político sacaron las papas del fuego y volvieron a abrir una ventana de esperanza.
Las posiciones siguen siendo, más allá de algunos retoques, las mismas de los últimos meses: los europeos reclaman mayor apertura del Mercosur en las áreas de compras gubernamentales y servicios (allí principalmente se opone Brasil, cuya legislación pone ciertas trabas y donde las autoridades advirtieron que no modificarán las normas internas), mientras que el bloque sudamericano pide más reducciones arancelarias en algunas áreas ¨sensibles¨, para poder entrar con sus productos al Viejo Continente.
El ¨ala económica¨ del Gobierno plantea un escenario de mayor escepticismo y sostiene que las ofertas hechas por los europeos son insuficientes. El sector ¨político¨, en tanto, asegura que el acuerdo finalmente se concretará, más allá de las actuales diferencias, y confía en que la firma de un convenio sea antes de octubre, cuando cambiarán las autoridades de la UE.
Con mayor o menor éxito en unas y otras gestiones, todas estas movidas parecen marcar un escenario en el que la Argentina intenta plantarse más firme de cara al resto del mundo. Todo un desafío.



