El síndrome del intestino irritable es un trastorno que afecta al intestino grueso. Sus síntomas varían en cada persona, pueden ser leves o graves como para afectar la vida diaria. Aun no se conoce con exactitud cuáles son los mecanismos por los que se produce, pero puede deberse a alteraciones de la motilidad intestinal (en respuesta al estrés psicológico o a la ingesta de alimentos), factores psico-sociales (ansiedad, pánico, alteraciones del estado de ánimo, etc.), disfunción en la comunicación cerebro-intestinal (debido a una alteración de los neurotransmisores que regulan la función intestinal, etc.), entre otros.
Sus síntomas pueden ser cólicos, dolor o malestar abdominal, dispepsia, gases, repentina necesidad de tener evacuación intestinal y cambios en los hábitos de evacuación intestinal. Algunas personas sufren de estreñimiento, otras tienen diarrea, o pueden tener episodios alternados de ambas.
Se trata de un trastorno crónico que es importante controlar a largo plazo.
Su tratamiento consiste en:
Control diario de comidas: ciertos alimentos y bebidas agravan los síntomas, lleve un registro de los mismos. Esto ayudara a identificar que alimentos pueden estar ejerciendo una influencia negativa y le permitirá hacer cambios en el futuro.
Tratamiento del estrés/ asesoramiento psicológico: reducir los niveles de estrés puede mejorar esta patología, el apoyo psicológico puede ayudar a modificar o cambiar la respuesta al estrés.
Mantener un estilo de vida activo: realice ejercicio de manera regular.
Cambios en la alimentación: Evite comidas muy abundantes, o con un elevado contenido de grasas. Fraccionar la alimentación durante el día puede ayudar a mejorar la digestión.
El tratamiento nutricional deberá adecuarse a la sintomatología presente:
Si presenta episodios de diarrea: debe consumir infusiones claras de té, caldos colados, mate cocido (en saquito), agua, pan desecado (colocarlo en placa en horno abierto-de esta manera no se producen productos de tostación), galletitas de bajo tenor graso, arroz, fideos de laminado fino, quesos de mediana maduración, clara de huevo, aceite, pollo, puré de frutas o jaleas, calabaza, zanahoria.
Si presenta constipación: consumir frutas crudas sin cáscara (manzana, pera, ciruelas, durazno), las mismas pueden consumirse con cáscara en el caso de que se encuentren cocidas (compotas, purés, al horno), naranja- mandarina (sin pellejos), carnes, verduras cocidas: zanahoria, calabaza, remolacha, champigñon, zapallitos, berenjena, chauchas, acelga y espinaca. Luego, de a poco, ir probando tolerancia de frutas y verduras crudas y por ultimo alimentos que contengan salvado si no hay dolor. Probar tolerancia con lácteos: primero yogurt, quesos, ricota, por ultimo leche.
Recomendaciones
- Limitar el consumo de cafeína y bebidas alcohólicas.
- Evitar consumo de azucares: azúcar simple, miel, gaseosas azucaradas, dulces, golosinas.
- Evitar alimentos que favorezcan la sensación de distensión, flatulencia. Ejemplo: Legumbres (lentejas, porotos, garbanzos, soja, arvejas secas), Coles (colifor, repollito de Bruselas, brócoli), Vegetales (papa, choclo, batata), Aliáceos (cebolla, ajo, puerro), pescado, huevo, quesos firmes y condimentados, sandía, melón, frutas secas (nueces, almendras, avellanas).
- Limitar el consumo de alimentos con lactosa, evitarlos siempre que exista una relación entre la ingesta de productos lácteos y la aparición de flatulencia o diarrea.
- Aumentar el consumo de agua.
- Evitar preparaciones extremadamente frías.
Lic. En Nutrición Ana H. Zabinski. Universidad Nacional de Entre Ríos. MP 3882 - Integrante del equipo de Nutrición Serenare.
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