Buenos Aires (Especial para NA por Daniel Casal) -- Los datos oficiales reflejan que la economía se recupera y trata de salir en forma definitiva de las sombras en las que quedó sumergida en los últimos años, aunque es mucho más lento el ritmo de creación de empleos.
Las números del desempleo siguen sin abandonar la categoría de drama para una buena parte de la población, que no encuentra su lugar en el mundo del mercado de trabajo.
Los números son elocuentes: si se tienen en cuenta la desocupación y la subocupación, y los que tienen planes Jefes y Jefas de Hogar, en el país hay más de 3 millones de personas con problemas de empleo.
Además, en la medición del INDEC sigue leyéndose entre líneas el ¨efecto desaliento¨ que lleva a la gente a desistir de sus intenciones de conseguir empleo, ante las constantes frustaciones, las bajas remuneraciones ofrecidas, o los altos costos del traslado que representa la búsqueda.
El INDEC considera que una persona se encuentra desempleada cuando busca efectivamente trabajo y no lo encuentra.
A este escenario hay que agregarle la gran franja de trabajo informal, la cual condena a miles de argentinos a un horizonte incierto.
Hay otra razones para explicar por qué el índice no puede bajar del 14 por ciento y una de ellas es que las empresas prefieren dar horas extras a sus trabajadores antes que contratar a nuevos empleados.
También hay que tener en cuenta que las compañías cada más tecnificadas ya no necesitan de grandes contrataciones.
¨Fábricas sin obreros¨, parece ser la consigna en esta ¨Galaxia Tecnólogica¨.
Es en este marco donde se pueden prever mayores problemas a futuro ante el aumento de la población.
Se puede preveer, entonces, que en la Argentina el desempleo solo puede bajar a niveles de un dígito en algunos años siempre y cuando que se mantenga el fuerte ritmo de crecimiento de la actividad.
Y el aumento de la producción se podría dar si se acrecienta el nivel de inversiones, ya que la industria llegó a un promedio del 70 por ciento de su capacidad instalada.
El juego de presiones
Para el FMI, en su eterno juego de presiones, esas nuevas inversiones solo arribarán por aquí cuando quede sellado el acuerdo con los acreedores externos.
El Fondo, sobre todo su número dos, Anne Krueger, se convirtió sin medias tintas en el defensor de los acreedores argentinos, a pesar de que en varias oportunidades dijo que no es su pelea.
En el directorio de la entidad crediticia siguen a la orden del día las reclamos de los directores que representan a los países con mayor cantidad de acreedores privados de la Argentina.
Fue en este contexto que el ministro Roberto Lavagna pidió coherencia al Fondo Monetario para que los reclamos no entren en contradicción.
Una de ellas fue el tema de la emisión monetaria y su posible efecto sobre los precios, ya que desde Washington se prendieron las luces amarillas mientras que en Buenos Aires la misión que audita las cuentas públicas daba el visto bueno a la política del Banco Central.
Precisamente, la autoridadad monetaria basa su estrategia en las denominadas ¨metas de inflación¨, es decir que regula la expansión monetaria en base a la capacidad de la economía de absorberla sin peligros inflacionarios.
La misión encabezada por John Thorton y John Dodsworth avaló el plan monetario de la entidad que conduce Alfonso Prat-Gay y hasta aceptó una ampliación de la pauta de emisión para comprar dólares y sostener los precios de la divisa.
Se acepta sí en oficinas de la autoridad monetaria que unos de los ¨perdones¨ que se deberá pedir será por la falta de compensación a los bancos a raíz de la pesificación asimétrica.
No obstante, voceros oficiales aseguran que para la gente del Fondo este tema ¨no es prioritario¨ ante la paulatina mejora en los bancos.
Dicen también que un tema que para ellos resulta primordial es el acuerdo entre la Nación y las provincias por la distribución de fondos coparticipables, con el fin de poner definitivamente en caja a las díscolas economías provinciales.
A nadie se le escapa tampoco que esta puja por los fondos coparticipables se convirtió en un verdadero test del poder del gobierno central.
Es por eso que fue, por lo menos, inoportuno el cortocircuito que se dio entre el presidente Néstor Kirchner con Eduardo Duhalde y el gobernador Felipe Solá, por los fondos de la provincia de Buenos Aires.
Cuando la tensión parecía llegar a un punto extremo, las partes acordaron distender el clima para no empeorar las cosas, justo en el momento en que se ingresó en un tramo decisivo por la deuda externa.
Los contactos para enfriar el clima incluyeron contactos entre Duhalde y el ministro Lavagna y del ex presidente con importantes empresarios.
Así fue que el Presidente y el caudillo bonaerense dejaron para mejor oportunidad sus refriegas por los espacios de poder.



