La sesión extraordinaria de la semana que pasó pone de manifiesto el año que se viene. Si hasta hoy no hemos logrado instalar la necesidad de reformar el Código de Planeamiento, para promover la actividad de construcción local, que por cierto viene con una caída acumulada según los indicadores nacionales de casi un 16%, no podemos esperar que este año realmente cambie la situación y se pronuncie en favor de nuevas expectativas.
Esta es una de esas pocas veces en la que me hace realmente mal sentir que tuve razón. Dije durante el año que la convocatoria al Concejo Urbano ambiental, fue una cuestión forzada y por la necesidad de alentar el cambio de indicadores para algún beneficio sectorial consensuado por el ejecutivo y poco conducente al desarrollo esperado por la ciudad. Y no me equivoque.
A pesar de las vanas promesas de continuidad, que devalúan la palabra de los funcionarios promitentes, nunca más se volvió a convocar, una vez que paso esa necesidad. Nunca más se instaló la agenda que los Arquitectos pronunciaron como deseable. Y nunca se modificaron los aspectos negativos de un código trasnochado que nunca debió ser. Quienes, en el Concejo de aquel momento lo aprobaron, no lo leyeron en detalle y ahora, en el Concejo de hoy, sumidos en una interna feroz, resulta difícil que muestren voluntad de cambio frente a lo retrogrado de aquellos planteos del Código, que a la luz de los hechos ha cosechado más críticas que aliento y se manifiesta como el freno más importante al desarrollo sobre todo el de pequeña escala que es la que mantiene el nivel de actividad más amplio. El ejecutivo también resulta tanto, o si se quiere, es el más responsable de esa insensibilidad ya que nunca en lo que va de esta gestión, tomo las riendas de una reforma necesaria que fue más que reclamada y planteada por los actores de la construcción local, y sobre la cual he hablado hasta el cansancio en estas notas. Es fácil, si no puede por sí, porque se está agobiado por la cotidianeidad, basta con contratar el servicio de estudio externo, tal como se hizo hace años con el Código de Edificación de la ciudad, que los memoriosos habrán de recordar se contrató por fuera del municipio y se consensuó posteriormente sobre la base de un anteproyecto presentado o con el Plan de Desarrollo estratégico que también se contrató con consultores externos, o la segunda instancia de ese plan que terminó en proyectos posibles para la ciudad alguno de ellos aun debatidos y ausentes.
Este gobierno se ha manifestado claramente en ese sentido al contratar la adecuación de la ordenanza fiscal por consultores externos. Quizás no es este el ejemplo más feliz por las críticas que cosecho oportunamente, pero si se tuvo la decisión de hacerlo sobre esa ordenanza ¿por qué no se puede hacerlo sobre un tema tan especifico como el Código de Planeamiento? Si se tuvo la urgencia de convocar al Concejo que fue ignorado desde el principio de esta gestión por la imperiosa urgencia de satisfacer un requerimiento sectorial, ¿por qué no se pudo interpretar la necesidad de dar un debate amplio sobre todos los aspectos que nos preocupan y que hemos manifestado de todas las formas imaginables?
La realidad es que lo hemos enunciado, lo hemos escrito y lo hemos planteado desde todos los ámbitos posibles y no nos tiraron ni un centro, con lo cual debemos interpretar con dolor que poco les interesa el tema. Ya lo dije varias veces y no me canso de repetirlo, no es el desarrollador de gran escala el que sufre sino el usuario común que quiere hacer una reforma o agregar un departamento y finalmente termina transgrediendo y construyendo aquello que siempre es antirreglamentario, porque no puede agregar cocheras eliminando dormitorios o no puede hacer una planta alta pues, para poner un departamento de renta o para satisfacer las necesidades de alojar a su propia familia tiene que necesariamente al pasar a multifamiliar proveerle de una cochera adicional demoliendo el living de su propia casa.
Y esto es solo un tema que preocupa. No quiero abundar y hago hincapié siempre en este tema porque es el más doméstico y menos técnico y que afecta a todos los usuarios desde el más pequeño que quiere habilitar un local comercial hasta la señora que quiere alojar a sus hijos recientemente casados, en la planta alta a construir en su propiedad. El actual criterio de planificación local es una falacia, y el Código tiene innumerables baches. De hecho, el mismo gobierno decide cazar en el zoológico ya que inspecciona y persigue las construcciones en el casco céntrico y en los clubes de campo o urbanizaciones intermedias, y no aborda ninguna acción con los barrios que evolucionan por autoconstrucción y codificación espontanea. Partícipe del mismo desequilibrio histórico, el anunciado cambio, en este tema, nunca fue. Reformulando libremente la expresión del conocido peluquero femenino, ¡Que año se viene Teté!
Arq. Jorge Bader - Matrícula CAPBA 4015



