Mulas eran usadas en las minas de Pensilvania, normalmente permanecen dentro de las minas durante toda la semana, día y noche. Al final de la semana, ellas eran traídas fuera de la mina, para estar en contacto con la luz. Sin luz, se podrían quedar ciegas.
Esta verdad se aplica perfectamente a nosotros. Sin la luz perdemos la visión espiritual y caminamos sin rumbo, sin saber a dónde vamos, sin conocer el camino. A la luz de la comunión con Dios y de las enseñanzas de la Biblia, nuestros ojos ven la voluntad del Señor y caminamos con seguridad y tranquilidad.
Quien no busca al Señor no puede ver la felicidad. Quien no habla con Dios, no oye sus respuestas. Quien no se coloca en la presencia de Cristo no tiene el regocijo de sentir el toque de Su amor... Que nuestros ojos estén siempre abiertos, viendo las maravillosas bendiciones que Él tiene para darnos.



