Siguiendo con el análisis del pensamiento de Toderian, que empecé a delinear en el artículo anterior quiero reflexionar sobre el segundo postulado de su análisis sobre los criterios de un plan urbano.
Para muchos de los planificadores urbanos modernos este análisis se ha constituido casi en una guía dogmática del ejercicio de la planificación urbanística. Quizás esto represente una sobre valoración de estos conceptos. Lo cierto es que si un plan urbano respeta al menos este orden tiene por lo menos garantizado un camino hacia la efectividad en la aplicación. El primer punto analizado la semana pasada tenía que ver con la temporalidad del plan, crear una propuesta para el mañana, el segundo punto según Toderian, es "Planificar para los resultados en lugar de los plazos".
La mayoría de los planes están pensados para implementarse en una cierta cantidad de años, que pueden ser 10, 20, 30 años o más, un período que comúnmente es justificado de acuerdo a las estimaciones de población. No obstante, estos números pasan a ser una proyección y no objetivos, según Toderian. Es por esto que recomienda planificar una ciudad en relación a un nivel de población específico, independiente del tiempo que le tome a la ciudad alcanzar esta cantidad de habitantes. De esta manera, se vuelve más importante la naturaleza del crecimiento que la velocidad del mismo. Este planteo excesivamente teórico ha sido fuertemente criticado y ha llevado a una reformulación ya que las escalas de tiempo y espacio se han ido acortando y dinamizando con la evolución exponencial de la tecnología. Las dinámicas interactivas de la sociedad y el cambio permanente de escenarios en los países en desarrollo invalida estos periodos de tiempo y en algunos casos los cambios son en espacio tiempo muchísimo menores. Por eso el mismo Toderian introduce el concepto de la revisión permanente y el pensamiento continuo sobre las propuestas urbanas.
Con este análisis el concepto de pensar la ciudad para un resultado deseado se sobrepone al plazo en el cual se ejecuten las propuestas. Este es el tema más difícil de comprender para el ejercicio político en relación a la planificación territorial. Los gobiernos están acuciados por la coyuntura y pretenden resultados efectistas en periodos de tiempo institucional obsesionados habitualmente por la necesidad de satisfacción de sus egos en la búsqueda de la aprobación popular y la obsesiva necesidad de verse reelegidos por la aclamación popular. Eso en general está enfrentado, con la planificación de largo plazo.
Toderian conocedor de esta conducta que al parecer es un síndrome mundial, plantea la necesidad de formular planes de corto, mediano y largo plazo, que conjuguen un equilibrio entre las necesidades de la inmediatez política y la grandeza del estadista, que ve más allá de su tiempo, pero siempre haciendo base en que la visión de la ciudad debe ser según una idea y un resultado esperado, y no una solución de coyuntura.
Arq. Jorge Bader - Matrícula CAPBA 4015



