Retomando mis caminatas matinales (entre lluvia y pereza, las había abandonado), llegué al café un poquito más tarde de lo normal. Apunté a la mesa de siempre, donde el Perro estaba tranquilo leyendo uno de los diarios disponibles, como era su costumbre.
"¡Un cortadito y las tostadas, por favor; y un vasito de agua!" les pedí a las chicas que trabajaban detrás del mostrador, imagino horneando medialunas; ya que el aroma era terriblemente tentador, pero no iba a doblegar mi voluntad de aflojar con el azúcar.
"Hola Perrin. ¡Epa! ¿Largaste las zapatillas? Nunca te ví de "Franciscanas" a vos…" le mandé, refiriéndome a unas sandalias de cuero que lucía mi amigo y parecían nuevitas.
Noté que se puso incómodo, y una posición de piernas cruzadas y espalda sobre el asiento; pasó a poner los pies bajo la mesa y tirarse para adelante; como avergonzado de haber sido descubierto con ese calzado.
"Es que hace calor y me transpiran las patas… Además es un regalito de la flaca y si no lo uso, aunque no me diga nada, se que se enchincha" comentó el Perro, como justificándose.
"¡Estan re buenas! Te falta el hábito y salir a predicar" comenté en voz bien alta, poniéndolo más incómodo y disfrutando el momento; como un adolescente haciendo una maldad en la secundaria. Se ve que el Perro nunca había usado sandalias y se sentía expuesto. Una boludez, pero me encantaba verlo así, como con culpa. Aunque la diversión duró poco…
"¡Bueno, aflojá un poco Vicente! ¿Querés que me ría un rato yo? Ya que hablaste de Franciscanas y de hábitos, ¿Imagino que sabés de qué estás hablando, no?" y me borró la sonrisa de un plumazo.
"Eh… Si, los que usaban las sandalias eran los Franciscanos. Una de las órdenes dentro de la iglesia católica. De esa orden vendrá Bergoglio imagino, que cuando fue Papa se puso Francisco" comenté no muy seguro de lo que decía.
"Sos bastante caradura. Lo poco que dijiste bien, la embarraste con esto del Papa. Bergoglio es Jesuita, no Franciscano. Aunque si, su nombre lo adopta en referencia a San Francisco de Asís; que fue alguien que renegó bastante de la opulencia de la Iglesia. ¿Sabés la historia de San Francisco de Asís?" me preguntó el Perro, y empezó la hora de la venganza.
"Francisco era hijo de un comerciante acomodado y hasta los 21 años su vida estaba dedicada al derroche del dinero de su padre, un comerciante rico y en ascenso de la ciudad. También a la lujuria y a los malos hábitos. En una lucha de jóvenes con el pueblo vecino de Perugia cayó prisionero y estuvo un año encarcelado. La pasó muy mal en prisión y regresó a su pueblo en pésimas condiciones de salud. También muy cambiado, algo raro había pasado en su interior, ya que comenzó una vida dedicada a ayudar a los más excluidos".
"¿Eso es todo? -le pregunté al Perro- ¿Y donde encajan las sandalias?"
"Para que no terminé Vicente. El "nuevo" Francisco empezó a dedicar parte del dinero de su padre para ayudar a los leprosos, a los pobres que se refugiaban en el bosque y a todo aquel que necesitaba asistencia. Pero esto a su padre le rompía mucho las pelotas, así que cansado que su propio hijo le recriminara por su codicia y sus negocios, sumado al despilfarro que hacía él de su dinero en obras de caridad, decidió desheredarlo. Ante el reclamo encendido de todo lo que le había dado, Francisco se sacó toda su ropa y se la dió a su progenitor en la plaza del pueblo, frente a todos y también frente al obispo. Este último se sacó su túnica y se la colocó para cubrir su desnudez. A partir de allí el hábito y las sandalias fueron sus únicas ropas y símbolo de la orden; junto con el crucifijo de San Damián. Es una historia interesante y bastante más larga. Tengo bibliografía al respecto, si es de tu incumbencia." dijo el Perro, mientras se tomaba un sorbo del cortado.
"Si el Papa es Jesuita ¿Qué tiene que ver con los Franciscanos? ¿Eligió ese nombre por qué sí?" le consulté al Perro, como si fuera un experto en derecho canónico.
"¡No! Para nada. Queda claro que Francisco, el Papa, buscó mandar un mensaje muy duro a la Iglesia como institución desde el inicio de su pontificado. Primero, es una reprobación directa a la riqueza y a la corrupción del Estado Vaticano. Pero otra vinculación de la elección viene de la mano de un tema trascendente para el Papa que es el medio ambiente. San Francisco de Asis no solo defendió a los pobres, a los enfermos y a los excluídos; puso mucho énfasis en el respeto a la naturaleza y los animales, como queda de manifiesto en su ´Cantico delle criature´ (cántico de la criatura), donde Asís alaba al Sol y a la naturaleza. Los emblemas de San Francisco están representados por el lobo, el cordero, los peces, los pájaros y los estigmas. Fue Juan Pablo II quién lo proclamó Patrón de los Ecologistas. Del Cántico de la Criatura, cuando invoca "Laudato si, mi signore" (Alabado seas mi Señor) toma el nombre la segunda encíclica del Papa, que entre otras cosas hace una defensa feroz de la casa común (el planeta). ¿Leíste la encíclica?" me preguntó el Perro.
"¿Qué? No. Ni idea de que se trata. ¿No me digas que la leístes?"
"Si, la leí. No tuve ocasión de leer la primera "Lumen Fidei" (A la luz de la Fe) del año 2013. Pero "Laudato Si" llegó a mis manos apenas salió. Me la obsequió un amigo. Era la primera vez que leía una encíclica y realmente me pareció muy interesante, no tiene desperdicio. Te la recomiendo. Es más, te presto el librito si te interesa. También te aclaro que no todas son rosas en el texto papal y tengo diferencias ideológicas importantes, lo que no le quita su valía".
"Mirá como llegamos de mi gastada por las franciscanas a que me prestes un libro… " le dije, mientras le palmeaba la espalda.
Me miró los pies detalladamente, y sin decir nada abrió el diario al medio y se puso a leer. Cinco segundos después me dijo: "Te haría falta leer un poco a San Francisco de Asis…"
"¿Por qué? ¿Qué me estás queriendo decir?"
"Esas zapatillas rojas que tenes puestas valen más de cuatro lucas, las ví en la vidriera de al lado. ¡Qué manera de tirar la guita!" dijo el Perro, mientras movía la cabeza de un lado a otro y le ponía broche de oro a su venganza por haberme mofado de sus sandalias.
Vicente Blasco / tiovicenteb@gmail.com



