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» Este artículo corresponde a la Edición del sábado, 12/ene/2019 de La Auténtica Defensa.

Rincón Literario:
El regalo
Por Pablo Gianna






Pablo Gianna

Si bien Nek consideraba aberrante el hecho de traer hijos al mundo ya que lo tomaba como un acto de egoísmo en donde alguien decidía por la vida de otro, había desarrollado un gusto, un deseo, casi una perversión por las mujeres embarazadas; mujeres embarazadas de entre tres y cinco meses aproximadamente, que conservaban bastante bien su aspecto físico generándose en ellas una leve voluptuosidad cuando se les erguían los senos y el culo.

Piropeaba a estas mujeres en las calles y recorría los hospitales en busca de embarazadas abandonadas por sus parejas… desahuciadas, desesperanzadas, y con las características físicas mencionadas hace algunas líneas que, con galantería y un poco de suerte, a veces lograba conquistar para tener algunos encuentros sexuales fascinado por la idea de no usar forros, total ya habían sido fecundadas por otro imbécil. Hacía una semana que su amigo Maurice se había mudado junto a su novia embarazada de cuatro meses a un moderno departamento ubicado en Sánchez de Bustamante al 1900. Era martes y Nek iría a visitar a la pareja para conocer su nuevo hogar. Tomó el regalo que les había comprado y se dirigió al departamento. Tocó el timbre y contestó Irenne, la novia de Maurice. Irenne Chiar era su nombre completo. Tenía veinte años; era rubia, con una sonrisa constante en su rostro, y unos penetrantes y enigmáticos ojos celestes. Se la pasaba coqueteando con los amigos de Maurice y era muy sensible al alcohol; bebía tres copas y se perdía en un deseo poco elegante y casi obsceno, concluyendo siempre en el vómito seguido del llanto en algún rincón. En todas las reuniones o fiestas de cumpleaños se la podía ver demostrando sin pudor ni prejuicios su fanatismo por los hombres. Estas actitudes de Irenne Chiar lastimaban a Maurice, pero él decía estar "enamorado" y prefería vivir así a separarse; no hablaba mucho del tema.

-Irenne, soy Nek.

-Subí!

Nek subió hasta el séptimo piso por las escaleras; no le gustaban los ascensores.

Irenne lo recibió cubierta por un vestido suelto, de color blanco casi transparente. No llevaba nada debajo.

-Estás sola, Irenne? Dónde está Maurice?

-Maurice tenía una reunión después del trabajo. Me avisó que iba a llegar más tarde.

-Ok… les traje un regalo- dijo Nek entregándole a Irenne una caja envuelta en un papel muy bonito.

Irenne rompió el papel ansiosa y se sorprendió al ver el regalo; un tablero ouija que Nek había comprado por internet.

-Que buen regalo, Nek… muy original!... vamos a jugarlo.

Nek armó el tablero mientras Irenne bajaba las luces y servía unas copas de champagne.

Comenzaron a jugar. Ella sería la que hablaría.

-Hay alguien ahí?

Ninguna respuesta.

-Hay alguien ahí? -repitió.

Nada.

-Esto no está funcionando, Nek. Lo voy a probar a la noche con Maurice. Seguime; voy a mostrarte el cuarto en donde dormimos.

Irenne se levantó el vestido y se tiró boca abajo sobre el sommier.

-Hacé conmigo lo que quieras - le dijo a Nek.

Tuvieron sexo apasionadamente durante un largo rato. Se tiraron del pelo bruscamente, se escupieron uno dentro de la boca del otro, entre otras cosas. A pedido de Irenne, Nek terminó adentro en las dos ocasiones. Estaban muy transpirados tomando un descanso en la cama e Irenne sacó un porro de la mesa de luz.

-Fumalo sola, yo no fumo y me molesta el olor - le dijo Nek mientras se vestía.

Se fue al living y se tiró en un sillón a fumar un cigarrillo mientras leía una nota de la Rolling Stone. Irenne volvió a aparecer con su vestido transparente.

-Nek, querés más champagne?...Te quedás a esperar a Maurice?

-No, gracias Irenne. Tengo que irme. Le gustará a Mau este tablero ouija?

-Si!... le va a encantar tu regalo. A él siempre le interesaron ese tipo de cosas.

-Excelent!... bueno, te dejo.

Nek bajó, otra vez usando las escaleras. Salió caminando y en la esquina se encontró con su amigo Maurice.

-Hey, Maurice!

-Nek, qué hacés por acá?

-Recién vengo de tu casa… te dejé un regalo.


Pablo Gianna / www.pablogianna.blogspot.com


 
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