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» Este artículo corresponde a la Edición del martes, 15/jun/2004 de La Auténtica Defensa.

Un país enojado consigo mismo




Buenos Aires (especial para NA por Pepe Eliaschev) - Eduardo Duhalde no tiene más de 60 días para evitar que se lo una virtual definición que podrá seguir siendo postergada, pero cuyo vencimiento es ineluctable.

Las cosas hay que decirlas sin adornos ideológicos ni tortuosidades retóricas: el Presidente y el Gobierno marchan a una definición que ya no deja lugares a los matices o los medios tonos.

En la Casa Rosada, los datos que inyecta la Inteligencia de Estado aseguran que Néstor Kirchner maneja hoy la masa crítica suficiente como para asfixiar el sistema de poder duhaldista.

El gladiador más exacerbado y virulento de la tropa oficial, Aníbal Fernández, un ministro del Interior virtual que funciona en verdad como filoso ariete de las embestidas kirchneristas, subraya ante cada micrófono que se le abre que Duhalde es como un jarrón chino en un ¨cotorro¨ de dos por dos: inservible. ¨No sabemos donde ponerlo¨ subraya el pre candidato a gobernador de Buenos Aires para las elecciones de 2007, tan remotas, tan inminentes.

Pero Duhalde ya escucha cerca de él los silbidos estremecedores de las guadañas que andan cerca. La coalición realista de 2003 se licua en tiempo real y si los tiempos de ejecución de la profecía son imprevisibles, todo indica que hay senderos cuya bifurcación luce irremediable.

Arropado en su irredentismo proverbial, el Gobierno maneja ahora dos combustibles de alto octanaje. Aunque no hay posibilidades de demostrar su existencia, investigaciones de opinión pública levantadas en el mítico y polvoriento Conurbano revelan que Cristina Fernández ¨mide¨ mejor que Chiche Duhalde para las legislativas de 2005. Se habla de siete puntos de diferencia a favor de la platense-santacruceña, a la que el poder político vigente reverencia como una bala de plata en el sistema de armas del oficialismo.

El Dr. Kirchner es un hombre que se guía por un poderoso olfato enderezado a la construcción de un gran poder político. De la intendencia de Río Gallegos a la gobernación de Santa Cruz, el Dr. Kirchner ha conjugado los duros verbos del poder.

Tal como van las cosas y cómo se diagrama hoy la feroz lucha por la hegemonía verdadera del poder, Kirchner va por Duhalde, en serio y sin segundos pensamientos. Los hechos son inconfundibles.

La semana que termina, mientras cuestiones institucionales graves (la designación de Elena Highton de Nolasco como segunda integrante de la Corte Suprema de Justicia propuesta por Kirchner, la cuestión del demorado envío de tropas a Haití, ó la negociación con los acreedores privados de la deuda soberana argentina) dominaban la agenda culta¨ del periodismo, el Presidente encontró el tiempo para ¨primerearlo¨ al gobernador Felipe Solá en Florencio Varela. Se acercó a ese partido bonaerense con la excusa de ¨entregar¨ unas 200 viviendas a población humilde y exhibir su notoria emotividad.

Pero ni bien se trepó a la tarima y tuvo micrófono, contó que una vecina que lo había saludado rumbo al acto le contó la muerte de su pequeño hijo y le hizo conocer la falta de un tomógrafo. Sin más, Kirchner anunció desde la tribuna que la vecina debía hablar ya mismo con el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, porque -dijo- el tomógrafo sería entregado sin demoras.

¿Qué puede hacer el atribulado gobernador Felipe Solá con un presidente de la Nación que anda por los desangelados suburbios del Gran Buenos Aires prometiendo tomógrafos?

La provincia de Buenos Aires tiene hoy unos 15 millones de habitantes. En 1880 tenía poco más de 300.000. Su territorio es aproximadamente como el de Francia, pero en su interior se han producido terremotos demográficos y económicos portentosos.

Uno de esos fenómenos políticos de índole telúrica más colosal es la creación del esquema suburbano sobre el que se montó el sistema de poder de Eduardo Duhalde. Allí se generó un quiebre de representatividad política notable, porque la mitad de la provincia de apiña en el Conurbano, pero el manejo de la máquina política del justicialismo suburbano le concede al anillo en torno de la Capital casi tres cuartas partes del poder del aparato.

Tiene razón el Gobierno cuando habla, como si fuera neutral, de las prácticas censurables que se dan en ese océano social, donde millones de seres humanos se concentran. Pero el Gobierno dice solo la mitad de la verdad. ¿Acaso simbolizan a la ¨nueva política¨ que perora la Casa Rosada algunos de los aliados de Kirchner hoy, como el pampeano Carlos Verna o el formoseño Gildo Insfran?

Esta semana en ¨Esto Que Pasa¨ por Radio Nacional, el candidato a vicepresidente de Carlos Menem en 2003, el gobernador salteño Juan Carlos Romero, me exhibió su anti-felipismo agudo. Si se trata de disciplinarlo a Duhalde, Kirchner encuentra aliados inimaginables.

El Gobierno nacional va y viene de una cadena de contiendas a la que el país asiste con cierta (pero no absoluta) impavidez.

Según sondeos de los servicios, un 40 por ciento de los porteños dio crédito firme a las advertencias oficiales de un supuesto ¨complot¨ contra el Gobierno.

La Capital Federal, patria de los caceroleros de 2001, puede encontrar la horma de su zapato en muchos de los rasgos emocionales del gobierno de Kirchner, incluyendo esa difusa pero persistente sensación que instala una paranoia pura y dura, en la cual ¨ellos¨, o sea los enemigos del Gobierno, quieren atentar contra el mandato presidencial.

El primitivo ¨que se vayan todos¨ de 2001 no ha muerto ni mucho menos: sobrevive en la cultura política mediática y anti-institucional que se auspicia o tolera desde la Casa Rosada.

Las herramientas que van adquiriendo vigencia permanente son de amplia gama.

Esta semana, por ejemplo, las escuadras ¨lumpen¨ de Raúl Castells, unos tres millares de indigentes ataviados con pecheras que llevan la efigie del líder jubilado a los 45 años, volvieron a amucharse en los portones capitalinos de Repsol YPF, a 200 metros de Plaza de Mayo. Apretaron, gritaron, amenazaron y dijeron haberle arrancado varios centenares de garrafas de gas al gigante español. Lo notable es que, ostensiblemente, las órdenes que tiene la Policía Federal son ¨dejar hacer¨ y no evitar estos episodios, ni siquiera por las buenas (reprimir sería una brutalidad intolerable).

La indigencia social tremebunda que se padece en la Argentina no es un invento del aventurero y sospechoso Castells, pero su accionar, desmadrado y deliberadamente agresivo, no es justificable ni racional. A alguien tiene que servirle que el movimiento castellista recorra dependencias y empresas extorsionando de manera tan beligerante, y en el marco de una virtual estrategia de zona liberada. Tal vez, según no pocas miradas sobre el asunto, este accionar prepotente sea coherente con el circuito de choques que se mantiene en vigencia desde el poder, una situación de conflictividad directamente sistémica que tiene en vilo a la sociedad pero resulta funcional a intereses políticos resueltos a poner en vigencia nuevos paradigmas, eventualmente destinados a instalar una especie de poder absoluto.

La decisión de producir un encuentro entre Kirchner y Solá coronó una semana de despliegue casi castrense de las tropas políticas del Gobierno.

Convertido en un Von Clausewitz de la política criolla, el Presidente juntó todo el poder de fuego disponible, que era mucho, para intimarlo al adusto Felipe Solá a la rendición incondicional.

Kirchner dejó de lado al neuquino Jorge Sobisch (por ser de derecha), antes de amontonar en su despacho a 22 jefes políticos territoriales en la cruzada contra una coparticipación más equitativa como la planteada por el mayor distrito nacional.

Con todas sus baterías desplegadas y con los motores en marcha, cuando ya era noche en la Capital, la Casa Rosada se abría para el gobernador Solá.

La Argentina, una vez más, no conseguía despegarse de sus cuitas institucionales profundas, de sus desarreglos estructurales imposibles, de su vieja condición federal irresuelta, de su notable adolescencia política.

Entre 1852 y 2004 hay 152 años de distancias cósmicas; entre la Argentina de Rosas y Urquiza, y la de Kirchner y Solá hay galaxias inconmensurables de saltos históricos monumentales.

Pero, sin embargo, no puedo dejar de percibir ese animo de monumental y estéril animosidad que continúa latiendo en la Argentina del siglo XXI, una vez más alimentada por el peronismo realmente existente.

Hasta las figuras provectas y los ánimos negociadores de los Grandes Viejos de hace 30 años, Perón y Balbín, son hoy gasolina para los motores de la nostalgia. Sobre el final, supieron que la paz era mejor que la guerra.

Con tanta pelea y tanta acidez, la Argentina una vez más es hoy un país enojado donde los que discrepan no se hablan, sino que se destruyen, para matarse entre ellos, como en el patético Boca-Ríver reciente en una nación enojada consigo misma. Pero no hay más de 60 días reales para que reaccione Duhalde: ésta es la verdad cierta.

Pepebis@arnet.Com.Ar

www.Pepeeliaschev.Com.Ar


 
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