Marie se había mudado al vecindario hacía tres meses a una bonita casa sobre la calle H. Stone. Había cumplido 28 años y trabajaba en una empresa de recursos humanos. Era nueva en la ciudad y conocía solo a algunas pocas personas, todas relacionadas con el ámbito laboral.
En su segunda semana viviendo allí, se cruzó con su vecino de al lado, Nek, quien venía observándola desde el primer día. Intercambiaron saludos y se presentaron uno al otro. Nek supo rebuscárselas para cruzarse a menudo con ella y tener algunos diálogos de vecinos. Le gustaba mucho Marie. Era hermosa, con una elegancia urbana, y muy femenina. El esperaba verla llegar, entonces salía de inmediato con excusas como la de ir a comprar cigarrillos. Desde su ventana del primer piso podía ver cuando Marie entraba o salía.
Con el tiempo fue consiguiendo algunos parloteos. Él se mostraba muy amable con ella y había llegado a caerle bien. En esos días de ocio mientras bebía desmesuradamente, Nek fantaseaba con poder hacerse invisible en el momento que quiera. Hacerse invisible para robarse dinero de los bancos, o para entrar a casas de chicas que le gustaban y hacerse la paja mientras las miraba tener sexo con sus novios.
Una noche, mientras se colocaba con whisky y escuchaba un disco de Oasis, Nek vio llegar a Marie con un muchacho. Sin dudarlo salió al patio y saltó el tapial que separaba su casa de la de ella. Escondido pudo sentirse invisible y ver como se cogían a Marie, como ella cogía, y lo bien que la pasaba. Sintió una mezcla de envidia, angustia, y excitación. No se perdió detalles. Quedó fascinado. Saltó esta vez hacia su casa y siguió bebiendo y fumando cigarrillos por un par de horas más.
Eran las tres de la tarde del viernes y comenzaba un fin de semana largo de cuatro días. Desde su ventana del primer piso vio como Marie y una amiga que había venido de visita cargaban valijas y bebidas en un coche. "Se va de vacaciones" pensó, y así fue. Se hizo de noche y Nek, otra vez colocado con whisky, se aburría. Volvió a saltar el tapial sabiendo que no había nadie en la casa de Marie y al fin pudo entrar, por la ventana, forzando los barrotes de la reja con unas herramientas.
Encendió las luces. Estaba en la cocina. Sobre la mesa había un cenicero vacío y el último número de la revista Cosmopolitan. Le llamó la atención y leyó un poco de la nota de tapa, "10 tips para complacer a tu chico". Abrió una lata de Heineken que encontró en la heladera y se dispuso a recorrer la casa. Al igual que la cocina, el baño estaba impecable. Se ve que Marie era limpia, ordenada. Entró al dormitorio, se acostó en la cama de dos plazas, y encendió el televisor. Revisó los perfumes, el placard, la ropa interior, todo. En uno de los cajones encontró dinero. Eran unos diez mil dólares. Tomó los billetes y se los guardó en el pantalón. Apagó las luces, salió al patio, y saltó el tapial hacia su casa.



