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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 06/ene/2019 de La Auténtica Defensa.

Semblanzas entre hermanos:
Recordando a Monseñor Espósito
Por Carlos R. Echevarría







"Con Florentina, en comunidad hacia los hermanos"


Monseñor Alfredo M. Espósito

125 ANIVERSARIO CREACIÓN PARROQUIA SANTA FLORENTINA

"Con Florentina, en comunidad hacia los hermanos". 16 de diciembre de 2018 - Año I-Edición Nº 11


Quería escribir sobre nuestro querido primer obispo Mons. Alfredo Mario Espósito Castro con motivo de recordar el 1° de enero su paso al Reino de los Cielos y la Providencia me condujo a las palabras que pronunció el día de su Consagración Episcopal.

Mons. Alfredo Mario, luego de un largo y detallado agradecimiento, habría su corazón de esta manera:

"…Pero mis sentimientos son también de confusión y desconcierto, porque no veo en mi esto que todos me recomiendan y tienen derecho a exigir: humildad y pobreza, espíritu de sacrificio y de diálogo, mansedumbre y, sobretodo mucho amor. Este careo entre lo que debería ser y lo que me parece que soy, me confunde y sinceramente me desconcierta."

"Si acepté este cargo de tanta responsabilidad, ha sido les confieso, porque creo profundamente en la Obediencia de Cristo a su Padre, obediencia con la que salvó al mundo."

"…De todos modos no quisiera que estos sentimientos llegaran a producir desaliento. Las palabras del Señor me permiten confiar en la misericordia de aquel, cuya Providencia elige el débil de este mundo para confundir al fuerte. Durante todos estos meses, me ha parecido reconocer la voz del Señor que me repite como a Pedro cuando se sumergía de miedo en el mar "Hombre de poca fe… ¿por qué has dudado?" mientras me tendía su mano salvadora."

"Yo quisiera tener esa fe inquebrantable para ser para Uds., especialmente para los más necesitados como Jesús y en Él:

LUZ que disipe las tinieblas, discierna el bien y el mal y conduzca.

CAMINO, un camino pisado, olvidado siempre en actitud silenciosa de servicio, siempre contento de su humilde oficio de servir de puente entre Dios y los hombres, con algo del esfuerzo de ese puente que desde nuestra orilla se extiende como un brazo largo hasta la otra ribera y con la sencillez de la campana que llama una y otra vez a la oración.

VIDA, con la acción vivificante de esa Palabra de Dios que, en cierto modo, vuelve a hacerse carne, en el seno de la caridad apostólica de María Madre de la Iglesia; con los sacramentos y por la caridad de Cristo que nos debe urgir a ser todo para todos, en el afán de verificar el milagro cristiano de unir en la pluralidad a veces desconcertante en la "Comunión del Espíritu Santo".

"Todo esto quisiera ser para Uds. pero no puedo solo… necesito de Uds."

"Tenemos que recorrer un largo camino. Habrá días de alegres, como hoy. Otros serán tristes, lo importante es que lo recorramos unidos en el amor al Señor.

Iniciamos pues hoy ese camino de la mano de nuestra Madre del Cielo María Santísima, seguros de que Ella nos guiará, si confiamos en su amor de Madre. A Ella entregamos el cayado pastoral, para que imprima en todo lo que hacemos, su dulzura maternal, que nos incline más bien a comprender que a ser comprendido; perdonar, más que ser perdonado.

Comencemos este camino, protegidos por ese buen amigo de la Iglesia que es San José a quien Dios le confió el misterio del Verbo Encarnado en el primer núcleo de la Familia de Dios en la tierra. Caminemos bajo la mirada de los Santos ángeles y Santos Patronos.

Caminemos desde ahora unidos íntimamente a la Iglesia universal, y con gran devoción y obediencia al Vicario de Cristo, el Papa; en unión con todos los Obispos, especialmente de las Diócesis hermanas, a fin de que nuestra pequeña y humilde diócesis sea para todos, mano que ayuda y corazón que comprende.

Comencemos el camino en paz - para todos sin distinción - en el Nombre del Señor. Amén."

Debo reconocer que con sus obras y principalmente con su vida, cumplió cada uno de los anhelos allí presentados.

Mons. Esposito no dejó bienes materiales. La mitra de la ceremonia de su ordenación y su sencillo báculo de madera permanecen en la ciudad de Campana como perenne recuerdo de quien fue con sencillez el primer Obispo diocesano.

¡Que Dios lo tenga en su Santa Gloria!


Texto publicado en el "Semanario" del sábado 10 de julio de 1976


Exequias de Mons. Espósito - 1 enero de 2010


 
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