Era un sol. Irene fue un sol que todos recuerdan con cariño y respeto por la alegría que llevaba consigo siempre, con anécdotas y versos que decía a todo el mundo.
En su momento lamenté no poder ir a su último cumpleaños y ahora lo siento mucho más, ya que al no poder estar me privé de compartir ese día tan especial donde estaban sus familiares y amigos de todos lados que celebraban la vida de esta mujer tan particular que siempre nos dió alegría y amor.
Hace unos años, en vida como corresponde, escribí sobre ella, aquí, en mi columnita de ¨La Auténtica¨. Estaba tan contenta, que hacía fotocopias y se las regalaba a su gente, ¨esto lo escribió Marta Chaile¨, decía con orgullo como si fuera yo alguien importante. Lo importante fue para su espíritu y eso era lo que quería.
Ya partió (¿partió?) porque este tipo de gente se va pero siempre queda en la memoria y los recuerdos de la gente que tuvo la suerte de conocerla y que a veces se desconcertaba al verla con su boina roja en el Super de la Mitre, donde era querida por los que trabajaban allí entonces y que mucho la recuerdan, porque ella pasó, para nuestra suerte sin pena y con gloria, porque como decía al principio, Irene Mata fue un sol que iluminaba todo lugar donde estaba.
A su familia y amigos les pido que siempre la recuerden en la mejor etapa de su vida y que el Buen Dios la tenga a su lado, lo que es casi seguro, porque cuando se vive como ella lo hizo, siempre integran el Paraiso para dar la misma alegría que dio aquí.
Marta Chaile



