Ya vimos que el fuego digestivo o agni está relacionado con la potencia de nuestras enzimas para digerir los alimentos. Para el Ayurveda no somos lo que comemos sino lo que digerimos o asimilamos (y también somos lo que pensamos y lo que hacemos).
El cuerpo es nuevo a cada momento. Por segundo, con la respiración,entran y salen billones de moléculas de oxígeno y dióxido de carbono, respectivamente. Cada tres meses, el esqueleto que parece tan sólido, se renueva casi totalmente.
Al año el 98 % de las moléculas que componen nuestras células son reemplazadas. Y así como dijo Heráclito, que nunca nunca nos bañamos dos veces en el mismo río, porque el río fluye continuamente, nuestro cuerpo también fluye y cambia a cada momento. Que nos parezca que no es así tiene que ver con un problema de percepción y por allá vendría bien tener presente una frase de S. Covey que dice: ¨Si seguimos haciendo lo que estamos haciendo, seguiremos consiguiendo lo que estamos consiguiendo¨.
Pero volviendo al tema del fuego digestivo, una digestión potente puede transformar el veneno en miel y una digestión débil e incompleta transforma en veneno al mejor alimento.
El Ayurdeva, como ciencia tradicional y milenaria, que pone el acento en lo sutil, reconoce signos externos que indican que el agni funciona eficientemente.
Los indicadores del buen funcionamiento del fuego digestivo son, entre otros: sensación de claridad mental, fortaleza, entendemiento, satisfacción y sensación de placer, alegría y entusiasmo, inteligencia natural, brillo y calidad del pelo, la piel y las uñas, voz clara y armoniosa, adecuada inmunidad, crecimiento y longevidad.
Bioquímica Mónica Alicia Rímoli
Estuidante de Postgrado en Medicina Ayurveda



